Ocho anotaciones sobre Guía Roji

La Ciudad de México y sus periferias son marcados con los rostros de los otros. Este es un libro que registra los cambios en las personas que habitan la metrópolis; una coordenada espacio temporal. Los versos, con cortes y disposiciones intrincadas, forman las carreteras por las cuales se resalta la ruta del recuerdo: tanto las historias de los amigos como las anécdotas familiares.

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Abrazombies

Sergio iba siempre cargado de libros. Libros de otros. Los vendía, vendía la idea, la necesidad de leerles y de tener un mapa completo —“usted está aquí”—, primero el nacional y luego de cualquier parte. Generoso, sacaba poetas de sus escondites y los presentaba en sociedad. “Es que soy promotor”, me dijo cuando nos conocimos. “No creas que acostumbro regalar libros, pero eres chido, llévate estos y los comentamos en una semana”.

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Fenómeno Flash

Inabarcable y extraordinariamente lúcido, Sergio Loo sabía, conversaba y exponía sobre casi cualquier tema que en este momento se me pudiera ocurrir. Loo exponía detalles, precisiones, acotaciones y aristas perfectamente atendibles ante cualquier asunto con los cuales complejizar y darle muchas vueltas de tuerca a cada uno de los asuntos que cuidadosamente ponía sobre la mesa de disección. Con ironía y un humor bastante negro, en ocasiones, al que mi ánimo —de natural inclinado a verle el lado bueno a las cosas— muchas veces se sentía incomodado, me contó que estaba muy interesado en escribir sobre las imágenes, sí mira lo que significan…

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Operación al cuerpo y al lenguaje

Es sencillo hablar de la enfermedad cuando uno no la padece. Es fácil preguntar: “del uno al diez, ¿cuánto le duele?, ¿cuándo comenzó?, ¿le arde o le punza?, ¿es constante o va y viene?” Pero cuando el dolor es indescriptible, apenas las palabras nos sirven para comunicarlo. Tal vez la importancia de la literatura radica en que nos otorga herramientas para experimentar nuestras propias sensaciones, para nombrarlas.

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Al ritmo de la música del fuego

El árbol de la vida, sin centro y sin orillas, / pozo horizontal de sombras abolidas, / bajo el cielo radiante ni tiempo ni manecillas/ desnudo de ojos y de hojas. / Una gata blanca, una gata negra/ corre por los tejados, las uñas descalzas/ y en la mañana furtiva, nadie alcanza nada…

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Un joven poeta de 80 años llamado Homero Aridjis

En Quemar las naves se apunta otra de las líneas temáticas que van a singularizar en adelante la poesía de Homero Aridjis: el nuevo Apocalipsis, que, a diferencia del Apocalipsis de san Juan de Patmos, y de lo que dicen los comentaristas de la tradición bíblica, no provendrá de la mano de Dios, sino que será obra del hombre, poseído este de un afán predador que está destruyendo la biodiversidad de nuestro planeta, y con ello la especie humana misma.

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Del tiempo condensado: una conversación con David Huerta

Los libros de poesía se escriben para el oído y para la inteligencia pero también para los ojos. Esa es la triple finalidad o los tres puertos a los que debe llegar el libro de poesía. Fue una aparición en la oreja: es un endecasílabo con toda su andadura muy bien colocada. De ahí se desprendió todo lo demás, como las notas para hacer una sinfonía, para hacer una comparación un poco bombástica.

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Las hojas

Contemplado este Canto desde un cierto ángulo, la nación de los difuntos es como una inmensa pila de hojas secas, quebradizas: hacinamiento increíble, alucinante; o bien como un tenebroso desfile de almas.

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El tiempo sabe el precio que se paga

Auden no era propiamente un lírico, no aislaba momentos de intensidad. Pensaba y hablaba en versos: y sus versos, con su maravillosa y siempre imprevisible regularidad, no eran sino recursos para pensar…

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