16 septiembre, 2019

La soledad es la sangre de un caballo que pasa

de Javier Bello | Inéditos

Breve historia natural

en la oscuridad en el agua hay un pensamiento que brilla
sin esclavo la llama sofoca la pintura se fuga de noche los restos hacen relucir lo evidente
murmullos nudos implementos un rubio espectáculo para las gaviotas
que espían desde el acantilado los ojos de los grumetes

nada que decir ni el enfermo ni el rey ni henry david thoreau
abandonan la mirada en el último cuenco el cuenco
el genital el arroz la sordera el opio de la desobediencia civil las alimañas
entran a clase el filósofo cierra las puertas del bosque

dice que en la oscuridad en el agua hay un pensamiento que brilla
libera los elementos abstractos de lo negro y lo blanco
voy a dejar que respire por mis narices voy a dejar que el cuadrado negro descanse
en paz en la oscuridad en el agua

sin mirarse las manos la arruga de los pies sin respirar siquiera
el vestigio salta con frenesí larvario libera el camino hacia las olas más allá
la huella lleva al camino lleva al enfermo al traje al mar de los caminos
la tierra rayada por la primavera escoltada por grumetes por sauces

sin nada que decir sin luz sin aposento dejaron este mundo
la vaca la lechuza el ciempiés el ángel el esclavo
sudan y se van el caballo doblegado investiga la carta blanca varela
está más cerca de lo que parece

o no dices tú en la oscuridad en el agua

 

Bitácora del reino

filtraste a los hombres en la luz en la arena
el testimonio arrugado del gallo y el pie
no todos se quedaron allí la mano perdida el grillo el alelo
un solo rostro bajo el turbio follaje las mujeres parecían animales
parecían campanas crujían en la caja del príncipe en los alrededores
equidistantes del reino del ser el cadáver con todas sus maneras
cojas ateridas saluda a los ejércitos de terracota desagua
contra los implementos la polvareda manchas en la pared
la raíz ejecuta los dedos la tierra no se hace esperar
a veces llora a solas a veces tras las tablas hay ahogado hay ceniza
lo sé siéntate conmigo en la cabaña el reino está vivo la estatua
no es hombre ni mujer un centinela para las olas muertas
rueda cuesta abajo como el frío en el pez hay luto en los listones
hay epítetos breves mitocondrias candados entonces aparece la esfinge
el eco las hermanas vienen entonces a decir no sé qué
la interna gira entre los hemistiquios la comisura del bosque el envés
esa sustancia ciega hinchada de suspiros que al decir no sabe
un demonio en pleno uso de sus facultades espejo
con hambre y centurión como si el mundo nunca acabara de existir

 

Última noche

recordamos la natura como antes de tener que recordarla
un árbol negro solo inmenso contra un fondo ignominiosamente malva

 

Mujer y gaviota

dice lo que hace hace con los gorriones un collar
un tubérculo negro donde a la tarde viene a llorar malevich
se come el tiempo se come los colores lo que sigue en pie
había visto un perro en la cabaña de su madre
negro el modelo la madre del modelo la ciudad
lo hace con la sonrisa de los muertos lo que hace se arrepiente de él
la estrella de palo del espíritu de palo el imperfecto duda
a partir de una colilla en el jabón la policía pregunta a los vecinos
dónde dijo que iba dónde irá a parar el cubo negro
se persignan hacen que no saben alguien piensa
la soledad es la sangre de un caballo que pasa
cuando venga la revolución van a pasar cosas relativas
al hilo negro encías afeitadas como huesos lo dijo
nadie antes de nacer esas cosas pasan
hay rojo hay negro detrás del rojo oh clausura
hace lo que dice el cristal

 

Isla Quiriquina

I

la luna
un objeto encontrado
se hunde en el pulmón
del cuerpo calcáreo;

abre la boca
de la vena que escampa
galvaniza
el último sentido de la tierra;

dice
no queda nada
más que el dedo, la aguja
al alisar el pelo de los bosques;

la sirena
ahoga a los extraños
en la recta final
la tortuga quemada;

la bocacalle
la escotilla donde los marinos maman
en mi ausencia
juega el papel del muerto.


II

sedada la abrieron
en canal
le susurró al oído: tu interior
es una escuela de rosas;

maniatada
vendada
los marinos
la habían arrastrado desde el puerto;

dice
aquí no hay nadie
su interior
es una escuela de rosas.


III

bajo el portón del regimiento
los marinos
dejan dos cabezas
secando;

se miran sin ver
ojos rasgados en su cuna;
patean el calor
los globos duros

como cielos de mármol;
sin ninguna piedad
las orejas vacías
ruegan por un sustituto;

los marinos mean
la arpillera, la sombra;
las ramas torvas
se estiran como señuelos;

en los galpones olor Amarillo
salivan los difuntos;
cúbreme
bajo el portón del regimiento.


Javier Bello / Concepción, Chile, 1972. Ha recibido la Beca para la Creación Poética Joven de la Fundación “Pablo Neruda”, el Primer Premio de Poesía en los “Juegos Florales Gabriela Mistral”, el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez y el Premio Pablo Neruda, entre otros. Ha publicado los libros de poemas Exhumación de la fábula (2016), Los grandes relatos (2015), Estación noche (2012), Espejismo (2010), letrero de albergue (2006), El fulgor del vacío (2002), Las jaulas (1998), La rosa del mundo (1996), La huella del olvido (1989) y La noche venenosa (1987).