23 septiembre, 2019

La belleza de los accidentes

de Mara Pastor | Inéditos

Tintas vegetales

Pensaba que me ahogaba
pero la enfermera dijo
que, según la máquina,
todo estaba bien.

Ya había escuchado tu llanto.
Tu papá diciendo: ¡Es negrita!
(Aunque en realidad eras roja)
Y su voz cantándote antes
de que te vieran mis ojos.

De pronto ya estabas
en todos mis sentidos.
Dando aire a la que antes
no sabía que respiraba.

Tu cuerpo cerca de mi rostro.
Tu boca ya en mi pecho.
Mi voz diciéndome ¡es
perfecta! El doctor

pintando con tu placenta
en tintas vegetales.
Las enfermeras llorando
por la voz de tu papá.

Mis tripas aún abiertas.
Nueve libras insurrectas
de llanto y calor
habían salido de mí

como de un volcán.



Si una supiera

Tumulto de dedos
y de cuerpo en movimiento.

En todo momento,
cuerpo deseante

que pulsa, babea
y patea cuando desea,

cierra los puños cuando desea,
desea cuando puja,

y el deseo es

poner la boca
en lo que amas,

como si una no lo supiera.

Si una supiera lo que sabe,
cuando lo que se sabe

es esto mismo, dedos a la boca,
el cuerpo del otro a la boca,

palabras en la boca.



Descubrimientos

Descubres del llanto               lo que el trueno de la nube:

su paso por el cuerpo.            El cansancio que deja

como estela.                            Aprendes que pasa

como hormigas.                      Con el tiempo desaparece.

Como el sueño                         se olvida.

Como el sol                               te enrojece.

Y como la leche                        alivia.



Otra versión del arrojo

Un día despiertas y quieres meter los dedos
en todos los enchufes, los abanicos,

lanzarte de todas las elevaciones,
comerte el plástico triturado de los pinches de ropa.

Hay tanta pulsión de muerte en tus ganas de vivir.

A veces tropezamos contigo cuando como trinitaria
te enredas en las piernas empeñada en el agarre.

Un día te apreté muy duro el pañal.
Papá te quemó un piecito con el agua del lavabo.

Tú le arrancas las hojas al orégano brujo sin piedad
y luego le tiras un beso o lo saludas.

Ya también hieres sin querer a lo que amas.



Conversación con mi traductora

Para María José

Ella me dice
“Este léelo con una cervecita
bien fría”.
Yo lo leo mientras conduzco,
escuchando el llanto
de mi hija
mientras le da el sol en la cara.

Donde yo digo arrojo
ella dice edge
y me gusta lo que dice.

Ella me comenta
que no traduce bien el título.

Así nos vamos replegando,
en otras formas que son lo mismo,
pero diferente.

Mi compañero me pregunta
qué hago mirando
el teléfono mientras conduzco.

Me gustaría responder
que tomando una cerveza.

Estoy en algún borde
de alguna palabra
que aún no se parece a descanso.

Pero mi traductora disfruta
cuando traduce mis poemas
en bosques lejanos,
sembrando cariaquillos
junto al toronjo.

Para esto también
se escribe, para que otra
persona habite el borde
de alguna palabra
que no se traduce.



La gramática de mi hije

Estimadas y estimados
señores de la gramática:
He tenido un hije.
Nació en Ponce
y dirá mapén, chepa
y changa. Abusará
de los pronombres.
Por ahora prefiere
los indicativos
y los animales
por su onomatopeya.
Cuando yo digo
elle repite. Conoce
el verbo estar
y los monosílabos.
Ustedes dirán
que no hay necesidad
de invitar a la “e”
a tanta oración mundana,
y que no lo aprueban,
pero eso no evitará
la belleza de los accidentes
que como agua desbordada
de un cántaro usado
percolará en sus libros.


* Estos poemas forman parte del libro inédito La hija que no se repite.


Mara Pastor / San Juan, Puerto Rico, 1980. Poeta, editora y profesora universitaria. Es autora de ocho libros de poesía, entre ellos Poemas para fomentar el turismo y Arcadian Boutique. Tuvo a su cargo la selección y el prólogo de la antología de narrativa puertorriqueña reciente A toda costa, publicada en México por la editorial Elefanta. Actualmente reside y trabaja en Ponce, Puerto Rico.