5 septiembre, 2022

El caso de Migraciones: un incómodo poema interminable

de Manuel de J. Jiménez | Ensayos

 

Gloria Gervitz - Pythia

 

El pasado 19 de abril nos enteramos de la partida de Gloria Gervitz (1943-2022), motivo por el cual publiqué un comentario en Facebook sobre el momento en que la conocí durante una lectura en Casa del Poeta, y en el que describía su trabajo poético como hermoso, poco comprendido y leído en México. En este texto, me gustaría profundizar más el asunto. Con ello, no quiero decir que la poeta no tuviera sus lectores y que no fuera publicada por prestigiosas editoriales en su país. Hay que recordar que la primera edición de Migraciones —ya con ese título definitivo— apareció en el FCE en 1991. Una de las últimas versiones del poema fue publicado por MaNgOs de HaChA en 2017, lo que supuso el reconocimiento de editores y poetas de otras generaciones a este poema. Ahí también se unió la crítica. Hay una atenta cofradía hermenéutica que ha desmenuzado Migraciones; entre ellos, Raúl Dorra, Tania Favela y Jacobo Sefamí. No obstante, tengo la sospecha de que la potencia, versatilidad y calidad de su trabajo poético no ha sido debidamente aquilatado por los lectores mexicanos.

El desencuentro inmediato, como tantos otros casos de propuestas heterodoxas, se da con el típico problema de la recepción y los horizontes formales con los que muchas veces se lee poesía en ciertos círculos y tradiciones. ¿Por qué Migraciones no ha sido leído con entusiasmo y cuidado como se hizo en Chile? La respuesta está en la diversidad crítica con la que se están recibiendo los proyectos de escritura. Mientras que en Chile Raúl Zurita, uno de los poetas más leídos y celebrados al día de hoy, escribió literalmente en el cielo y en el desierto —y esas fotos se integran en las páginas de sus antologías y libros impresos—, en México aún se lee la obra zuritiana como “experimental” o “performance”, y no como texto poético. La crítica de poesía mexicana avanza con lentitud en el ajuste y reajuste de sus categorías creativas y, salvo poquísimas excepciones —por ejemplo, el rescate del “arte nuevo” y las poesías de Ulises Carrión—, se sigue pensando que la escritura de poemas consiste, entre otras cosas, en dominar cierto rigor formal, economizar la expresión y explotar tópicos que supuestamente resultan más adecuados para el universo poético.

El trabajo de toda una vida plasmado en Migraciones no hace este tipo de “experimentos” zuritianos; sin embargo, la anomalía está en otro rasgo esencial: la enunciación del poema interminable. La crítica de poesía mexicana no supo cómo digerir un poema que no tiene punto final. Si se tratara de un poema inacabado o de un borrador, hubiese sido más sencilla la aproximación y, probablemente, la crítica genética se hubiese pronunciado. El caso de Gervitz es distinto. ¿Cómo se iba a leer críticamente un libro de poesía que no es una entrega última? ¿Acaso no publica el escritor para decir “he acabado”? Estas preguntas no solo pesan sobre las diferentes versiones publicadas de Migraciones en un poema único, gracias a su manera de escribirse y comunicarse; hay otros casos que han corrido con la misma suerte.

Migraciones es un texto incomprendido por ser, en primera instancia, un poema interminable. Dentro de la poesía mexicana me gustaría traer a colación dos ejemplos más que coinciden medianamente con el marco generacional de Gloria Gervitz. Max Rojas (1940-2015), quien, después de lustros de no escribir un verso, emprendió una empresa descomunal con la escritura de Cuerpos, poema que me gusta imaginar como el más largo en nuestra lengua. De acuerdo con su autor —quien acuña la expresión “poema interminable” para dar cuenta de su trabajo—, en 2009 abandonó el poema porque se hartó de él. Incluso advierte: “Quien lo desee puede seguir escribiéndolo”. Llega a confesar que, en un momento, el poema lo tomó como “mero escribiente”. En ese trance, los progresos de Cuerpos fueron publicados por la AEMAC y varias editoriales independientes para “finalmente” quedar en una edición de Conaculta en 2011. La edición de 651 páginas sería apenas la primera entrega de otros tomos del poema, cuestión que no prosperó por un supuesto incumplimiento de contrato por parte del entonces órgano desconcentrado.

