Lo único no tiene límite

el mundo no está terminado/ y cuando se levanta el viento/ nuestro rostro es distinto/ el amor deshace el amor/ para llegar a ser más que él mismo/ quien va a morir/ sabe que la belleza es inexorable/ yo miro tu aliento/ tú te evaporas/ lo oscuro del tiempo es una uña/ detrás del ojo/ habría que tener la boca cerrada/ hasta el comienzo del mundo

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Una canción para entonar en el más allá

Harto fecunda para los pocos años que cubrió su vida, la obra de Morgenstern buscó esa profundidad a través de distintos registros, uno de ellos su escritura aforística, pero casi siempre en formas poéticas fijas, que predominan en su obra y en las que él demuestra comodidad y dominio. Por ello sus críticos, como apunta Ernst Kretschmer, suelen dividir su trabajo entre los “registros serios” y los “lúdicos”.

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El espíritu del mundo

No vivo para mí, pero me vuelvo/
Parte de todo lo que me rodea /
Las montañas generan sentimiento,/
Tortura es el zumbido de ciudades:/
Nada detesto en la naturaleza/
Salvo ser eslabón de una cadena /
Verme clasificado entre criaturas, /
cuando el alma consigue así mezclarse/
con el cielo, la cumbre, los mares, las estrellas.

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Las peores palabras que nosotras las niñas llegamos a escuchar

Las peores palabras que nosotras las niñas llegamos a escuchar
fueron estas: “quien te llevó por mal camino fue Alegría”
—como si los muros de contención así se pudieran borrar.

Yo era chica, demasiado chica para lograrme percatar,
cuando nos dio aventón a Nebraska, que arrastraba las frases la tía
y luego las peores palabras que nosotras las niñas llegamos a escuchar

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También eso lo prevé la ley

Caminas. No hay nada/
en lo oscuro del bosque/
que no conozcas y que aun en la/
lumbre plateada no hayas visto antes./
Puedes cerrar los ojos/
y llegar a casa. Los árboles/
las matas, las huellas frescas/
de cascos en la arena./
Ya falta poco.

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Lo que amas a fondo

Recién nacida, no creo haber tenido /
ningún duelo que guardar./
Tal vez me hacía falta/
un abrazo tierno en esa noche musical,/
como el buen resguardo/
en la boca de un cantante,/
o me hacían falta las entrañas del cello,/
el interior de caballo y gato y madre,/
pero casi ni sabía que me hacían falta:/
mi mente, una zona sin falla,/
una luna sin huella humana.

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Cualidad y condición de lo que esplende

La elasticidad de crear/
va de la mano con la violencia. /
Plegar la energía del interior/
al exterior, manejar /
la fuente para suscitar imágenes./
Concatenar el jardín, /
injertar agua en la maleza, en la luz/
y hacer fotosíntesis del ego/
hasta que exuden de la cara los nutrientes,/
y las manos y la piel rezumen/
el acto de hacer algo.

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Vine a ti con el velo de mi carne

Yo estoy segura de que nada ahogará ya mi rima,/
el silencio lo mantuve encerrado en la garganta años/
como una trampa para sacrificios,/
llegó entonces el momento de cantar/
unas exequias al pasado

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La angustia del minuto que te espera

La plazoleta encajonada entre muros
está habitada por gatos que viven recostados:
son trapos en la hierba.
Tienen un aire distraído
y si los llaman no levantan la cabeza
como si arrastraran un dolor
solo ellos, que los demás no conocen.
En la base del tronco, aplastado contra la tierra,
un gato negro y rojo
se pierde entre las hojas oxidadas.

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