Jicoténcal

Este poema apareció en la séptima entrega del Semanario Ilustrado, fechada el 12 de junio de 1868 en la ciudad de México, una publicación periódica que circuló viernes tras viernes hasta noviembre del referido año, y en la que colaboraron Alfredo Chavero, Luis Gonzaga Ortiz, Nicolás Pizarro y Rafael de Zayas Enríquez, entre otros, y en la que fueron dos presencias constantes Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto. ¿Se debe a Fidel el interés en este poema de Plácido? A saber.

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Basta correr

Hay dos tipos de corredores, los que se desplazan en contra de algo o los que lo hacen a favor de algo. Los primeros compiten, ya sea contra otros corredores o contra un cronómetro, y esas metas específicas acotan el ámbito de su carrera como un trazo finito y perfecto, una línea, un circuito, un rastro prefijado entre dos puntos. Los segundos corren para y por el movimiento mismo, procurando un ritmo, una velocidad-crucero en la cual desaparecer: los dos puntos del principio y final de su carrera importan mucho menos que su propia articulación, y la figura que mejor podría describir su dinámica es la espiral.

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Anne Carson y Marilyn Monroe

Sus obras son palimpsestos: una capa bajo otra capa bajo otra capa. Todo conectado con todo: los hexámetros yámbicos y las tetas de Marilyn Monroe, el tsunami que se desata en L.A. y Helena de Troya que se evapora en un cuarto del motel Best Western, la propia Marilyn que se afilia a un grupo de talibanes y Jack el Destripador.

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Diccionario lopezvelardeano (2)

Da la impresión, al leer los versos, que a López Velarde se le quedó vívidamente el ahogo del deseo y algunas imágenes en el recuerdo: los ojos verdes y el vestido enlutado, la prima que teje en el corredor, la voz de Águeda a la hora de comer acompasando el sonido de la vajilla, el cesto de frutas sobre el viejo armario.

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Diccionario lopezvelardeano

López Velarde creía que desde Sor Juana hasta Manuel José Othón y Manuel Gutiérrez Nájera había un enorme vacío en la lírica mexicana. Parece no haber leído, o muy de paso, o tal vez porque no circulaban bien, ni a Ignacio Rodríguez Galván, ni a Ignacio Ramírez, ni a Laura Méndez. A Manuel M. Flores y a Manuel Acuña apenas los mencionó y fue para descalificarlos. Es decir, ningún poeta de los tres romanticismos mexicanos se salvó del cadalso.

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Peregrino en confusas Soledades: Lorca redescubre a Góngora (2)

La lectura de los poemas gongorinos más temerarios no ha sido nunca ni es una empresa sencilla. Sin embargo, hay que reconocer que hoy contamos con una serie de ediciones rigurosas en las que, a un texto altamente depurado, anteceden amplias introducciones y enmarcan explicativas notas y esclarecedoras prosificaciones. Si a todo ello uno suma algún curso monográfico y varias noches en vela de ojos enrojecidos, hallamos el hilo de oro de estos poemas y podemos transitar, sin perdernos, por sus intrincadas galerías.

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Ilegible (Fragmento)

Hubo un taller. O habría. Habría habido un taller. De haber tenido un espacio. De haber estado acondicionado un sitio. De haber tenido tiempo. Porque, de inmediato, viene a la mente la pregunta por las condiciones necesarias para un taller. Las necesarias y las suficientes. La pregunta que viene a la mente, en este caso, es: ¿qué condiciones necesarias y suficientes deben cumplirse para que haya un taller?

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Delta de sol: el contrapoema de «Piedra de sol» de Octavio Paz, el pretexto o el contexto

Este contrapoema nació de la costilla del poema de Octavio Paz, buscando dibujarle alguna ruta hacia la esperanza. Porque “Piedra de sol” iba a suceder como el poema del ser humano universal y libre; pero, como a todo hombre le sucede, y ahora le pasa también a toda mujer sometida al sistema al aceptar el discurso del capitalismo pulverizador, se queda en el límite de la muerte, viviendo en la espera de la muerte, sintiendo ese miedo a morir, volviéndose piedra en sus últimos momentos de vida.

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El contenido de la forma: la poesía de Mariano Peyrou

La poesía de Mariano Peyrou parece, pues, una poesía reflexiva, concebida como un lugar para el pensamiento. Actúa en ella el gusto por considerar cuestiones generales —de la existencia, de la moral, de las costumbres o la psicología, de la teoría literaria…— no a través de grandes desarrollos, sino con tendencia a la definición, al momento aforístico, y con frecuentes preguntas o cierta ironía, también, agrietando estos mecanismos de cierre; en su voluntad especulativa y analítica, no desdeña el léxico filosófico o el lingüístico, el teórico.

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