Abrazando al árbol se reproduce el ave

Una mujer mayor ama tal y como solo aman las mujeres mayores, redonda mirada en los condescendientes ojos, el final del túnel en el campo visual, luz. La puerta está abierta, el regazo ajado como fino papel de seda.

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Vino una diosa tierna

Con el viento del sur, vino una diosa tierna./ Mojó el bronce, mojó la fuente,/ mojó el pecho de la golondrina y sus plumas doradas./ Abrazó la marea, lamió la arena, se bebió los peces./ Mojó en secreto el templo, los baños, el teatro…

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Esperando el milagro

¿Cómo presentar a Elizabeth Bishop, sobre todo cuando estamos ante un puñado de poemas suyos? La consagración de los escritores, a veces, obra de maneras misteriosas. El caso de Bishop es particularmente misterioso. A pesar de sus premios y galardones, fue poco conocida en vida —John Ashbery llegó a definirla como “una poeta de los poetas de los poetas”—, y, solo después de su muerte, ganó cada vez más popularidad y lecturas.

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No tengo palabras para hablar del vértigo

No, no es fácil hablar de todo. Y en este caso/ bastan dos milímetros para cortar/ el tiempo como un cuchillo: dos milímetros más,/ dos milímetros menos, y todo cambia,/ luz u oscuridad, flor o sequía/ definitiva…

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Atrévete a saber

Hay un contraste aparente y una armonía profunda entre las dos primeras Epístolas de Horacio. En la primera (dedicada a Mecenas), el poeta afirma que no está tutelado por una escuela ni dispuesto a jurar por la palabra de maestro ninguno, y que se refugia adonde lo arrastra la tempestad; en la segunda (dedicada a Lolio), hallamos el magnífico lema sapere aude, “atrévete a saber”, que al mismo tiempo interviene en el debate filosófico coetáneo y lanza al porvenir un mensaje que no será desoído.

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Diamantes del insomnio

No sé jugar con máscaras, amigos.
Amo demasiado las palabras nuestras
de muchos labios de ceniza, grito y llama.
No me sirven para hacerlas hábil disfraz
de unos pocos pensamientos claros
ni para construirme, en árboles de misterio,
nidos de sueños remotos.

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La sangre explotó dentro de ti

Ahórrense sus felicitaciones y sus flores/ Mi bebé está dándose un baño de sol en la luna/ Y con la eterna luz azul ella brilla/ En su casa transparente, con persianas/ Ahórrense sus saludos cordiales y visitas/ con donas y besitos/ Ahórrense sus cositas de nada que suman nada…

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El conductor de tranvías metafísico

Se creía en Milán que el ver
un hombre en el umbral de casa
yendo a misa el primero de enero
era señal de próspero futuro.
Eran figuras negras de abrigos
inciertos en la niebla matutina
echarpes blancos, sombreros, lánguidos y duros
repiques de bastón, pasos lejanos.

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Manos

una mujer con un vestido rojo está en el medio de la calle con una pancarta. completamente sola. paren el asesinato. flamea la tela entre los coches. lluvia en las calles. humedad en el aire. oscurecimiento de un liderazgo. no el ingenio del humor. movimiento del mercurio. veloz aumenta. treinta observadores de paz. dieciocho muertos. un día. durante un día. durante la tregua. vieron el arma atravesar el acero.

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El hombre de mierda

Y entonces-------conocí-------a una persona-----que era un hombre de mierda-----hecho todo de mierda------me miraba con sus ojos de mierda------unos ojos marroncillos----porque el agua de sus ojos de mierda…

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