7 septiembre, 2020

La vida, que también es una palabra

de Nuno Júdice | Traducciones

Presentación y versiones de Blanca Luz Pulido.

 

…un verso transforma el modo en que
se mira el mundo                                     

…nos esculpe el barro intangible          
de los sobrevivientes                              

Nuno Júdice

 

Dentro del inmenso continuo de la obra poética de Nuno Júdice —autor de gran renombre fuera y dentro de Portugal, que en México se ha tornado, en los últimos años, en una voz imprescindible para quien quiera conocer la poesía contemporánea universal—, O Movimento do Mundo (El movimiento del mundo), publicado originalmente en 1996, constituye el volumen número catorce de su producción poética. Si pensamos que el total de los libros de poesía que ha escrito hasta la fecha suma más de treinta, este libro estaría colocado más o menos a la mitad de su océano poético, amplio y diverso; y, al mismo tiempo, con características que le confieren un color especial para el lector que se adentre en la corriente de sus poemas.

Las metáforas marítimas ciertamente vienen a cuento al hablar de la obra de Júdice, pues si bien muchos de sus poemas están afincados en la tierra, en el transcurso del tiempo visto ya sea desde el campo o desde las calles y avenidas urbanas, o desde el íntimo tiempo de una habitación, con sus juegos de luz y sombra, mañana, atardecer y penumbra, al leerlos se tiene la sensación de estar ante una escritura y un mundo líquidos. Dicha sensación en las páginas de este libro se debe a muchos factores, entre ellos la (en apariencia) fácil sencillez con que se entregan los versos a la mirada del lector, su carácter fluido y luminoso. De hecho, en palabras del mismo Júdice, “el aspecto principal de este libro es el regreso a un tono lírico más consciente y a una relación más próxima entre el poema y la vida, en un sentido no tanto biográfico como de transformar aspectos de lo cotidiano en puntos de partida para el poema”.1

Esta “relación más próxima” entre el poema y la vida, entre las palabras y el efecto que causan en el lector, nos habla del carácter luminoso, pero no sencillo ni ingenuo, que tienen las páginas de El movimiento del mundo: su lectura produce la compleja sensación de estar ante algo a la vez límpido y misterioso, transparente pero en constante metamorfosis. Las mismas sensaciones que podríamos experimentar ante un estanque, donde vemos el suave movimiento de la superficie pero sabemos que adentro suceden muchas cosas que apenas alcanzamos a percibir, pues están conectadas con flujos subterráneos. Los peces de ese estanque aparecen y desaparecen, fluyen y se detienen, y a veces cambian de aspecto en algún momento del poema.

Ejemplos de esta configuración del lenguaje donde lo sensible está en profunda combinación con las ideas, así como lo están las imágenes con los pensamientos, hay muchos en este libro. En Júdice el pensamiento se revela y se va trazando a través de cada imagen y cada verso. Por ejemplo “Semiología”, un poema que habla de su mismo sentido, o acaso del sentido de la poesía en general. “Todo se confunde”: el amor y la soledad, los caminos de los vivos y de los muertos se encuentran, de los amantes y de los solitarios.

Este detenerse en las mismas palabras con que el poema se va construyendo, presente en “Semiología”, se encuentra también en “Poética” (una de las varias que alberga la obra de Júdice, y el segundo de los poemas con ese mismo nombre en este libro), donde nos encontramos ante una reflexión metapoética a través de imágenes en las que aparece la figura del mismo yo lírico, buscando su camino entre los elementos del verso: se habla de ritmo, de cesuras, de la “luz del sentido”. Del poema como un avanzar continuo hacia lo que se desconoce, como un dejar atrás lo que debe quedar atrás, pues todo en el poema es un buscar el movimiento, buscar la propia voz de lo que quiere decirse.

La sabiduría verbal de Júdice dibuja ese ir y venir del pensamiento poético, en busca de “la luz de un sentido”. Este movimiento recorre de hecho todas las páginas del libro, de una u otra manera.

