23 septiembre, 2019

Nos orinamos en la mano de Nuestro Padre

de Jacques Rigaut | Traducciones

Presentación y versiones de José Miguel Barajas.

 

Más allá de la construcción o continuación de un mito, con la presente versión de la obra de Jacques Rigaut (Francia, 1898-1929) se abre de nuevo la posibilidad de leer o releer, en el contexto iberoamericano, una literatura que es contemporánea —también afín— de un Fernando Pessoa en Lisboa, de un César Vallejo en París o de un Roberto Arlt en Buenos Aires. De Pessoa, por ejemplo, cuando en su Livro do desassossego Bernardo Soares afirma: “Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, me quedé, como otros de la orla de las gentes, en aquella distancia de todo a lo que comúnmente se llama la Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiera pensar, se pararía”. De Vallejo, cuando en una de sus crónicas desde París, escribe: “En general París estaba asustado de los dadaístas e ignoraba que estos demonios representan simple y llanamente todas las inquietudes humanas d’après-guerre. Los hombres de nuestra época, todos, absolutamente todos, son dadaístas. Todos, a su modo, están locos y atacados de epilepsia. Esta es la palabra: ¡epilepsia! No es que el dadaísmo busque nada. […] Únicamente se quiere la vida en lo que ella tiene de elemental y simple, de escueto y animal, sin preocupaciones espirituales, morales ni cerebrales. Es la crisis de toda metafísica, de toda filosofía y aun de toda ciencia”. De Roberto Arlt, cuando Augusto Remo Erdosain en Los lanzallamas se dice a sí mismo: “—Estoy perdido —piensa Erdosain—. Es mejor que me mate. Que le haga ese favor a mi alma. […] —Estarás enterrado y no querrás estar dentro del cajón. Tu cuerpo no querrá estar. […] —Estoy muerto y quiero vivir. Esa es la verdad”.

Estas tres afinidades, por supuesto, son meras impresiones de quien esto escribe. El lector, en todo caso, tiene plena libertad de compartirlas o rechazarlas.

—José Miguel Barajas




[Su infancia…] (Inédito)

Su infancia había sido parecida a la de la mayoría: risueña, ruidosa, autoritaria. Luego una juventud entusiasta, confiada: ¿acaso no tenía el mundo a sus pies? No es fácil distinguir a qué accidentes o a qué falta de accidentes se debe el encontrarlo en el veinteavo año, lánguido, abúlico, siendo el blanco de no sé qué especie de tedio autógeno. La contemplación de la nada (se disculpaba con un gentil rubor en las mejillas por recurrir a semejantes clichés) lo absorbía. Por haberla alguna vez considerado, todas las cosas eran iguales y todo ardor desanimado. Guapo, al menos no era el único en así hallarlo y muchas miradas de mujeres se lo dijeron, uno se asombraba de que desdeñara tener una amante. Sin embargo, había buscado el placer que en semejante desconcierto debió aparecérsele como la piedra de toque para validar la vida. Fueron tres meses de coitos, alcohol y estupefacientes –acostones, bares y fumaderos.

En total rigor, sus gestos, sus palabras buscaban en el suicidio una legítima, una sola conclusión. Faltaba todavía no fallar en esta muerte fácil y partir soberbio, desapegado y no como una víctima. Lo que uno llama desgracias no podía ya sorprenderlo; el día que supo que tenía sífilis comió y durmió como de costumbre; debía incluso reconocer más tarde que no había sabido evitar una alegría vanidosa de sentirse tan perfectamente moderno.

