El oído (fragmento)

Nuestro sonido —o nuestro silencio— es excepcional, y es el oído la máquina receptora y traductora: un cono que permite que escuchemos los procedimientos de la naturaleza, pero al revés. Tal vez lo que un compositor sordo como Beethoven quiso hacer era darle una forma armónica a ese vacío, a ese “aire” que, como humanos, recién vinimos a conocer con la creación de la radio.

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Un recetario de poetas para la cuarentena

Las recetas aquí recopiladas (previa prueba personal) tienen orígenes diferentes. Provienen directamente de los papeles de los escritores en cuestión, o son adaptaciones y recreaciones modernas con ingredientes accesibles. En todos los casos, intenté trabajar con cierto grado de rigor filológico: todos estos platos aparecen en los papeles personales de los autores.

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Ocultar es la clave

Marcel Duchamp propuso la figura del artista huérfano de obra. Pero el artista sin obra de Duchamp no nace de la imposibilidad de generar un cuerpo de ideas estéticas encarnadas en la forma de una obra, sino de la ironía de que en realidad la obra de un artista consiste en todo aquello que el artista se ha negado a realizar.

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Juan Larrea y su luz iluminada

Juan Larrea Celayeta nació en Bilbao, España, en 1895 y murió en la Córdoba argentina en 1980. Su vida está marcada por el desplazamiento. En Francia, donde residió prácticamente desde mediados de los años 20 hasta su exilio a México en 1939, escribió la mayor parte de su poesía, reunida en Versión celeste, e inició el extenso diario intelectual —Orbe— que dio comienzo a una larguísima lista de ensayos “poéticos” en los que el autor perseveraría hasta el fin de sus días. Entre ellos se cuentan algunos tan ambiciosos como Rendición de espíritu (1942), La espada de la paloma y Razón de ser (ambos de 1956), publicados en México bajo el sello de una revista de título muy larreano que cofundó a principios de los cuarenta: Cuadernos Americanos.

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Ocho anotaciones sobre Guía Roji

La Ciudad de México y sus periferias son marcados con los rostros de los otros. Este es un libro que registra los cambios en las personas que habitan la metrópolis; una coordenada espacio temporal. Los versos, con cortes y disposiciones intrincadas, forman las carreteras por las cuales se resalta la ruta del recuerdo: tanto las historias de los amigos como las anécdotas familiares.

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Abrazombies

Sergio iba siempre cargado de libros. Libros de otros. Los vendía, vendía la idea, la necesidad de leerles y de tener un mapa completo —“usted está aquí”—, primero el nacional y luego de cualquier parte. Generoso, sacaba poetas de sus escondites y los presentaba en sociedad. “Es que soy promotor”, me dijo cuando nos conocimos. “No creas que acostumbro regalar libros, pero eres chido, llévate estos y los comentamos en una semana”.

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Operación al cuerpo y al lenguaje

Es sencillo hablar de la enfermedad cuando uno no la padece. Es fácil preguntar: “del uno al diez, ¿cuánto le duele?, ¿cuándo comenzó?, ¿le arde o le punza?, ¿es constante o va y viene?” Pero cuando el dolor es indescriptible, apenas las palabras nos sirven para comunicarlo. Tal vez la importancia de la literatura radica en que nos otorga herramientas para experimentar nuestras propias sensaciones, para nombrarlas.

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Un joven poeta de 80 años llamado Homero Aridjis

En Quemar las naves se apunta otra de las líneas temáticas que van a singularizar en adelante la poesía de Homero Aridjis: el nuevo Apocalipsis, que, a diferencia del Apocalipsis de san Juan de Patmos, y de lo que dicen los comentaristas de la tradición bíblica, no provendrá de la mano de Dios, sino que será obra del hombre, poseído este de un afán predador que está destruyendo la biodiversidad de nuestro planeta, y con ello la especie humana misma.

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Poesía y retórica (2)

El orador ofrece, pues, algo que no promete: un juego divertido de la imaginación; pero deja poco de lo que ha sido su promesa y lo que es, por tanto, la tarea que se ha propuesto; a saber, dar al entendimiento una ocupación conforme a su fin. Al contrario, el poeta promete poco y no propone más que un simple juego de ideas, pero realiza algo que es digno de una tarea: jugando, procurar alimentar al entendimiento y dar cauce a sus conceptos, gracias a la imaginación; en el fondo, el primero da menos y el segundo, más de lo que prometen.

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No estábamos allí: Sobre la poesía de Jordi Doce

El lugar de la ausencia. El lector siente, en los poemas de Jordi Doce, que algo importante de lo que allí acontece, tal vez lo decisivo, no se nos dice y, sin embargo, de una manera intensa y concreta, está presente. La lectura apunta siempre a otro lugar, hay un continuo desplazamiento, la sensación de habitar un terreno indeciso, una tierra de nadie.

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