28 septiembre, 2020

Muriel Rukeyser y la poesía documental

de Giancarlo Huapaya | Ensayos

A principios de marzo de 1936, Muriel Rukeyser (1913-1980) y la fotógrafa Nancy Naumburg (1911-1988) viajaron al poblado de Gauley Bridge, en Virginia Occidental, para investigar la tragedia del túnel de Hawks Nest, donde habían muerto entre 700 y 2,000 trabajadores —la mayor parte afroamericanos— por la explotación y la negligencia de la compañía Union Carbide & Carbon Corporation. El compromiso de Rukeyser era recopilar información, testimonios, documentos e imágenes para escribir un libro de poesía sobre las atrocidades que había ocasionado esta compañía en la zona. El resultado sería The Book of the Dead, publicado dentro de su libro U.S. 1., dos años después, por la editorial Covici-Friede en Nueva York. Rukeyser, con veintidós años, acababa de ganar el Premio Poeta Joven de la Universidad de Yale con su primer libro, Theory of Flight, y ya tenía un breve prontuario gracias a su activismo político: a los diecinueve años había sido arrestada mientras protestaba por el juicio contra los chicos afroamericanos de Scottsboro en Alabama,1 caso que también cubrió desde el periodismo y siguió desde su trabajo en el International Labor Defense.

 
La tragedia

Durante la excavación del túnel de Hawks Nest, como parte del proyecto de la construcción de una hidroeléctrica, se encontró sílice. Union Carbide & Carbon Corporation les pidió a sus trabajadores que la explotaran a fin de usarla como materia prima. En turnos de entre diez y quince horas, y por veinticinco centavos la hora, tres mil hombres trabajaron en ese túnel durante meses, perforando el cuarzo y expuestos al polvo de sílice sin ninguna protección o herramienta de seguridad. Al poco tiempo, varios trabajadores comenzaron a enfermar; algunos morían en el mismo túnel, debido a que los microscópicos cristales de la sílice habían invadido sus pulmones y ocasionado silicosis —enfermedad irreversible que degrada el sistema pulmonar hasta ocasionar la muerte.

La construcción del túnel de Hawks Nest se había iniciado en 1930, en los primeros años de la crisis de la Gran Depresión, la cual se había agudizado poco después por el desastre ecológico conocido como Dust Bowl, fenómeno que desplazó a cerca de tres millones de habitantes de sus hogares. Con la esperanza de mejorar las condiciones económicas para sus familias, parte de la población desplazada que erraba por la franja este del país, llegó a Gauley Bridge tras enterarse de que se necesitaban trabajadores para un nuevo proyecto minero e hidroeléctrico. Alrededor de tres mil hombres obtuvieron empleo en la Union Carbide & Carbon Corporation y, según los informes de la compañía, el 80% de ellos murió, enfermó o abandonó el trabajo al cabo de seis meses.

 
El motivo documental

Los procesos documentales en la fotografía han estado presentes desde que esta se inventó, pero recién se articularon en metodología y propósito a finales del siglo XIX gracias a Jacob Riis y Lewis Hine, pioneros en dotar a la documentación fotográfica de compromiso social y denuncia con sus trabajos sobre las condiciones de vida de los inmigrantes y el trabajo infantil en Nueva York. Décadas más tarde, cuando la Gran Depresión comenzaba a golpear, el motivo documental se convirtió en un fenómeno cultural en los Estados Unidos. Impulsado en gran medida por las oportunidades que brindaban las políticas del New Deal del presidente Roosevelt,2 lo documental se desarrolló a través de las artes y los nuevos medios para contribuir con la reforma social del gobierno. Rukeyser no era ajena a esta coyuntura y, aunque no se alineó con la retórica oficialista, miraba a los documentalistas del New Deal con cierto encanto —y no era para menos, considerando que por sus programas pasaron maestros de la fotografía como Dorothea Lange, Arthur Rothstein y Ben Shahn, los mismos con los que años más tarde colaboraría en diversos experimentos textuales para la revista Coronet—. A Rukeyser le interesaban este tipo de cruces: hacer entrar en sincronía diferentes formatos a través de la experimentación documental. La idea de hacer una obra en respuesta a la tragedia de Hawks Nest había ido desarrollándose en su mente desde que se enteró de esta. Recopiló información del caso gracias a las noticias de los periódicos alternativos, llamados de tendencia radical, de la época. Su primera idea fue hacer un proyecto multimedia, y pensó principalmente en dos posibilidades: un foto-ensayo —por eso le pidió a su amiga, la fotógrafa Nancy Naumburg, que la acompañara en su viaje— o una película, para la cual escribió un guion que mantuvo latente, incluso, hasta después de haber publicado The Book of the Dead. Al final se decidió por un libro de poesía. Pero no solo de poesía, sino de poesía documental.

