Anne Carson. Haz una glosa con eso

Lo moderno, escribió la crítica francesa Marthe Robert, no es una cuestión de edad. En cuanto a lo nuevo, muy pronto será vetusto si no explicita a fondo qué lo fuerza a romper con la tradición. La frase recuerda —contra el apuro de las modas— que el arte es y ha sido siempre, al menos desde el primer trazo humano en las cavernas, un palimpsesto (una constante recreación o “decreación”), y que la calidad de una obra suele coincidir con la profundidad de campo de sus referencias.

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Poesía y rock en lenguas originarias: Vayijel

Cuando le dieron el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, en 2016, estuve de acuerdo parcialmente. El cuestionado premio buscaba otra ruta, un respiradero, una salida y variedad más allá de la literatura. Mi indecisión se debía a que considero que la poesía de Silvio Rodríguez es superior a la de Dylan. Pero Silvio es cubano, lo cual limita y afecta el sentir generalizado en una sociedad que se proclama plural pero es capitalista —así es la debatida democracia: simulación de muchos matices—.

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La ruta múltiple de Elsa Cross

La obra poética de Elsa Cross es amplia y compleja. Abarca no sólo su propia creación, sino una serie de hallazgos que, tanto en su trabajo de traducción como en sus ensayos, revelan una pertinaz preocupación: en un principio, por establecer puentes, y más allá, por explorar caminos inéditos y en ocasiones peligrosos, en los cuales se ha internado para conferir, a través de la palabra, realidad a lo inexistente.

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La traducción de poesía como tiempo soberano

Cada vez que he de escribir algo relacionado con la traducción releo “La tarea del traductor”, de Walter Benjamin; es uno de los textos más extraños que conozco, nunca parece el mismo: ese modo de hablar extremadamente abstracto que, sin embargo, se compone de palabras tan fuertes y consistentes, tan materiales, de metáforas tan precisas y directas. Desde hace años, la lectura en estos casos se me ha duplicado y releo también el ensayo de Paul de Man sobre “La tarea del traductor”, que tiene efectos similares aunque su lengua asuma tanto poder analítico.

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Para encarar la oscuridad

Cada cierto tiempo retorna la pregunta por la pertinencia social de escribir poemas.

Preciso: escribirlos según el personal albedrío, no de acuerdo a determinada coacción política o religiosa, pues los poemas que se ciñen a la descripción del mundo postulada por este o aquel credo siempre son aplaudidos como espléndidos por los devotos del credo tal.

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Un balance mal urdido. Diminutivo y plegaria en Olvido García Valdés

El humanismo occidental, en todas sus variantes (neo-estoica, neo-platónica, racionalista, idealista), puso el listón alto. De ahí la constante proliferación, intensificada en la era contemporánea, de humanismos disminuidos —la criatura in-soberana (Benjamin), la vida desnuda (Agamben), el yo subalterno (Spivak), el sujeto finito (Nancy)— en todas las tradiciones enraizadas en dicha ilusión cultural, especialmente en aquellas contaminadas por el materialismo antropológico de Nietzsche y Heidegger.

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Principios de incertidumbre: poesía y ciencia

Empecé a escribir poemas relacionados con la ciencia en 2014. Fue un intento casi inconsciente por escapar de la hiperespecialización que caracteriza no sólo la poesía moderna sino también a todas las áreas del saber. Es comprensible. Sólo se puede ser experto de parcelas cada vez más pequeñas del conocimiento: saber más y más de menos y menos.

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Un paliativo temporal

Ningún mito ha sido más poético que el fundacional edénico. Ningún desafío más provechoso a la poesía que el de reescribirlo una y otra vez. Incansables. El poeta frente a las palabras está, siempre, intentando renombrar. No tiene derecho a la fatiga. Ni a olvidar las infinitas posibilidades combinatorias que le ofrece el jardín.

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Un poema de nueve entradas

Imaginemos una pradera, en forma de diamante, en la que unos pastores cuidan un pequeño, huidizo meteoro blanco. Y lo hacen en un tiempo fuera del tiempo, reacio al reloj, que dura lo que dura. ¿Hablamos de poesía o de beisbol? De ambos. Poesía lírica, muy probablemente, e incluso bucólica: en beisbol no se dice estadio sino parque, y quienes patrullan los senderos son obviamente jardineros.

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