19 septiembre, 2022

¿Por qué todas las revoluciones provienen del cielo?

de Dafne Benjumea | Inéditos

 
Diluvia el día en pequeños copos de sol
(brillos acelestados, pronombres caídos, salvajes
sobre la tierra). Se cubrió
el campo de azules y magentas,
no nieve no agua no mar en los verdes amazónicos
en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:

        un ventanal lejano entre lo aéreo y lo fogoso
        un timbal de futuro (fraternal invierno)
        sedoso reverbera el cerezo abatido

El rasgo astral de primavera demora
su salida, animales alzan sus orejas,
nacen del vientre.

        Realmente

Diluvia la tierra en pequeñas dagas veloces dagas verdemar.
Alumbró la noche finas esmeraldas,
sí hierba sí árbol sí flor en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:

        un aluvión de senderos en atlas descosido
        una apertura al origen (difuso verano)
        sensible reverbera la luna selvática

El rasgo astral de primavera se conmueve,
animales alzan sus orejas,
vibran el vientre.

        ¿Por qué?
                    ¿por qué todas las revoluciones provienen del cielo?

Un lince o carpa o niña observa
cómo los mensajeros se descuelgan del cosmos.

Quieren saber 
                          del bosque
sus secretos,
              buscan del bosque
sus secretos,
alguna explicación de manos grandes,
blanco lechuza, gemido o redención,
resolver misericordiosamente (y en voz baja)
el conflicto de mil océanos.

Pudieron cambiar el sentido                                       y lastimar a sus reinas.
Pudieron entrar en silencio                                         y llevárselos a todos.
Pudieron permanecer para siempre                          “siempre”.

Pues quieren tocar,
        solo saber:

                        ¿Por qué todas las revoluciones provienen del cielo?

Todos los días
llaman a las puertas del mundo.

Una anciana de piel durazno, caimán,
las abre [su presencia: el tiempo (o cómo mira el tiempo)]:

― ¿Qué queréis?
― la h.
― ¿Qué sabéis?
― la x.
¿Algo más?
― Que salgas a jugar.

Eléctricas
                rugientes
                            ágiles
                                            sus risitas.

Desaparecen sobre la sierra
como un brillo de su lago.

Y aquellos copos en el fluido entienden de fe.
Y el copo más luz que agua entrega
su cuerpo (transformaciones).
Unos ciervos que lo oyen, beben, dan fe.
Templados se asemejan a lo incierto, muy despacio
acarician las estrellas con sus astas,
ellos tan ellos que duermen.

Palpitan corazones o es el cielo.

[…]

 

I

Las sámaras agitadas
parecen disgustadas
toman su tiempo al
           caer

y entre vaivenes
y vaivenes                                          
           cabeceo:
deseos
           bajo
el ala

hasta que me entrego sierva
decisivamente
           a ti

Sin embargo
no pienso
únicamente
           en ti

(¿Seré lapidada o desterrada?)

Tras el cristal
ya espío
a las sámaras besar el suelo

y a su vez el índigo furioso de las nubes crece que crece
el trozo de pan sobre la mesa

pues me entregué (ni me
meciste)

Quiero ser la mejor versión de ti

Quiero ser la mejor versión de ti
pero yo sé que ya eres

 

II

El álamo alamea
el peral y sus hijillas (qué frutillas)
estos arbolitos por su nombre

Sus sombras no es nombre
no me cubren
entonces cogí la manzana
(lloraba y lloraba)

hendí incisiva
incisivos sobre la
fruta la humedad
de la fruta

el rabillo en la tierra
sus semillas en la tierra
y de ella nacieron
hectáreas de colores
(qué colores)

Pensé en la tilde de álamo
y luego pensé que álamo puede venir de alma
o al menos
se asemejan

Que por allí vienen los petirrojos
tan ninfos y orgullosos
que se comen las bayas que planté
y me dejan sola
sin hijillos

Entonces mi nombre se agranda
me cubre como sombra
como un campo de secano
como el sol
en el secano

Es mi vientre esta llanura

y digo
¿de qué manera decirte?

Ya en la urbe
me animo
        me agito
nerviosa
y te observo

La cascada del grifo me convierte
en lo que soy
pues ¿quién soy?

Creí que bajo la luz mis árboles crecerían
que bajo la luz crecerían alto
que bajo la luz más fulgorosa se elevarían
pero
qué va
no crecen
yacen calcinados
sin pliegues
ni bifurcaciones secretas

Entonces mi corazón triste
tigre abuelo que palpa las alas de los buitres
y a la palabra antaño
se pregunta

 

*  Poemas pertenecientes al libro Desde la hierba (2021).

 


Dafne Benjumea / Marchena, Sevilla, España, 1993. Poeta y profesora de Lengua castellana y Literatura. Fue editora de la revista Oculta Lit. Poemas suyos han sido publicados en revistas literarias como Heterónima, Nayagua, Anáfora, Kokoro, Thalamus Magazine, Ligeia, Caracol nocturno, entre otras, y en antologías como Puentes poéticos: Escritoras jóvenes de Argentina y España (2018). Publicó su primer libro, Desde la hierba, en 2021.