Una forma opulenta sin función

Despierto a la posibilidad de mi no tener esa hidrosfera,/ el lado más brillante de mi claroscuro alentándome a la pasiva recepción./ No hay rima que encaje con mi grito:/ mi grito es siempre mezquino, espadas cruzadas, un doble claroscuro,/ un sombreado a rayas de confianzas./ Lo normativo es pedagógico, / pero solamente en alto, alto relieve…

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Oh inconsciente, ociosa vida

Oh inconsciente, ociosa vida /
conducida así, ya de otra forma /
subordinada por la cobardía /
corrupta por el “deber ser”. /
El armazón crustáceo /
repunta en cada nervio delicado. /
Las patologías mentales se endurecen /
en la costumbre y la reserva…

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Cardos y lluvia: poesía escocesa contemporánea

Se dice que Escocia, nación adusta y procelosa para los romanos y casi por igual para sus vecinos del sur, empezó a asumirse como extensión de la nación inglesa cuando su rey Jacobo VI, en 1603 y tras la muerte de la reina Isabel I, se convirtió en Jacobo I de Inglaterra e Irlanda. Sin querer, este punto de la historia escocesa podría ilustrar, varios siglos después, los procesos que bullen tras la famosa máxima del lingüista Max Weinreich: “Una lengua es un dialecto con ejército y marina”. Sobra decir quizá que la lengua inglesa lo era; la escocesa, no. La esplendorosa tradición medieval de los llamados seguidores escoceses de Geoffrey Chaucer, o Scottish Chaucerians —además de una antiquísima oralidad autóctona— estaba destinada a la fusión idiosincrática y lingüística con la de un país más poderoso, más rico y, dirían algunos en su momento, más culto y moderno. Los idiomas escoceses comenzaron a sentir como nunca la tensión ocasionada por la convivencia de dos posturas: la nacionalista, determinante del uso del scots y sus variantes, y la histórica, que promueve la presencia del ynglis, una forma dialectal más cercana al inglés. La lengua y los cantares celtas habían creado ya, por otra parte, una resistencia muy distinta…

Casi al mismo tiempo que T. S. Eliot clamaba, en 1919, que no había “distinción evidente que pueda trazarse en estos momentos entre las dos literaturas”, el escritor nacionalista Hugh MacDiarmid (cuyo nombre verdadero era Christopher Murray Grieve) decidió que, por el contrario, la escocesa y la inglesa no eran tradiciones siamesas y que, además, debían ser separadas de una vez por todas con el acero de la poesía. Él fue uno de esos poetas que demostrarían que otro de los aforismos de Eliot, aquel que rezaba “La base de una literatura es una lengua”, era de hecho verdadero, aunque en sentido contrario a la idea que el poeta anglo-americano había concebido para unificar el vasto corpus poético de Inglaterra, Escocia y hasta Irlanda. La poesía en scots de MacDiarmid y sus contemporáneos, enfundada en la armadura de emblemáticos bardos escoceses de antaño como William Dunbar y Robert Burns mismo, irrumpiría en la conciencia nacional de muchos otros escritores que darían pie a un verdadero renacimiento del verso escocés.

El poeta Edwin Muir dijo alguna vez, refiriéndose a Escocia: “Esta es una tierra difícil”. Lo es no solo al intentar definir su propio carácter, sino también al reconocer las contrariedades y la generosidad de su naturaleza, de su entorno y de su clima. ¿En verdad es Escocia cardos y lluvia? Podemos decir que lo es, aunque desfachatadamente quizá podamos agregar que también es páramos y niebla, gaitas y lana, whisky y tartanes, nacionalismo y dependencia. Así lo reconocen MacDiarmid y Muir, Carol Ann Duffy y Tracey Herd, Maud Sulter y Tom Leonard. Clichés aparte, Escocia es también una constante lucha del individuo, del pueblo, contra las inclemencias del tiempo, contra lo abigarrado de la orografía, contra el aislamiento y la soledad, contra los embates del amor o el desamor.

He aquí un ramillete que reúne unas pocas flores de la vasta pradera poética escocesa. Son ellas las flores del cardo, cortadas con el filo del verso y traducidas por el Seminario Permanente de Traducción Literaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la participación de Pura López Colomé.

