13 abril, 2020

Ahora comienza la guitarra

de Shara McCallum | Traducciones

Versiones de Adalber Salas Hernández.

 

Ahora comienza la guitarra
(Fragmentos)

 

1. La última canción

Hay un campo sin luz.
Sin un brillo débil de estrellas,
sin la astilla de una luna.
Esta noche hay un hombre
caminando sin guitarra entre la hierba,
sin una canción en el bolsillo,
sin melodía en su lengua. Vacía
tu voz para él,
no servirá de nada.
En el campo está este hombre
y ni un amago de viento
que sacuda la maleza
por la que se mueve.
Se acostará, olerá
la tierra aún fresca de lluvia.
Escuchará los grillos,
una música que no puede comprender.
Cerrará sus ojos.
Dormirá.
No se levantará.

 

2. Una historia

Mi padre pensó que era el diablo,
así que se comió un pastel de chocolate entero

—que mi madre había horneado—
glaseado y todo, no quedó una sola migaja

en el plato. Debes haber sabido,
le dijo a mi madre. Las voces

deben haberte ordenado hacerlo.
Un pastel de diablo, todo para mí.

Mi padre pensó
que era un dios,

así que dio con la escoba
a la cabeza de mi madre

hasta que brotó sangre
en su cara, hasta

que le astilló el codo y vio
lo que había hecho

y vio que no era bueno.
Entonces mi padre lloró.

Las voces eran un don.
¿Cómo podía explicárselo

a alguien que no tenía
el privilegio de tal conocimiento?

Camino y me detengo a mitad del paso
y no debo moverme en absoluto,

le dijo a mi madre,
o la tierra saldrá volando.

Para que las cosas no se deshagan…
¿me entiendes, Migdee?

Debo quedarme muy quieto.
Perfectamente inmóvil.

 

4. Electroshock

Imagina que es solamente luz
metiéndose en tu piel.
Imagina que te estás sometiendo
a la voluntad de Dios.

Imagina tu cuerpo
un abanico que se abre y se cierra,
dedos como rizos de algas
en un sueño aguamarina.

Pregúntame cómo se siente
descomponerte en tus partes más pequeñas,
sentirte reducido
a un soplo de sal.

Pregúntame qué significa ser
nada, ser incluso menos que eso.
Pregúntame y te diré
porque estuve allí

cuando la voz llenó
el aire tembloroso,
justo antes de atenuarse
y desaparecer.

 

6. La llamada

Al final de su vida, mi padre se quedó parado
junto a un teléfono público, bajo la lluvia, llorando
y diciendo el nombre de mi madre
en el cuenco vacío del auricular
aplastado contra su boca,
cabello apelmazado, ojos vagando
por campos distantes, vacíos
sin un solo sonido. Luz
de algún lugar más allá de los árboles
llamaba y él dejó de escuchar,
sólo vio un parpadeo
de pájaros, ángeles crujiendo las alas.

 

8. Génesis

En mi panza crece un árbol.
De ese árbol, una luz.
En esa luz, un lugar
donde de nuevo eres un hijo.

Alastair, ¿las ramas de este árbol
se quiebran bajo el peso
de tu culpa? ¿Sus hojas
se rasgan en palabras?

Como fue al principio
habrá de ser al final,
el cuerpo volviéndose
hacia sí mismo:

en el miedo, en el amor.

 

9. Música que no es para la jaula de la música

Cuando te escucho nuevamente
han pasado quince años.
Tu garganta se ha cerrado desde hace mucho.
Ya no soy un pájaro en tu palma.

En este camino de Mobay a Negril,
apareces cuando te llamo: regresas
un momento gracias al milagro
de la canción grabada. Pero después

de tanto esperar, no reconozco tu voz,
estas palabras, esta canción de mil pájaros,
cada uno batiendo sus alas
contra el andamio de mis costillas.

 

 

Now the Guitar Begins
(Excerpts)

 

1. Last Song

There is a field with no light.
Not the faint shimmer of stars,
not the sliver of a moon.
This night, there is a man
walking guitarless in the grass,
no song in his pocket,
no tune on his tongue.  Empty
your voice for him,
it will be no use.
In this field, there is this man
and not even a hint of wind
can stir the tall weeds
through which he moves.
He will lie down, smell
the earth fresh from rain.
He will listen to crickets,
a music he cannot understand.
He will close his eyes.
He will sleep.
He will not get up.

 

2. A Story

My father thought he was the devil
so he ate an entire chocolate cake –

one my mother had baked –
icing and all, not a crumb left

on the plate.  You must have known,
he said to my mother.  The voices

must have instructed you.
A devil’s food cake, all for me.

My father thought
he was a god

so he took a broom
to my mother’s head

until blood bloomed
on her face, until

her elbow splintered and he saw
what he had done

and it was not good.
Then my father wept.

The voices were a gift.
How could he explain

to one not privileged
to such knowledge?

I walk and freeze mid-step
and must not move at all,

he told my mother,
or the earth will fly apart.

To keep things whole –
don’t you see Migdee? –

I must stay still.
Perfectly still.

 

4. Electroshock

Imagine it is only light
entering your skin.
Imagine you are submitting
to God’s will.

Imagine your body
a fan opening and closing,
fingers like tendrils of seaweed
in an aquamarine dream.

Ask me what it feels like
to break down to your smallest parts,
to feel yourself reduced
to a wind-spray of salt.

Ask me what it means to be
nothing, to be less than even that.
Ask me and I will tell you
because I was there

when the voice filled
the reverberating air,
the moment before it dimmed
and then was gone.

 

6. The Call

At the end of his life, my father stood
at a pay phone in the rain, crying
and calling my mother’s name
into the hollow cup of the receiver
mashed close to his mouth,
hair matted, eyes roaming
the distant fields, vacant
without sound.  Light
from somewhere beyond the trees
beckoned and he ceased to hear,
only saw a flickering
of birds, angels rustling their wings.

 

8. Genesis

In my belly grows a tree.
From that tree, there is light.
In that light, a place
where you are again a son.

Alastair, do branches of this tree
break under the weight
of your shame?  Do its leaves
rupture into wounds?

As it was in the beginning
so shall it be in the end,
the body turning back
on itself:

in fear, in love.

 

9. Music Not Meant for Music’s Cage

When I hear you again
fifteen years have passed.
Your throat has long since closed.
I am no longer a bird in your palm.

On this road from Mobay to Negril,
you appear when called: returned
for a moment by the miracle
of recorded song.  But after this time

of waiting, I do not recognise your voice,
these words, this song of a thousand birds,
each beating its wings
against the scaffold of my ribs.


Shara McCallum / Kingston, Jamaica, 1972. Es autora de los libros The Water Between Us (1999), Song of Thieves (2003), This Strange Land (2011), The Face of Water (2011) y Madwoman (2017, ganador del OCM Bocas Prize for Caribbean Poetry y el Sheila Margaret Motton Book Prize). Su trabajo ha sido publicado en Estados Unidos, el Caribe y Europa, y traducido a varias lenguas. Ha recibido la beca Witter Bynner de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y la beca para poesía del National Endowment for the Arts. Actualmente se desempeña como profesora en Penn State University.


Adalber Salas Hernández / Caracas, Venezuela, 1987. Poeta, ensayista y traductor. Autor de seis libros de poemas, ganó en 2015 el XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita con Salvoconducto. Su libro más reciente es Palabras sin dueño. Variaciones sobre la traducción literaria (Dirección de Literatura / UNAM, 2019). Ha traducido a Marguerite Duras, Antonin Artaud y Charles Wright, entre muchos otros autores de lengua francesa e inglesa.