[…]

La mirada es protagonista en esta obra, una mirada que va creando enigmas a cada paso. Podemos estar de acuerdo en que, como se afirma en “Metafísica”, “un verso transforma/ el modo en que se mira el mundo”. ¿Y de qué manera se transforma ese modo de mirar el mundo a través de estos poemas en particular?

De muchas formas, pero la primera en que pienso es la siguiente: el mundo se transforma en un lugar más enigmático, donde la belleza puede surgir (o desaparecer, o alejarse) en cualquier instante, al conjuro de estos versos, escritos por un poeta que es una especie de prestidigitador del lenguaje. Es decir: el mundo, la realidad, en cada uno de estos poemas adquiere tintes nuevos, desconocidos. Todo puede suceder en el poderoso, en el abierto campo de la página.

—Blanca Luz Pulido

 

Metafísica

A veces, un verso transforma el modo en que
se mira el mundo: las cosas se revelan
en donde nadie las suponía; y
el centro se mueve de donde estaba, desde
el origen, forzando al pensamiento a rodar
en otra dirección. El poema, sin embargo, no
tiene por fuerza que decirlo todo. Su
esencia reside en el fragmento de un absoluto
que algún dios se llevó. Miro
ese vestigio de la totalidad sin ver más
que eso —el resto de la antigua
perfección— y dejo atrás el camino
de la idea, la ambición teológica, el sueño del
infinito. ¿De qué eternidad me olvido,
entonces, en el fondo de la estrofa?

 

Metafísica

Às vezes, um verso transforma o modo como
se olha para o mundo; as coisas revelam-se
naquilo que imaginação alguma as supôs; e
o centro desloca-se de onde estava, desde
a origem, obrigando o pensamento a rodar
noutra direcção. O poema, no entanto, não
tem obrigatoriamente de dizer tudo. A sua
essência reside no fragmento de um absoluto
que algum deus levou consigo. Olho para
esse vestígio da totalidade sem ver mais
do que isso — o desperdício da antiga
perfeição — e deixo para trás o caminho
da ideia, a ambição teológica, o sonho do
infinito. De que eternidade me esqueço,
então, no fundo da estrofe?

 

Poética

Eviten el modelo griego: la perfección de las líneas,
la limpidez del mármol, el azul del mar. En el fondo,
la luz nace ahí donde el cuerpo se deja contaminar
por los colores oscuros del amor, como un tallo
de invierno; y es en el interior del fruto podrido por
la lluvia que la vida insiste.

 

Poética

Evitem o modelo grego: a perfeição das linhas,
a limpidez de mármore, o azul do mar. No fundo, é
onde o corpo se deixa contaminar pelas cores
baças do amor que a luz nasce, como um caule
de inverno; e é por dentro do fruto que a chuva
apodrece que a vida insiste.

 

El muelle

Canto la melancolía de la hierba dorada del poniente; y
un puente traza el horizonte de mis ojos, para que
un día lo atraviese, sin mirar atrás, dejando
que el azul agonice bajo la indiferencia del sol. Por otro lado,
pienso, una orquesta repetirá la elocuencia definitiva
de la locura: oráculos, profecías, apocalipsis; y unos seres
pálidos, en cuyos trazos reconozco imágenes antiguas,
me tocarán en una incertidumbre de existencia. ¿Seré capaz
de arrancarles las palabras de un vocabulario incierto
como el otoño —costras de una extensa herida verbal—, robando
a sus labios la palidez del poema? ¿Qué madrugada veré
en las cuencas vacías de sus ojos? Que ellos me muestren
las fronteras letárgicas del verso –ahí donde la luz violeta de las mareas
me tiñe los dedos, yo seré el árbol circular, el negro
murmullo de una hemorragia de frutos, un espejo
de sombras perdidas en el túmulo de los años. Me habrás de guiar
de regreso —oh amada apariencia de un tedio de arcos borrados
por la niebla—, hasta que, en el muelle familiar del verso,
tu vaga voz se disipe.