—Mario Murgia

 

KEN COCKBURN
(1960)

Una flor para Federico García Lorca

Casa-Museo Federico García Lorca, Fuentevaqueros, Granada

Los visitantes con maletas, mochilas,
y otros objetos de gran tamaño
no se admiten.

Se puede tomar fotos en el patio,
pero no dentro de los cuartos.

Se prohíbe fumar en los cuartos de la casa.
Sin embargo sí se puede en el patio si se usan ceniceros.

No se permite comer dentro de la casa,
aunque los visitantes pueden beber agua fresca en el patio.

Años de silencio

una maceta de geranios

recuerdan su risa

“En este pueblo tuve mi primer ensueño de lejanía.
En este pueblo yo seré tierra y flores.”

Traducción de Flora Botton-Burlá

 

A Flower for Federico García Lorca

House-Museum Federico García Lorca, Fuentevaqueros, Granada

Visitors carrying suitcases, rucksacks,
and other objects of big size,
are not admitted.

Photographs may be taken in the patio,
but not inside the rooms.

Smoking is forbidden in the rooms of the house.
However they may do so in the patio provided they use ashtrays.

Food is not allowed inside the house,
though visitors may drink fresh water in the patio.

Years of silence

a geranium flowerpot

remember his laughter

‘In this town I had my first dream of remoteness.
In this town I will be earth and flowers.’

 

JACKIE KAY
(1961)

Amor tardío

Cómo se pavonean, los enamorados,
qué altos se yerguen, satisfechos de sí mismos,
el pelo brilloso, la piel radiante.
No recuerdan quiénes han sido.

Qué cinematográficos son por esta única vez.
Qué importantes se han vuelto –secretos, por encima
del orden de las cosas, la monótona cotidianeidad.
Cada campanada que suena, un nuevo signo.

Qué sosos los que no están enamorados.
La ropa gastada, la piel sin lustre;
qué perdidos están, el pelo un desastre; con qué penoso andar
recorren las calles bajo la lluvia,

recordando un beso en un callejón oscuro,
una caricia en un vestidor, con suerte, una deliciosa espera
a que suene el teléfono, maybe, baby.
El pasado con su oleada de terciopelo, su rumor secreto

ya muy lejos, desvaneciéndose ahora en la tarde.

Traducción de Charlotte Broad

Late Love

How they strut about, people in love,
how tall they grow, pleased with themselves,
their hair, glossy, their skin shining.
They don’t remember who they have been.

How filmic they are just for this time.
How important they’ve become – secret, above
the order of things, the dreary mundane.
Every church bell ringing, a fresh sign.

How dull the lot that are not in love.
Their clothes shabby, their skin lustreless;
how clueless they are, hair a mess; how they trudge
up and down streets in the rain,

remembering one kiss in a dark alley,
a touch in a changing-room, if lucky, a lovely wait
for the phone to ring, maybe, baby.
The past with its rush of velvet, its secret hush

already miles away, dimming now, in the late day.

 

VALERIE GILLIES
(1948)

Nos volvemos a encontrar

Por primera vez en siete años
nos encontramos.
Tu hijo le dice a mi hija
“Odio a las niñas: vete”.
Ella sonríe con su sonrisa formidable.
Las Parcas enredan su hilo en un torzal.

Esperarán.
Mientras él se columpia en su cuerda de tarzán
o lanza una nueva carnada al mar,
ella se apartará de sus hermanos
hasta que pueda hacer que este muchacho
busque la tierra de donde vino.

¿Quién recordará el día de hoy
cuando descubran
su propio edén sorprendente?

Traducción de Eva Cruz Yáñez

 

We Meet Again

For the first time in seven years
we meet.
Your son says to my daughter
‘I hate girls: go away.’
She smiles her formidable smile.
Fates get their yarn in a twist.

They’ll wait.
While he swings on his tarzan rope
or casts a new lure in the sea,
she’ll hang back from her brothers
till she can make this fellow
look for the land he first came from.

Who will remember today
when they discover
their own surprising eden?
As, in the pretty far back,
once it was you and me.

 

CAROL ANN DUFFY
(1955)

San Valentín

No una rosa roja ni un corazón de satín.

Te doy una cebolla.
Es una luna envuelta en papel de estraza.
Promete luz
como el lento desvestirse del amor.

Toma.
Te cegará con lágrimas
como un amante.
Hará de tu reflejo
una foto borrosa del dolor.