Escogió para matarse el día en que, luego del deceso de una tía, se volvió millonario. Al menos fue ese día que lo hallaron en su habitación, con el pecho atravesado por dos balas. Como se sabe, uno no se muere…

 

[Son enfance…] (Inédit)

Son enfance avait été pareille à la plupart : rieuse, bruyante, autoritaire. Puis une jeunesse enthousiaste, confiante : n’avait-il pas le monde dans sa main ? On distingue mal à quels accidents ou à quelle absence d’accidents, on doit de le retrouver à la vingtième année, languissant, veule, en butte à on ne sait quelle espèce d’ennui autogène. La contemplation du néant (il s’excusait avec une gentille rougeur aux joues d’avoir recours à de pareils poncifs) l’absorbait. De l’avoir une fois considéré, toute choses étaient égales, et toute ardeur découragée. Beau, du moins il n’était pas le seul à le trouver et maint regard de femme le lui conta, on s’étonnait qu’il dédaignât de prendre maîtresse. Il avait pourtant cherché le plaisir, qui, en pareil désarroi, dut lui apparaître comme la pierre de touche propre à validifier la vie. Trois mois durant, ce furent coïts, alcools et stupéfiants coucheries, bars et fumeries.

En toute rigueur, ses gestes, ses paroles cherchaient dans le suicide une légitime, une seule conclusion. Encore fallait-il ne pas la rater, cette facile mort et partir superbe, détaché et non comme une victime. Ce qu’on appelle les malheurs ne pouvaient plus le surprendre ; le jour qu’il apprit qu’il avait la syphilis, il mangea et dormit comme à l’ordinaire ; il devait même avouer plus tard qu’il n’avait pas su se défendre de quelque joie vaniteuse à se sentir si parfaitement moderne.

Il choisit pur se tuer le jour où, à la suite du décès d’une tante, il devenait riche de plusieurs millions. Du moins ce fut ce jour qu’on le trouva dans sa chambre, la poitrine traversée de deux balles. Comme chacun sait, on ne meurt pas…




[Siempre tengo razón…]
(Inédito)

Yo siempre tengo razón
Tú siempre tienes razón
Él siempre tiene razón
Ella siempre tiene razón
Nosotros siempre tenemos razón
Ustedes siempre tienen razón
Ellos siempre tienen razón
Ellas siempre tienen razón

Jacques Rigaut
el aventureman suicida*

*Un arribista que no sabe nada de nada. La publicidad desde que usamos pantalones no ha registrado una sola falta de parte nuestra. Siempre estaremos del lado del más fuerte. Nos orinamos en la mano de Nuestro Padre para poder estrechar la mano de un hombre de calidad. ¿Hace falta añadir que todavía buscamos a este hombre?, pero aun así nos orinamos en la mano de Nuestro Padre. Hay prudencia hasta en nuestras groserías. Jamás hemos perdido la cabeza. Por flojera no mentimos, habiendo demostrado ser útil el sistema de la franqueza, nos mantenemos en él. En cuanto la mentira y el disimulo corren el riesgo de servirnos, los practicamos. Hasta ahora no hemos hecho nada, ni un poema, ni un crimen pequeño que valga la pena. Hay algunos autos y algunas jóvenes que quizás no nos disgustarían, pero el esfuerzo está por encima de nuestras fuerzas. Todo eso terminará en un matrimonio.

 

[J’ai toujours raison…] (Inédit)

J’ai toujours raison
tu as toujours raison
il a toujours raison
elle a toujours raison
nous avons toujours raison
vous avez toujours raison
ils ont toujours raison
elles ont toujours raison

Jacques Rigaut
l’aventureman suicidé*

*Un arriviste qui ne sait pas à quoi. La publicité depuis que nous portons des culottes n’a pas eu à enregistrer de notre part une seule défaillance. Nous serons toujours du côté du plus fort. Nous pissons dans la main de Notre Père pour pouvoir serrer la main d’un homme de qualité. Faut-il ajouter que nous cherchons encore cet homme ? mais nous pissons tout de même dans la main de Notre Père. De la prudence jusque dans nos grossièretés. Nous n’avons jamais perdu la tête. Par paresse nous ne mentons pas, et le système de la franchise ayant fait ses preuves, nous nous y tenons. Dès que le mensonge et la dissimulation risquent de nous servir, nous les pratiquons. Jusqu’à présent, nous n’avons rien fait, pas un poème, pas un petit crime qui en vaille la peine. Il y a quelques autos et quelques petites filles qui peut-être ne nous dégoûteraient pas, mais l’effort est au-dessus de nos forces. Tout ça finira par un mariage.