 

O cais

Canto a melancolia da erva ruiva do poente; e
uma ponte traceja o horizonte dos meus olhos, para que
um dia a atravesse, sem olhar para trás, deixando
que o azul agonice sob a indiferença do sol. Do outro lado,
penso, uma orquestra repetirá a definitiva eloquência
da loucura: oráculos, profecias, apocalipses; e uns seres
pálidos, em cujos traços reconheço imagens antigas,
tocar-me-ão numa incerteza de existência. Serei capaz
de lhes arrancar as palavras de um vocabulário incerto
como o outono — crostas de uma extensa ferida verbal – roubando
aos seus lábios a palidez do poema? Que madrugada verei
nos bocais vazios dos seus olhos? Que eles me mostrem
as fronteiras letárgicas do verso — aí, onde a luz roxa das marés
me tinge os dedos, eu serei a árvore circular, o negro
murmúrio de uma hemorragia de frutos, um espelho
de sombras perdidas no túmulo dos anos. Guiar-me-ás
no regresso — ó amada aparência de um tédio de arcos apagados
pela névoa — até que, no cais familiar do verso,
a tua voz vaga se dissipe.

 

Semiología

Digo: el amor. Hay palabras que parecen sólidas,
al contrario de otras que se deshacen en los dedos.
Soledad. O incluso: miedo. Podemos escoger
las palabras, meterlas dentro del poema como
si fuera una caja. Pero no esconderlas. Ellas
se quedan en el aire, invisibles, como si no necesitaran
de los sonidos con que las decimos.

Y luego, el efecto de las palabras. Su rotación
en la cabeza, y por las arterias, hasta el centro:
el corazón. Dicho con otra palabra: el
amor. Pero no hablo de sinónimos; a fin de cuentas,
hay palabras que encierran lo contrario de lo que
significan, y solo las conoce quien ama, si
la vida no lo llevó por caminos confusos.

Te amo. También podría decir: la soledad
con que te amo, o el miedo de amarte. Con
una palabra se puede hacer todo, en una página,
cuando lo que está ahí es un poema. Sin embargo,
estas palabras me conducen a ti, es decir,
te hacen vivir dentro de ellas. Por eso
todo se confunde: el amor, la soledad, el miedo,

y hasta la vida, que también es una palabra.

 

Semiologia

Digo: o amor. Há palavras que aparecem sólidas,
ao contrário de outras que se desfazem nos dedos.
Solidão. Ou ainda: medo. As palavras, podemos
escolhê-las, metê-las dentro de poema como
se fosse uma caixa. Mas não escondê-las. Elas
ficam no ar, invisíveis, como se não precisassem
dos sons com que as dizemos.

Agora, o efeito das palavras. A sua rotação
na cabeça, e pelas artérias, até ao centro:
o coração. Outra palavra como que se diz: o
amor. Mas não falo de sinónimos; de resto,
há palavras que escondem o contrário do que
querem dizer, e só as conhece quem ama, se
a vida não o levou por caminhos confusos.

Amo-te. Também podia dizer: a solidão
com que te amo, ou o medo de te amar. A partir
de uma palavra tudo se pode fazer, numa página,
quando o que aí está é um poema. No entanto,
essas palavras conduzem-me a ti, isto é,
fazem-te viver por dentro delas. É por isso
que tudo se confunde: o amor, a solidão, o medo,

e até a vida, que também é uma palavra.

 

Un invierno en Lisboa

Es verdad que Lisboa, en el invierno, no tiene la
dureza de una ciudad del norte. El aire
es húmedo, el frío no entra en el alma, y no
tiene esos blancos puros, ni los grises que
perduran, ni siquiera el sentimiento inquietante
de que el mundo se detuvo bajo la mortaja celeste.