Estoy tratando de decir la verdad.

No una tarjeta linda ni un besograma.

 Te doy una cebolla.
Su beso ardiente se quedará en tus labios,
posesivo y fiel
como somos nosotros,
mientras lo seamos.

Tómala.
Sus aros de platino se reducen a un anillo de boda,
si eso quieres.
Letal.
Su aroma se pegará a tus dedos,
se pegará a tu cuchillo.

Traducción de Marina Fe

 

Valentine

Not a red rose or a satin heart.

I give you an onion.
It is a moon wrapped in brown paper.
It promises light
like the careful undressing of love.

Here.
It will blind you with tears
like a lover.
It will make your reflection
a wobbling photo of grief.

I am trying to be truthful.

Not a cute card or a kissogram.

I give you an onion.
Its fierce kiss will stay on your lips,
possessive and faithful
as we are,
for as long as we are.

Take it.
Its platinum loops shrink to a wedding-ring,
if you like.
Lethal.
Its scent will cling to your fingers,
cling to your knife.

 

NORMAN MACCAIG
(1910-1996)

Sin opciones

Pienso en ti
de tantas maneras como llega la lluvia.

(Estoy llegando, a medida que envejezco,
a odiar las metáforas: su precisión
y su insuficiencia).

A veces estos pensamientos son
una humedad que apenas cae, no hay
nada más suave:
a veces un chubasco que tamborilea, una
agitada limpieza profunda de la mente:
a veces, un aguacero que inunda.

Estoy llegando, a medida que envejezco,
a odiar la metáfora,
a amar la suavidad,
a temer los aguaceros.

Traducción de Mónica Mansour

 

No Choice

I think about you
in as many ways as rain comes.

(I am growing, as I get older,
to hate metaphors – their exactness
and their inadequacy.)

Sometimes these thoughts are
a moistness, hardly falling, than which
nothing is more gentle:
sometimes, a rattling shower, a
bustling Spring-cleaning of the mind:
sometimes, a drowning downpour.

I am growing, as I get older,
to hate metaphor,
to love gentleness,
to fear downpours.

 

TOM LEONARD
(1944-2018)

El juego de Simón

trece pinches años con ellos y
ni un día libre
nomás lo corrieron, chingá
ni una semana le dieron
lo corrieron
así nomás

deja te digo, mano
si yo fuera Scot Symon
les diría que se metan su equipo
todo el puto equipo por donde ya saben
eso mero

un pinche escándalo eso es lo que es
un pinche escándalo

da asco

Traducción de Mario Murgia

 

Simple Simon
 
thurteen bluddy years wi thim ih
no even a day aff
jiss gee im thi fuckin heave
weeks noatiss nur nuthin
gee im thi heave
thats aw

ahll tellyi sun
see if ah wiz Scot Symon
ahd tell thim wherrty stuff thir team
thi hole fuckin lota thim
thats right

a bluddy skandal thats whit it iz
a bluddy skandal

sicken yi

 

ANGELA MCSEVENEY
(1964)

El bulto

Dando vueltas en la cama
una calurosa noche de junio
acuné mis pechos con los brazos
y sentí un duro nudo de tejido.
Tenía quince años.
La vida me subió hasta la garganta
amenazando con ahogarme.
Tres veces intenté decirlo a mi madre.
Prometió que mi cita sería
Con una doctora.
Una enfermera dijo mi nombre.
No tenía cáncer.
La sutura en mi piel me recordaba
un pollo dispuesto para el horno.
Me avergoncé
de que el primer hombre en mirarme
sólo estuviera haciendo su tarea.

Traducción de Federico Patán

 

The Lump

Rolling over in a hot June night
I cradled my breasts in my arms
and felt a hard knot of tissue.

I was fifteen.
My life rose up in my throat
and threatened to stifle me.

It took three attempts to tell my mother.
She promised that my appointment would be
with a woman doctor.

A nurse called my name.
I didn’t have cancer.

The stitches in my skin reminded me
of a chicken trussed for the oven.

I felt ashamed
that the first man to see
me had only been doing his job.

