16 septiembre, 2019

Lo colectivo al centro

de Eva Castañeda | Reseñas

Antonio Calera-Grobet, Sed jaguar, Bonobos, México, 2018, 145 pp.

Sed jaguar, de Antonio Calera-Grobet (Ciudad de México, 1972), transita por las posibilidades de lo poético para instalarse en un espacio narrativo; un libro de poesía cuya columna vertebral es el relato, que va desde lo fundacional (como el nacimiento de un hombre: “Nací el día del entrecruzamiento entre vivos y muertos, en que ambos se acurrucan entre flores y cantos, en un entrecerrado páramo de realidad”) hasta tópicos relacionados con la muerte, la amistad, el amor, la filosofía, la política, la literatura y la cultura. Sed jaguar no es un libro construido a partir de un yo desbordado y solipsista (y, por ello, estéril). Si bien la voz enuncia desde su particularidad, acude todo el tiempo al plural, es decir, al nosotros. En estas páginas encontramos una miscelánea de temas cuyo común denominador es la idea de lo colectivo. Así, la apuesta del autor reside en asumir la escritura poética como una práctica generosa que hermana y une.

Construiré un barco con mis propias manos, construiré un barco con el nombre de “Amaré”. Construiré ese barco para mí y todos mis hermanos, que es casi decir un pleonasmo, porque yo soy tu consabido otro, tú ese otro tan raído como vejado que soy yo, en donde cabe decir que andamos necesitados de ramos y velas, océanos de gente para navegar seamos lo que seamos y vayamos a donde vayamos. Porque simple y sencillamente todo lo que escribo es por ti (no importa quién seas ni cuándo leas esto), para ti por ser lo único en lo que yo creo.

Este fragmento evidencia una voluntad de articular un discurso que asume su compromiso con el afuera y con los otros. Tal preocupación se potencia si tomamos en consideración que el lugar enunciativo de Calera-Grobet es un país signado por la pobreza y la violencia —un país que dejó de pertenecernos hace mucho tiempo: “‘Valle de México’ todo esto que vemos. Ahora esto no es un valle y mucho menos es nuestro”—. Dos temas, pues, atraviesan Sed jaguar: por una parte, el sentido de comunidad y, por otra, la crítica sin ambages a la violencia: “Una guerra de la más alta intensidad se vive en Tamaulipas y en ella los civiles no importan. Indagarán muerte de 7 por fuego cruzado mientras que en el último año, al menos 26 policías han desaparecido en Guanajuato”. La escritura de Calera-Grobet no es solo un guiño a temas de índole social y política: el autor enuncia de manera clara una realidad y, al hacerlo, toma partido por una escritura que no da vueltas sobre lo metafísico; muy por el contrario, se avecina a lo más inmediato y cotidiano.

Junto a lo anterior, hay también una mirada aguda que no condesciende y que, mediante el humor, va mostrando aspectos de la realidad poética mexicana: “Leyó su biografía el poeta, el ensayista intelectual, vendedor de cañuelas, editor y gestor cultural, además de artista y disc jockey, porque todos son diyeis y serán diyeis de ahora en adelante en el mundo ultramoderno”. Respecto a ello, encontramos una reflexión que se extiende a lo social o, dicho de otro modo, la dupla poesía-sociedad se nombra de un modo descarnado y, por momentos, desesperanzador:

La poesía no es Alicia, no. Menos en este país. Acaso un arma blanca, acaso una hipoteca. Se maneja, eso sí, bajo las enaguas, una honda e infectada herida, honda hondonada para reclinarse y pedir perdón, una laceración que no cierra ni cerrará nunca. […] La poesía aquí no se dio, acaso nace algo de unas matas largas y secas, que se descelebra aquí, nuestro otrora país. Siendo los años del señor, tiempos del centro de México, en donde no se mueve ni conmueve, llueve sobre nadie.

Las dos citas anteriores muestran una escritura capaz de moverse entre el humor y la profundidad, privilegiando siempre la agudeza.

Estamos frente a un libro que dialoga de tú a tú con el resto de la producción poética reciente de nuestro país. (Pienso en lo que Raúl Zurita escribió para el cintillo: “Antonio Calera-Grobet escribe con la extrañeza que solo tienen los grandes”.) Esta, la extrañeza, es una buena manera de caracterizar lo que hallará el lector: una serie de textos que en los linderos de la prosa narrativa, que ensancha la definición de poesía y nos invita a repensarla desde otras orillas.

Cabe mencionar que el artista Demián Flores realizó las ilustraciones que acompañan a los textos, y que hacen las veces de correlato a los diversos aspectos en la vida de un hombre que es muchos hombres. Sed jaguar es un recordatorio constante de la importancia de lo colectivo y lo plural para estos tiempos. Al respecto, no puede obviarse la enorme labor que Antonio Calera-Grobet realiza como editor y promotor cultural; su generosidad, aparentemente extraliteraria, ha creado un libro vasto, extenso y lúcido. Uno que cuestiona permanentemente a la poesía como forma y práctica. Uno que nombra a un país marcado por la violencia y, al mismo tiempo, apunta a sus zonas más luminosas:

No pierda su amor por la sangre. Perder el amor por la sangre es perder la escritura y perder la escritura es perder el libro. Perder el libro es perder el relato y perderlo es perder el espejo, desconocernos a nosotros mismos, error craso éste de comenzar a hundirnos. No pierda su amor por la sangre. Perderlo es perdernos, olvidar el cultivo, y olvidarlo equivaldría a convertirnos en monos, algo tan bello como innecesario: tajarnos


Eva Castañeda / Ciudad de México, 1981. Poeta y crítica literaria, es Doctora en Letras por la UNAM. Profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de esta misma casa de estudios. Actualmente se desempeña como coordinadora del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea de la UNAM. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y autora de los libros de poesía Nada se pierde (2012), Gramática del memorial (2014) y La imaginación herida (2018). Algunos de sus poemas han sido traducidos al alemán, chino e inglés.