 

Diario

Como un hombre cuando un sueño indeseable lo alcanza le taladra la cabeza, escribo. En un ataque de salud, esta mañana decidí escribir, escribir un diario. No se trata, por supuesto, del diario, de todos los trabajos el más inaceptable, sino de un esfuerzo continuo. Justificar, explicar, mostrar, asociar, situar y otros pasatiempos literarios aquí no tienen ninguna validez, no ayudan; tengo —tal vez— una oportunidad de encontrar, de rencontrar más bien, un medio para respirar o, puesta la razón del lado equivocado, para perder esta condición de inercia. Y, si fuera necesario, salud por salud haré hasta el cuarto de hora obligatorio de cultura física cada mañana. Dispuesto totalmente a abandonar con una gran sonrisa los tiempos del regreso a la pereza, a mi querida cobardía.

Resultados, los de la salud del cuerpo; los otros aparecerán por sí solos a su debido tiempo: la semana pasada, tuve durante la noche una crisis de delirium tremens, consecuencia de seis o siete años de borrachera y de un largo año de drogas; manifestaciones del D. T., tal como se leen en los manuales, excepto las serpientes que se abstuvieron, solo entonces con la única e intermitente conciencia del miedo, el miedo cerval de un hombre que se siente enloquecer.

Tuve miedo. Me cuido por miedo. Escribo por miedo. Nueva cobardía. […]


Journal

Comme un homme qu’un sommeil indésirable gagne se cogne la tête, j’écris. Dans un accès de santé, ce matin, j’ai décidé d’écrire, et d’écrire un journal. Il ne s’agit pas, bien entendu, de journal, de toutes les besognes la plus injustifiable, mais d’un effort suivi. Justifier, expliquer, montrer, associer, situer et autres passe-temps littéraires, ne peuvent être ici d’aucune validité, d’aucun secours ; j’ai —peut-être— une chance de trouver, de retrouver plutôt, un moyen de respirer ou, pour mettre la raison du mauvais côté, de perdre cette qualité d’inertie. Et, s’il le faut, hygiène pour hygiène, j’irai jusqu’au quart d’heure obligatoire de culture physique chaque matin. Quitte à tout abandonner dans un grand rire à l’époque du retour à la paresse, à ma chère lâcheté.

Des faits, ceux de la santé du corps ; les autres apparaîtront d’eux-mêmes à leur tour : la semaine passée, j’ai eu pendant la nuit une crise de delirium tremens, récompense de six ou sept années d’ivrognerie et d’une longue année de drogues ; manifestations du D.T., telles qu’on les lit dans les manuels, à l’exception des serpents qui s’étaient abstenus, avec pour seule et intermittente conscience alors, la peur, la peur panique d’un homme qui se sent devenir fou…

J’ai eu peur. Je me soigne par peur. J’écris par peur. Nouvelle lâcheté. […]




Adelanto de la primera mitad de los Écrits de Jacques Rigaut con un prólogo de Jean-Luc Bitton (biógrafo del poeta dadaísta), a publicarse en el segundo semestre de 2019 por la editorial xalapeña Aquelarre Ediciones.


Jacques Rigaut / París, Francia, 1898 – Châtenay-Malabry, Francia, 1929. Estudió el bachillerato en filosofía, combatió desde 1914 en la Gran Guerra y se matriculó sin concluir sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de París. En los años veinte frecuentó los cafés literarios de París y se unió al movimiento Dadá parisino, entre otros, junto a André Breton y Louis Aragon. Publicó varios de sus escritos en la revista dadaísta Littérature. Poco después de cumplir los veinte años, se condenó a muerte a sí mismo. Casi diez años después puso fin a sus días por medio de las balas de un revólver. De manera póstuma, apareció su Agencia General del Suicidio.


José Miguel Barajas / San Andrés Tuxtla, Veracruz, 1983. Es traductor, escritor y profesor. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Juan Rulfo 2008 y fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas de 2010 a 2012. Publicó Vías paralelas (2015) y las traducciones del francés de Igitur, de Stéphane Mallarmé (2013), y La geometría de las variables, de Mamadou Mahmoud N’Dongo (2015).