 

ALASTAIR REID
(1926-2014)

Escocia

Era un día especial en esta parte del planeta,
las alondras se alzaban cantando en largas hileras
y el aire cambiaba al ritmo de un brillo de ángeles.
El verdor penetraba el cuerpo. Los pastizales
temblaban rebosando presencias, y la luz del sol
permanecía como aureola en el pelo entre brezos y cerros.
Camino al pueblo vi, con su reluciente impermeable,
a la mujer de la pescadería.  “¡Qué día tan bello!”,
exclamé, como un demente insolado.
Y ella, ¿qué podría responder? Frunció el ceño,
sombríamente. Sus ancestros enfurecían en las tumbas,
mientras ella prorrumpía, a tono con una miseria de siglos:
“¡Pagaremos por ello, vaya que sí, lo pagaremos!”

Traducción de Pura López Colomé

 

Scotland

It was a day peculiar to this piece of the planet,
when larks rose on long thin strings of singing
and the air shifted with the shimmer of actual angels.
Greenness entered the body. The grasses
shivered with presences, and sunlight
stayed like a halo on hair and heather and hills.
Walking into town, I saw, in a radiant raincoat,
the woman from the fish-shop. ‘What a day it is!’
cried I, like a sunstruck madman.
And what did she have to say for it?
Her brow grew bleak, her ancestors raged in their
Graves
as she spoke with their ancient misery:
‘We’ll pay for it, we’ll pay for it, we’ll pay for it!’

 

 

* Selección tomada de Cardos y lluvia, antología de poesía escocesa contemporánea (coordinación y prólogo de Mario Murgia, Publicaciones y Fomento Editorial, UNAM, 2019).

El amor es mi mano izquierda

El amor no quiere este cuerpo,
esta boca, estas fauces abiertas, desdentadas

& que no son del hijo de nadie.
El padre se murió & yo me volví nadie.

En yoruba, un padre es un nombre &
la mano izquierda es tabú. No se puede

ofrecer agua con la izquierda o dormir
boca arriba.

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La réplica de un arte fútil

Versión y presentación de Hernán Bravo Varela.

 

Autor de la primera novela picaresca en lengua inglesa (El viajero desgraciado, 1594); amigo de Cristopher Marlowe, colaborador de Ben Jonson en la escena dramática y probable contribuyente de la primera parte de Enrique VI, de Shakespeare; agudo escritor de sátiras y libelos, Thomas Nashe vivió apenas 34 años, lo cual no impidió que sus panfletos políticos, religiosos y literarios —considerados entre los mejores de la época isabelina por su brillante inventiva y explosiva prosa— prendieran fuego en la Inglaterra del siglo XVI.

Menos conocida que el resto de su obra, la poesía de Nashe tuvo por propósito, de acuerdo con el crítico Reid Barbour, “la reforma moral, pero solo la elocuencia, fortalecida por la experiencia y el aprendizaje, puede llevarla a cabo. El orador o poeta debe navegar los extremos de la brevedad y la ligereza, pero siempre ‘persuadir a fondo sobre un punto, antes que enseñar muchas cosas de manera desperdigada’”.

Última voluntad y testamento de Sommers (1600) —irónicamente, última voluntad y testamento del propio Nashe como dramaturgo— fue escrita en octubre de 1592, mientras el autor se recluía en el palacio de Croydon, a salvo de la peste bubónica que asolaba a Londres. De ella se desprende “Una letanía en tiempos de plaga”, pieza que figura en buena parte de las antologías históricas de la poesía inglesa y que, en estos días y meses, ha adquirido una estremecedora actualidad.

—Hernán Bravo Varela

 

Una letanía en tiempos de plaga

Adiós, adiós, deleite de la tierra.
En este mundo nunca hubo certezas.
Cuán gratos y lascivos los juguetes
de la vida; no son así en la muerte
—de sus dardos no pueden escapar.
Debo morir, enfermo estoy del mal.
    ¡De nosotros apiádate, Señor!

Pudientes, no confíen en su riqueza:
no comprarán salud con oro y gemas.
Ha de desvanecerse el mismo cuerpo.
Las cosas fueron hechas con un término.
La plaga avanza sin mirar atrás.
Debo morir, enfermo estoy del mal.
    ¡De nosotros apiádate, Señor!

No es sino una flor esta hermosura
que será devorada por arrugas.
La luz viene del aire de allá afuera.
Han muerto reinas jóvenes y bellas:
el polvo cubrió a Helena sin cesar.
Debo morir, enfermo estoy del mal.
    ¡De nosotros apiádate, Señor!