 
Poesía documental

Obras de poetas como Marianne Moore, Ezra Pound, Charles Reznikoff, William Carlos Williams, Charles Olson, Allen Ginsberg, Adrienne Rich y Claudia Rankine han nutrido la tradición de la poesía documental en los Estados Unidos, pero quien crea los cimientos para su desarrollo, movimiento y activismo es la pionera Muriel Rukeyser. “La poesía puede extender el documento”,3 nos dice en uno de los pies de página de The Book of the Dead, como premonición de los alcances que podría tener el poema como un dispositivo de documentación y memoria.

Los consensos teóricos sobre la “docupoesía” estadounidense han emergido en los últimos años gracias al florecimiento de proyectos que han revitalizado su panorama. En su ensayo Docupoetry and Archive Desire, Joseph Harrington designa a la poesía documental como aquella que, por lo general, “contiene citas o reproducciones de documentos o declaraciones no producidas por el poeta y relaciona narrativas históricas, ya sean macro o micro, humanas o naturales”.4 El poeta y crítico Philip Metres complementa este concepto aduciendo que “[la poesía] es un medio dinámico que informa y está informado por la historia que está sucediendo”, pero aclara que “el exitoso poema documental resiste la presión de la realidad para seguir siendo un poema por derecho propio: su lenguaje y forma no pueden reducirse a un póster efímero […] Su poder reside en su negociación entre el lenguaje de la evidencia y el lenguaje de la trascendencia”.5

Para el poeta Craig Santos Pérez, la poesía documental es “el acto de tejer la historia, la poesía, los mitos, las leyendas, la tradición, el cuento, el registro, la anécdota (ciertamente más) en algo que amplifica cada uno de ellos, mientras que también contribuye a algo nuevo, a una continuidad colectiva”.6 En estos consensos también se han comenzado a definir las paternidades y maternidades. Aunque rastrea la posible genealogía de la docupoesía desde la tradición de la balada, para Metres, “Reznikoff [por Testimony] y Rukeyser han llegado a significar una especie de Padre y Madre fundacionales de la poesía documental”.

 
Poesía y activismo

En el camino hacia estos consensos, quien comienza a darle una teoría más o menos organizada a lo que expresaba Rukeyser fue el poeta Ed Sanders, con su ensayo-manifiesto Investigative Poetry, publicado en 1976, cuarenta años después de The Book of the Dead. Sanders logra identificar algunas características de la poesía documental guiado por Projective Verse (1950) de Charles Olson. Partiendo de la idea de que la poesía debe asumir de nuevo la responsabilidad de la descripción de la historia, expone una metodología para lo que llama “poesía investigativa”, la cual pasaría por un proceso de recopilación de datos, realización de entrevistas y división de archivos por temas y esquemas “de versos de alta energía”.7 Sanders no menciona a Rukeyser; distingue como antepasados a Pound, Olson y Ginsberg, estableciendo un legado, de acuerdo con la poeta e investigadora Susan Briante, “comúnmente repetido”. En su ensayo Defacing the Monument: Rukeyser’s Innovations in Docupoetics, Briante explica que The Book of the Dead es el precursor de “muchas características contemporáneas de la poesía documental”, pues “ofrece modelos sobre cómo investigar el lugar a través de historias relacionales y mitologías nacionales, estableciendo una metodología anterior a Paterson de William Carlos Williams y The Maximus Poems de Charles Olson”, y hace “una conexión entre la investigación documental y el activismo, anticipando el trabajo de poetas como Mark Nowak, Kaia Sand y Brenda Hillman”. Briante además, reclama por la omisión de la autora en la historia literaria estadounidense a través de las palabras de las poetas Kristin Prevallet (“[Rukeyser] es contemporánea a la obra de los objetivistas/proyectivistas y, sin embargo, a menudo se le omite en los debates de la época”) y Eileen Myles (Rukeyser estaba “apenas representada en el canon poético académico o experimental”).8  

En su libro Muriel Rukeyser’s The Book of the Dead, Tim Dayton señala que la primera versión de The Cantos de Ezra Pound, publicado años antes que el libro de Rukeyser, en 1925, fue una influencia inmediata y directa para la escritura de The Book of the Dead, puesto que Pound incluye textos no producidos por él —como cartas escritas por otros, extractos de denuncias, los discursos de Martin Van Buren y fragmentos de la autobiografía de Lincoln Steffens—.9 Esto podría sonar engañoso, considerando que, antes de los Cantos, otros modernistas ya hacían uso de estas técnicas —como Mariane Moore, por ejemplo: su primera versión de Poetry es de 1919—. Por otro lado, las obras de ambos autores se produjeron en espacios ideológicos muy distantes el uno del otro; mientras que era clara la adhesión al fascismo del autor de The Cantos, el proyecto de Rukeyser se desarrollaba en medio de diálogos, viajes, colaboraciones y trabajos con el Partido Comunista. Otro aspecto importante que sitúa a estos proyectos en orillas distintas son sus motivaciones, propósitos y compromisos. A través de The Book of the Dead, Rukeyser quería “corregir el registro oficial (representado por las audiencias del Congreso y la cobertura en los medios masivos) y proporcionar al lector una idea de las conexiones y complicidades omitidas en las historias oficiales” para crear “una imagen más completa de lo que sucedió en Gauley Bridge y de lo que se puede aprender situando los eventos en un contexto de historia y activismo, así como revelando el proceso a través del cual se adquirieron los conocimientos del evento”, como señala Susan Briante. 