Las ciudades, sin embargo, son engañosas. Y en Lisboa,
en el invierno, algunos sufren con la soledad que
desciende con la tarde. Un fin de frase puede traer
consigo la percepción de la muerte; y no hay palabras
que logren transmitir un sentido a quien no sabe
qué camino seguir, o en qué café entrar.

En Lisboa, en invierno, puede verse, de
vez en cuando, una mariposa perdida
entre los carros mal estacionados. Sus
alas no brillan; e incluso, puede dudarse
de si está viva o muerta. Pero cuando los dedos
se acercan para agarrarla, ella se debate;
parece huir; pero simplemente cae al suelo.

Es verdad que, en el invierno, a una mariposa
casi no le queda más que morir. Pero quien ve,
en ella, la ilusión de la primavera que se aproxima,
se pregunta después: “¿es esto la vida? ¿Crisálida
de qué nada, vacío, angustia de nunca haber sido?”

 

Um inverno em Lisboa

É verdade que Lisboa, no inverno, não tem a
consistência de uma cidade do norte. O ar
é húmido, o frio não entra na alma, e não
há os brancos puros, nem os cinzentos que
duram, nem sequer o sentimento inquietante
de que o mundo parou sob a mortalha celeste.

As cidades, no entanto, enganam. E em Lisboa,
no inverno, há quem sofra com a solidão que
desce com a tarde. Um fim de frase pode trazer
consigo a percepção da morte; e nenhumas palavras
conseguirão dar um sentido a quem não sabe
que caminho seguir, ou em que café entrar.

Em Lisboa, no inverno, pode ver-se, de
vez em quando, uma borboleta perdida por
entre os carros mal estacionados. As suas
asas não brilham; e pode, até, duvidar-se
se estará viva ou morta. Mas quando os dedos
se aproximam para agarrar, ela debate-se;
parece fugir; e limita-se a cair para o chão.

É verdade que, no inverno, pouco mais resta
a uma borboleta do que morrer. Mas quem vê,
nela, a ilusão de que a primavera já se aproxima,
interroga-se depois: “é isto a vida? Crisálida
de que nada, vazio, angústia de nunca ter sido?”

 

Remordimiento

Son cosas pequeñas: las
ventanas que golpean con el viento,
interrupciones de frase en la
memoria de un deseo,
los cabellos sueltos
con el interruptor que
trae de vuelta la luz. Pero
eso es lo que recuerdas cuando
no parece haber
nada alrededor de ti; y la noche,
que te podía envolver
con la sábana fría del último
silencio, olvida que
existes. Entonces, extiendes
las imágenes dentro de ti,
como si todavía pudieras vivir
cada una de ellas. No duermes:
y solo cuando la luz de la mañana
te recuerda que es de día,
y los párpados parecieran de
plomo, entonces lamentarás
las horas en blanco, el sabor ácido
de la resaca, y el amor que perdiste
en la indecisión de un abrazo.

 

Remorso

São coisas pequenas: as
janelas que batem com o vento,
interrupções de frase na
memória de um desejo,
os cabelos soltos
com o interruptor que
traz de volta a luz. Mas
é isso que lembras quando
parece não haver
nada à tua volta; e a noite,
que te podia envolver
com o lençol frio do último
silêncio, esquece que
existes. Então, desenrolas
as imagens por dentro de ti,
como se ainda pudesses viver
cada uma delas. Não dormes:
mas só quando a luz da manhã
te lembrar que é dia,
e as pálpebras tiverem o peso do
chumbo, é que lamentarás
as horas em branco, o sabor ácido
da ressaca, e o amor que perdeste
na hesitação de um abraço.

