Texturas de lo mirado

Un poema es una proyección distinta a todos los demás objetos con los que compartimos el espacio y el tiempo. Es ahí, en una especie de doble o segunda naturaleza donde se concibe su paradójica forma de ser. Esto es, hunde su raíz y su razón de ser en el lenguaje. Un poema es un objeto, pero más que objeto también es un proceso. Gabriel Zaid nos recuerda en su libro Leer poesía: “Un poema no es un objeto: es un programa de actos labiales, dentales, visuales, respiratorios, cerebrales, asociativos, espirituales, etc.”

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Una casa es una ciudad

Los temas son dos: la ciudad y la casa. Una persona se muda, camina sola, busca empleo, se enamora, se embaraza, se cansa, se sube a un autobús, no puede pagar la renta, se pregunta todo el tiempo cosas que importan y cosas que no importan. ¿Qué más da saber la diferencia?

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La memoria proliferante

Pareciera que un libro como Savant está destinado a no conectar con los lectores. Primero, porque es una entrega atípica por su extensión, al menos en México, si lo comparamos con las poéticas jóvenes que apuestan por la brevedad; y luego, por la premisa de los “sabios idiotas”, personas con capacidades mentales extraordinarias y desproporcionadas.

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Del poema vagabundo

Lejos de un lirismo amelcochado y confesional o de un realismo sucio y ancilar, los poemas de Gómez Migliaro son objetos centrífugos, formas problemáticas y aceradas que permiten acceder al cascarón del mundo, es decir, la poesía cristaliza aquí como táctica de resistencia individual o militancia íntima, frente a la proliferación de lenguajes cada vez más pragmáticos y homogéneos.

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Resonancias de Miguel Casado

Sería difícil abarcar todos los hilos que componen La ciudad de los nómadas, de Miguel Casado, pero uno de ellos, de vital importancia, es el que insiste en la relación entre lo personal y lo político, el mismo que se abre ante la escritura y la vida como una necesaria tensión que no debe jamás olvidarse.

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Un túnel largo y oscuro

La sensibilidad y el estilo de Castillero es capaz de transcribir con presición el tortuoso y a veces mortal trayecto de los migrantes, y lo hace de una forma tan sincera y honesta que en ocasiones resulta incómoda. Escribe desde el luto y la pérdida, y nos demuestra que ningún poeta puede ser ajeno al dolor de los demás.

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Un tapiz

La metáfora que don Quijote ha empleado en el párrafo anterior —no original de Cervantes, por cierto— es de una exactitud soberbia: más allá del injusto traduttore, traditore, la imagen del tapiz en el que se reconocen las figuras, aunque sin lisura y oscurecidas por los hilos colgantes, condensa de manera harto sugerente las implicaciones literarias y hasta filosóficas de leer un texto en traducción. Es, sin embargo, una generalización, y como toda generalización es también un tanto injusta.

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Fuego abierto

Quizá el propósito más ambicioso de Carrera sea poner de manifiesto una visión total de la vida y la muerte valiéndose de materiales fragmentarios, cuando no residuales. Carrera es, como ciertos neoclásicos y románticos, un pintor de ruinas, aunque lo es con una particularidad necesariamente moderna: no sólo representa la ruina, sino que sus textos aparecen como los vestigios de una devastación.

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Una conversación musical

Cuando López Colomé traduce el poemario Isla de las estaciones, de Heaney, nombra su actividad como traductora un “peregrinaje penitencial”. Penitencia para ganarse un oficio, una voz. No es gratuito que Imperfecta semejanza II tenga como subtítulo la voz latina In nomine vocis (“En el nombre de la voz”). Todo lo que se precise para reconocer, comprender, dejar a la voz decir —o callar también lo suyo mediante el canto—. Quizá debamos llamar a estas entregas “penitencias reveladas”, “flechas” o “navíos”.

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Aspectos reunidos y aspectos separados

Sea un concurso de vacas lecheras. Los jurados son expertos en leche. Quién sabe, no obstante, si han probado leche en los últimos tiempos, o si llevan rato sólo tomando leche de tetrapack. No importa, ahí están y hay muchas vacas porque el premio es relevante. Pero en este concurso no es requisito que los jurados prueben la leche de las vacas. Pueden hacerlo o no, y no está claro de qué depende. Porque, por otra parte, las vacas están cubiertas por lonas gruesas, como coches de colección. Nadie puede garantizar que sean vacas, y sin embargo el jurado debe deliberar sobre la leche que dan esas vacas o supuestas vacas incluso sin probarla.

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