Rukeyser tejió un entramado íntegro en The Book of the Dead, entrecruzando testimonios, declaraciones judiciales, entrevistas a autoridades, transcripciones de juicios, proyectos de ley, documentos jurídicos, cotizaciones bursátiles, exámenes médicos, informes oficiales, citas del Libro de los muertos de los egipcios y de El paraíso perdido, así como crónicas de la historia de Virginia Occidental. La autora integró voces y textos que tradicionalmente no pertenecían al poema, y les organizó un espacio plural para articularlos dinámicamente en diversas formas poéticas. Evitó el anonimato de sus involucrados para no reducirlos a meras representaciones que contribuyeran al estereotipo, la caricaturización o la estadística, por lo cual incluyó los nombres y datos exactos de sus entrevistados y de varias de las víctimas mortales de la tragedia. Lo tenía claro al empezar su documentación: su trabajo no sería el oportunismo de la instantánea para que las necesidades y los prejuicios de la época completasen la historia. Rukeyser quería dotar de espíritu a una secuencia histórico-social para iluminarla y redimensionarla. Así es como logra su compromiso, gracias a su ética de transparencia —impulsada por su pensamiento ideológico, a través de la exposición de daños, la no jerarquización de las complejidades de los cuerpos en cuestión en relación con el suyo— y al alcance de su empatía crítica.

Tal vez la siguiente frase del poeta Donovan Kūhiō Colleps complete lo que nuestra autora activó con “La poesía puede extender el documento”: “La poética documental tiene formas de invertir el poder colonial/imperial de los documentos”.  

 

* Aquí se pueden leer tres poemas de El libro de los muertos de Muriel Rukeyser en traducción de Giancarlo Huapaya.


1 En 1931, nueve adolescentes afroamericanos fueron acusados injustamente de violar a dos mujeres blancas en un tren mercantil en el Estado de Alabama. La acusación provino de un grupo de adolescentes blancos que viajaban en el mismo tren y ocasionó una serie de ataques racistas contra los acusados. El proceso se inició en el tribunal de Scottsboro, en medio de irregularidades, prejuicios y con la amenaza de linchamiento de la conservadora comunidad sureña. Tras varias apelaciones, ocho de los nueve acusados fueron sentenciados a diversas penas por cargos de violación.

2 Política intervencionista puesta en marcha por el presidente Franklin D. Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión en Estados Unidos. Uno de sus principales programas estaba dirigido a emplear artistas para que desarrollen temas relacionados con la coyuntura de la Gran Depresión y el Dust Bowl

3 Muriel Rukeyser, “The Book of the Dead”, The Collected Poems of Muriel Rukeyser, ed. Janet E. Kaufman y Anne F. Herzog, Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2005.

4 Joseph Harrington, Docupoetry and Archive Desire, Jacket2 (Octubre 2011).

5 Philip Metres, (More) News from Poems: Investigative / Documentary / Social Poetics On the Tenth Anniversary of the Publication of “From Reznikoff to Public Enemy”, Kenyon Review (Marzo 2018).

6 Craig Santos Perez y Donovan Kūhiō Colleps, Two Pacific Decolonial Docu-Poets Walk into a Tiki Bar, en Tracking/Teaching: On Documentary Poetics, curada por Joseph Harrington, Essay Press, 2015.

7 Ed Sanders, Investigative Poetry, San Francisco: City Lights, 1976.

8 Susan Briante, Defacing the Monument: Rukeyser’s Innovations in Docupoetics, Jacket2 (Abril 2014).

9 Tim Dayton, Muriel Rukeyser’s The Book of the Dead, Columbia: University of Missouri Press, 2003.


Giancarlo Huapaya / Lima, 1979. Editor, poeta, traductor y curador independiente. Publicó los libros de poesía Estado y Contemplación/Canción de Canción se Gana, Polisexual y Taller Sub Verso. Es editor de Cardboard House Press, proyecto dedicado a la publicación de literatura latinoamericana y española en traducción al inglés en EE. UU., y curador de BirúPirúPerú, exposición itinerante de poesía visual y sonora peruana realizada recientemente en el University of Arizona Poetry Center. Como traductor literario, ha vertido al español el trabajo poético de Muriel Rukeyser, C. D. Wright, Susan Briante, Carmen Giménez Smith y Alli Warren.