 

Antes de la partida 

En las estaciones de los trenes del centro,
por donde pasan los del norte hacia el sur, y los del sur
hacia el norte, los del este hacia el oeste y
los del oeste hacia el este, y todos hacia todas partes
y a ninguna, se venden periódicos en todos
los idiomas posibles. Miro los puestos 
para ver los titulares, toco las hojas, las de los
buenos y los malos, los ricos y los pobres, los que
traen suplementos y los que solo tienen unas cuantas
páginas de información y anuncios; y cada uno
de esos periódicos es un mundo, vidas a las que nunca tendré
acceso, historias que empiezan y acaban en una columna
interior, en media docena de líneas. Sin embargo, sé
que el amor y la muerte, a pesar de las diferentes lenguas,
son los mismos en cada una de esas noticias; que
las tragedias y las alegrías se cuentan con el mismo
estilo, y solo el título da énfasis a la emoción
que desaparece con la lectura. Por eso, no necesito
leer todos los periódicos de principio a fin, ni
saber todas las lenguas del mundo, para conocer
la realidad del hombre. Sin embargo, al pasearme
por los puestos, sin mirar en realidad lo que muestran,
solo mezclo emociones y frases, palabras
e imágenes, hago rodar un día entero, sin saber por qué
o nada más porque ese es, finalmente,
el movimiento del mundo.

 

Antes da partida

Nas estações de comboios do centro,
por onde passam os do norte a caminho do sul, os do sul
a caminho do norte, os de leste para oeste e
os de oeste para leste, e todos em toda
e nenhuma direcção, vendem-se jornais de todas
as línguas possíveis. Volto os escaparates
para ver os títulos, toco nos papéis, entre
os bons e os maus, os ricos e os pobres, os que
trazem suplementos e os que se limitam a poucas
páginas de informação e anúncios: e cada um
desses jornais é um mundo, vidas a que nunca terei
acesso, histórias que começam e acabam numa coluna
interior, em meia dúzia de linhas. Sei, no entanto
que o amor e a morte, apesar das línguas diferentes,
são os mesmos em cada uma dessas notícias; que
as tragédias e as alegrias se contam com o mesmo
estilo, e só o título dá ênfase à emoção
que desaparece com a leitura. Não preciso, por isso,
de ler todos os jornais, de uma ponta à outra, nem de
saber todas as línguas do mundo, para conhecer
a realidade do homem. No entanto, ao rodar
os escaparates, sem olhar de facto o que eles mostram,
apenas para misturar emoções e frases, palavras
e imagens, faço rodar um dia inteiro, sem saber porquê
ou apenas porque é esse, finalmente,
o movimento do mundo.

 

* El movimiento del mundo, de Nuno Júdice, será publicado próximamente por la editorial Textofilia.


1 Comunicación personal.


Nuno Júdice / Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949. Poeta, ensayista y narrador. Voz fundamental de la poesía portuguesa contemporánea, ha sido galardonado con el Premio de Poesía Pablo Neruda (1975), el Premio Pen Club (1985) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2013), entre muchos otros. En el ámbito académico, desempeña su labor como profesor en la Universidad de Lisboa impartiendo seminarios de Literaturas Ibéricas Comparadas, Poesía Moderna y Contemporánea y de Teoría y Crítica Literarias. Además, ha sido Agregado Cultural de Portugal en Francia, donde también dirigió el Instituto Camões.


Blanca Luz Pulido

/ Estado de México, 1956. Es poeta y traductora del francés, inglés, italiano y portugués. Entre sus traducciones más importantes se encuentran: Amor al arte. Textos breves y aforismos, de Gustave Flaubert Sumario lírico, antología de poemas de Fiama Hasse Pais Brandão (Ácrono Producciones, 2000), y Teoría general del sentimiento, de Nuno Júdice (Trilce Ediciones, 2000). Ha sido becaria del INBA, del Sistema Nacional de Creadores de Arte y del Instituto Camões de Lisboa, entre otros, y ganadora del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde y del Premio Clemencia Isaura de Poesía.