Además del poema de Max Rojas, se puede observar el caso de Manuel Capetillo (1937-2008), quien desarrolló un proyecto en varios libros conocido como El final de los tiempos. Si bien no se trata de un solo poema, para su autor constituían una sola obra, orquestada por varios registros y episodios. Al igual que Migraciones, en la escritura de Capetillo fluye una corriente de poesía religiosa con simbolismos actualizados, aunque desde el dogma católico. La obra es “interminable” y corresponde en su estructura al devenir de un mundo cíclico. La entrega más reciente al público de El final de los tiempos se dio con Santo Sacrificio (2019), poema de largo aliento publicado por Proyecto Literal que fue recuperado de un manuscrito. Quedan todavía pendiente la tarea de arqueología digital para salvar muchos libros inéditos contenidos en disquetes de 3 ½ o perdidos en la web. Otros se lograron imprimir, pero circularon en pequeñas ediciones de autor.

Las escrituras poéticas de Gervitz, Rojas y Capetillo son interminables y, por eso, resultan incómodas para los lectores acostumbrados a los modelos de producción de poesía mexicana, donde el poema se concibe como una pieza literaria que forzosamente tiene un principio y un fin. El poema que no finaliza con un verso para “rematar la composición”, se cataloga ante la duda como un “experimento”. Esto es consecuente con la política cultural mexicana, implícita en premios y becas. El proyecto debe estar plenamente delineado y el producto tiene que ser definitivo: libro de poesía o poemario. Además, hay que cumplir con una tendencia dirigida a la brevedad. Los libros largos —y, más aún, interminables— son un error de técnica y desarrollo del fenómeno poético. Hay en todo ello un mandato de estreñimiento expresivo e imaginativo que impide a muchos creadores, críticos y jurados abrirse a una lectura seria del trabajo de poetas como Gervitz, debido a la ausencia de herramientas de análisis o a la permanencia de un modo “correcto” de hacer poesía. Esto explica, quizá, por qué Migraciones no fue galardonado en México y sí en Chile, donde Gervitz se hizo acreedora al Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2019.

El poema interminable desata otro problema con las directrices de la crítica de poesía mexicana. En la lógica tradicional y oficial, es deseable que el poemario o el libro de poesía trate uno o varios tópicos, insertándose —para el caso de Migraciones— en la tradición de los grandes temas religiosos, sensuales y metapoéticos desarrollados por Octavio Paz, David Huerta, Rosario Castellanos y José Emilio Pacheco, entre otros. Migraciones es un poema que crece de en medio —“ha crecido de la panza”, dice Gervitz, en alusión reproductiva— y, tras esa vida fecundadora de versos e inflamación discursiva, los temas quedan a la deriva. No se trata de un descuido o una falta de tratamiento de tópicos o loci previstos en la historia de la poesía occidental. Todo lo contrario: el poema ha crecido tanto para centrarse en unos cuantos temas o trabajar a detalle su posible anécdota. La preocupación temática queda eclipsada por una preocupación más honda y a la vez palpable, es decir, aquella que tiene que ver con la vitalidad de la escritura misma. La urgencia del asunto rebasó cualquier tema. Por eso, la escritura dinámica de Gloria Gervitz es interminable en otro aspecto: se resiste a quedar fijada en un libro postrero, aunque su autora no se encuentre más entre nosotros.

 

Manuel de J. Jiménez - Detalle del autor - Enciclopedia de la Literatura en  México - FLM - CONACULTA


Manuel de J. Jiménez / Ciudad de México, 1986. Poeta, ensayista y académico. Compiló, junto con Gerardo Grande, Astronave. Panorámica de poesía mexicana (1985-1993) (UNAM-UANL, 2013). Sus libros más recientes son Savant (Sol Negro, 2019) e Interpretación celeste (Litost, 2019).