Jorge Leonidas Escudero

La mayor o menor distancia entre el habla de la comunicación cotidiana y la lengua de la poesía varía según operen dos factores determinantes: lo que acontece en la corriente literaria preponderante del momento histórico y el propósito que alienta en la imaginación verbal de quien escribe, propósito que puede concordar o no con lo que se está haciendo en derredor suyo, lo cual lo inducirá a ahondar o a moderar la extrañeza de esa lengua otra.

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Neruda, traductor de Joyce

La multivocidad característica del lenguaje de vanguardia, del modernism; este decir que las palabras son viejas y nuevas, que viven en féretros y en flores, que perdimos y ganamos, que se llevaron el oro y nos lo dejaron, puede ser un buen punto de partida para explorar algunos puntos de confluencia entre estos Joyce, Neruda y la literatura de vanguardia.

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Cosas contemporáneas: Una lectura de Gastão Cruz

Diría, por mi parte, que La moneda del tiempo es uno de los libros de poemas más emocionantes que conozco, y eso, contando con que el laboratorio en que consiste traducir no resulta demasiado propicio para emocionarse. Quizá algunas zonas de aquella tradición romántica ya habían explorado lo que aquí parece determinante: la voz del poeta es reflexiva, toma distancia para mirar y pensar, pero a la vez consigue que el pensamiento sea sensorial, se haga material en los sentidos, que el pensamiento sea una forma de emoción.

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Resonancias de Miguel Casado

Sería difícil abarcar todos los hilos que componen La ciudad de los nómadas, de Miguel Casado, pero uno de ellos, de vital importancia, es el que insiste en la relación entre lo personal y lo político, el mismo que se abre ante la escritura y la vida como una necesaria tensión que no debe jamás olvidarse.

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Proseos (fragmentos)

No creo que pueda iluminar demasiado a los lectores de estas reflexiones, obra humilde de un madrugador que se despierta diariamente con los gallos para tomar su café y pensar. Pero es cierto que las perplejidades de alguien que dedicó su vida, ya demasiado larga, a la poesía pueden dar destaque a lo mucho que ignoramos, esa especie de mar magno en el que navegan nuestras tentativas, nuestra imaginación, nuestro impulso creador. Además, hacer poesía es una tarea que tiene mucho (casi todo) de solitario, y uno se siente a menudo a la deriva, enfrentado a fuerzas a veces amenazadoras que nos hacen temer el naufragio del poema, o de nuestra vocación.

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Retrato fechado de Philippe Jaccottet

Su cuestionamiento del mundo parte de esa admiración —ese asombro— ante la vida, ante las cosas y el paisaje, sobre todo ante los otros y su evidencia de otredad. El ámbito religioso que de ello proviene no es el de un creyente sino el de un hombre de fe.

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El paraíso perdido de John Keats

¿Cómo sabemos de la importancia que tuvo para Keats aquel librito? Porque como todo ejemplar bien leído por cualquier lector exaltado, cunde de notas y de glosas. Ese Paraíso perdido está amorosamente desgastado no sólo por el tiempo, sino por los dedos y los ojos de su primer dueño. En los márgenes de muchas de las páginas del ejemplar pueden observarse las cursivas que comentan con gran emoción los pasajes que en Keats despiertan mayor interés, las líneas que subrayan los versos más cautivadores y los trazos de una pluma que se regodea en los ecos sublimes de Satanás, del Redentor y de los primeros habitantes del mundo creado.

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Ramón López Velarde regresa a la Ciudad de México (2)

Al poco de llegar a la gran metrópoli, el poeta busca a conocidos y amigos que trató durante su primera estancia, de finales de marzo de 1912 a mediados de febrero de 1913. Muy pronto se le verá en el estudio de Saturnino Herrán, en la calle de Mesones 82. El pintor aguascalentense se ha ido forjando poco a poco un nombre, en medio de una generación brillante, donde habrán de figurar José Clemente Orozco, Diego Rivera, Ángel Zárraga, Roberto Montenegro y otros más.

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Ramón López Velarde regresa a la Ciudad de México

Proveniente de San Luis Potosí, el joven abogado Ramón López Velarde llega en tren, la noche del jueves 10 de enero de 1914, a la Estación de Colonia de la Ciudad de México. A diferencia de otros puntos del país, la capital goza de tranquilidad y bullicio. Los banquetes en honor al general Huerta, “el salvador de la Patria”, son noticia frecuente en los diarios. El 24 de diciembre, el asesino intelectual de Madero y Pino Suárez celebró su cumpleaños número 62 en un salón-comedor de Palacio Nacional donde, en un momento estelar de la noche, José Juan Tablada dedicó al usurpador estas palabras: “Se evocan de Cuauhtémoc la figura / su alma y su faz de bronce, no en vano / pues renovaste su épica bravura / al triunfar en Bachimba y en Rellano.”

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Poesía, donde se la encuentre

Borges descubrió la historia y el epitafio de Droctulft en cierta página del libro La poesia de Benedetto Croce. Busqué ese libro por años; al fin, mi esposa Celina y yo dimos con él en una librería de Roma, cerca o dentro de la estación Termini, hacia fines de octubre de 2010. Diez días más tarde, creo, encontré la Historia Langobardorum de Pablo el Diácono, en un reducto de Asís, al lado de los ciertamente insulsos Fioretti de San Francisco. Como sea, siempre quise saber más sobre el animoso y transfigurado guerrero Droctulft…

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