A la fuerza la abate el cementerio;
gusanos se alimentan del gran Héctor.
La espada no se empuña con destino.
La tierra deja abiertos sus postigos.
El campanario gime «Ven acá».
Debo morir, enfermo estoy del mal.
    ¡De nosotros apiádate, Señor!

Con su perversidad, probó el ingenio
el amargo sabor de los que han muerto.
El verdugo infernal no tiene oído
para poder oír aquello mismo
que el arte fútil puede replicar.
Debo morir, enfermo estoy del mal.
    ¡De nosotros apiádate, Señor!

Recibe, entonces, cada honor aprisa
para dar a los hados bienvenida.
El Paraíso es nuestro patrimonio;
la Tierra, el teatro en el que actuamos todos.
Que ascienda al cielo nuestra humanidad.
Debo morir, enfermo estoy del mal.
    ¡De nosotros apiádate, Señor!

 

A Litany in Time of Plague

Adieu, farewell, earth’s bliss;
This world uncertain is;
Fond are life’s lustful joys;
Death proves them all but toys;
None from his darts can fly;
I am sick, I must die.
    Lord, have mercy on us!

Rich men, trust not in wealth,
Gold cannot buy your health;
Physic himself must fade.
All things to end are made,
The plague full swift goes by;
I am sick, I must die.
    Lord, have mercy on us!

Beauty is but a flower
Which wrinkles will devour;
Brightness falls from the air;
Queens have died young and fair;
Dust hath closed Helen’s eye.
I am sick, I must die.
    Lord, have mercy on us!

Strength stoops unto the grave,
Worms feed on Hector brave;
Swords may not fight with fate,
Earth still holds open her gate.
«Come, come!» the bells do cry.
I am sick, I must die.
    Lord, have mercy on us!

Wit with his wantonness
Tasteth death’s bitterness;
Hell’s executioner
Hath no ears for to hear
What vain art can reply.
I am sick, I must die.
    Lord, have mercy on us!

Haste, therefore, each degree,
To welcome destiny;
Heaven is our heritage,
Earth but a player’s stage;
Mount we unto the sky.
I am sick, I must die.
    Lord, have mercy on us!

Ahora comienza la guitarra

Mi padre pensó que era el diablo,
así que se comió un pastel de chocolate entero

—que mi madre había horneado—
glaseado y todo, no quedó una sola migaja

en el plato. Debes haber sabido,
le dijo a mi madre. Las voces

deben haberte ordenado hacerlo.
Un pastel de diablo, todo para mí.

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El polvo pregunta por ti

Tarde, octubre cansado, otro pasillo inmaculado
con las puertas con los nombres, palanganas pringosas
y ni un secreto, además del olvidado.
Vuelvo a tomar el ascensor y la silla de ruedas choca
con el metal de la voz, esta vez “nivel-habitaciones”.
Y bajamos, la anciana y yo.

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La cólera de los armiños

El armiño se parece a la comadreja, y por lo tanto a un vaso de leche caliente o, según los ingleses, a los tobillos de una muchacha castaña. Detesta las zona agrícolas, pasa los días en el agurejo de un muro, mirando el panorama inmóvil de los ríos que pasan. Junto a las paredes, arquea el lomo mucho más que los gatos. Un campesino, al encontrarse con dos ejemplares, hirió a uno de ellos a pedradas, para ser atacado luego en la nuca por el otro. A su grito, muchos otros salieron de los arbustos, y por poco el tipo no se quedó seco.

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Sin querer saber de la belleza

Oh ambiciones! Como quisera yo ser/
Un pobre bibliófilo parado/
Sobre el eterno folio desdoblado/
Y sin más en la consciencia que vivir

Podría la primavera florecer/
Y yo siempre sobre el libro reposado/
Sonreiría a un vetutos pasado/
De una moza medieval sin conocer

Yo no quitaría ni añadaría a la vida/
Nada para mi, ni un gesto mío daría/
Un gesto más a su profundo amor.

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Nuestra luna era un montón de huesos

Aunque estábamos a punto de sentir que la yerba /
iba a apresarnos los labios para siempre /
enseñábamos los dientes todavía y nos reíamos. /
Logramos aparentar el doble de edad /
y ya nadie va a poder raspar /
esas arrugas de nuestro historial /
cuando vengan a rasurarnos por última vez.

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