Nombres que me gustan para plantas que me gustan

Las personas saben el nombre de las plantas y/
yo no sé el nombre de ni una sola./
Las personas no saben el nombre de las plantas y/
yo sé los nombres de unas cuantas. /
Es por eso que yo se los puse,/
nombres que me gustan para plantas que me gustan.

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La belleza que huye a primera vista

“Regreso cada día a los fuegos de estación./
Y me retuerzo contra el tiempo que me tuerce/
el cuello: hoy se vuelve de pronto ayer/
hoja de diario que se arremolina/
en la alcantarilla, nieve hecha/
del mismo material que los sueños”.

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Como una ráfaga en una estancia cerrada

La niña que camina bajo los árboles/
no tiene más que el peso de su trenza,/
un hilo de canto en la garganta./
Canta sola /
y salta por la calle: porque no sabe /
que nunca tendrá un bien más grande/
que ese poco de oro vivo sobre los hombros,/
que esa alegría en la garganta.

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El fuego está dispuesto

Jeffrey Yang se dio a conocer en 2008 con An Aquarium (que traduje diez años después como Un acuario para la editorial española La Garúa), bestiario marino que incorpora personajes y referencias de lo más variopinto, desde Google al poeta chino clásico Jiang Kui, pasando por el naturalista francés Jean-André Peyssonnel, el poeta Kenneth Rexroth o el mismo Ezra Pound, uno de los genios tutelares de esta escritura.

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Ser paciente frente al encierro

Si los sueños también pudieran pagarse a meses,
quisiera primero pagar por adelantado por un poco de alegría, trabajo y amor,
en el extremo opuesto de la vida real
escuchar de nuevo y por completo una valiosa risa…
A menudo me paro frente a la ventana de la cocina reacio a dejar ir,
mirando a través de ella a un deseo que he guardado por mucho
mucho tiempo…

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Las mismas maniobras de siempre

Un cierto horror o un asco diminuto, aguzado: avispas/
(las avispas) machacan un corazón de pollo,/
frito, seco y con mordidas, pedacito de corazón (que los gatos/
dejaron en el suelo –/
Cómo me maltrata el lenguaje /
al describir/ nombrar, cómo se me impone su medida)

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El valle de las mariposas: un réquiem (2)

La mariposa y su lengua de imágenes/
sobrevive a través de aquello que hurta./
¿Por qué yo habría de ser menos hábil?/
Se calmaría mi angustia al vacío,/
de llamar mariposas a las almas/
y visiones de los muertos perdidos.

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Las crónicas oscuras de la muerte

Quizás un corazón aquí olvidado
yace que ardió con fuego esclarecido,
la mano que un imperio hubiese alzado
o la viviente lira estremecido.

Pero el Saber no abrió su libro vasto,
no le mostró el botín de las edades,
y la Miseria heló el venero casto
del alma entre sus secas soledades.

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El valle de las mariposas: un réquiem

Crecen grosellas y arbustos de musgo./
Sin importar las palabras que comes,/
la vida es mariposa del recuerdo./
Tendría que mirar y transformarme,/
conocer lo que muestra el Arlequín,/
fingir la necedad del universo.

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Un país lejano como la salud

Amor, el mundo
cambia de pronto, cambia de color. La luz de la farola
segmenta en dos las vainas del laburno,
esas colas de rata, a las nueve de la mañana.
Y este pequeño círculo
negro es el Ártico,
con sus hierbas sedosas y leonadas, como pelusa de bebé.

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