1 junio, 2020

Una forma opulenta sin función

de Kit Schluter | Traducciones

Versión de Bruno Darío y el autor.

 

Mala fe

1.

Hacia la bulbosa almena del follaje levanto mi dedo en forma de estrella. Sin suavidad,
el cuento transpira una no-dulzura, axilar como cualquier bubón contemporáneo. Bajo mi ropa, la piel tose—
llora un sucio ámbar, color aceite de motor gastado.
Entre mis yos, un alma se siente demasiado plástica—
mientras haya por lo menos una ráfaga de luz, las demás tendrán algún contorno, algo flexible.
El mundo natural se ha lobotomizado: crece largo su cabello, se convierte en oro, se cae,
y cuando critican mi cráneo, con razón, por asemejarse a las viejas campanas de cobre,
éste se quiebra por tal estrés en la noche atmosférica.
No importa bajo qué arbustillo decida esconderme, suelo encontrar a alguien más con binoculares pegados a los ojos, quieto en alguna ventana, un cuerpo fijo en su marco.

 

2.

¿Qué es una forma opulenta sin función? O ¿qué es un adverbio?
¿Cuál es el uso perfecto de la palabra inútilmente, y qué radiestesia usaré para rastrear el manantial subterráneo más próximo a la paranoia?
Despierto a la posibilidad de mi no tener esa hidrósfera,
el lado más brillante de mi claroscuro alentándome a la pasiva recepción.
No hay rima que encaje con mi grito:
mi grito es siempre mezquino, espadas cruzadas, un doble claroscuro,
un sombreado a rayas de confianzas.
Lo normativo es pedagógico,
pero solamente en alto, alto relieve.

 

3.

Nunca escatimo con la comida que robo del súper…
pero ¿hay algún nombre para escabullirse del perímetro
barato, así, hacia el pasillo decadente?
Y si un árbol solitario es nombrado en un bosque, ¿puede ser derribado y arrastrado al zócalo, si nadie hay para arrastrarlo hasta allí?
No hay ningún inconveniente en ello, esta desaparición,
este caerse del suelo, del cual un argumento aprehende
su enceguecedor encanto.
Soy un individuo, por lo tanto, no tengo hora de dormir.

 

4.

Para derivar mi ingesta diaria de sentenciar del debería,
mi desdén narrativo del está,
primero tomo la ilegibilidad como imposibilidad, luego como chiste, subterfugio, y finalmente, como contrapunto.
Mientras tanto, consulto con mi imaginación—
un vehículo, como sea, secuestrado por otros…
Los paisajes no tienen fin: nada puede ser leído, no vaya a ser que leer se convierta en sacrificio.
Depender pesadamente de un solo lenguaje:
partir el intervalo entre dos.

 

5.

En el corazón del verticilo comienza una boca.
Desde esta boca verticilada asciende un cono.
En la base de este cono abocado brota una presión.
De esta presión aconada culebrea un hilo.
Con este hilo presionado se amarra un morado.
Bajo este morado hilado lucha un mal gusto.
A causa de este mal gusto morado se coagula un coágulo.
En este coágulo de mal gusto hay un pozo que se seca.
Ahora, colgando en este pozo coagulado:
una bolsa con orina a la luz del sol.

 

6.

En un momento, voy a decirles cómo dependo de cosas fuera de mí.
En una hora, quizás haya decidido perderme al vapor en vez.
En un día o dos… qué aberración
este dar y dar vueltas…
Luz que cae y barre mi ansiedad última sobre el agua
al pie del acantilado.
La arena abriéndose en abanico sobre la plaga.
Lapso, relapso, prolapso, de ocho a nueve años lejos de esa cuenca insidiosa al pie de una cascada,
en el corazón del pliegue que denota mi opulencia.

 

7.

Si creo que el concepto de lo ornamental desaparecería
dado un pequeño ajuste de atención,
debe ser porque percibo algo esencialmente decorado en mi propio estar aquí:
una cadena que vincula la tapa de un hidrante
a su boca abierta, derramada,
un volante mostrando un rostro que ya no puede ser reconocido como un rostro.
Hoy leí de un nombre que resistía a la obliteración—el nombre como un lugar del paraíso.
Y yo leí del nombre entendido como una floritura, bajo una ventana en un laberinto con un baño jabonoso y caliente esperando en su centro.
Todo lo que pido de la vida es que me coloque en la pregunta que me hace—así, mi personalidad apenas podrá rozarme.

 

Bad Faith

1.

Into the bulbous crenelation of foliage I raise my star-shaped finger. Without softness,
the story perspires a sweetlessness, axillary as any latterday bubo. Under my clothes, the skin coughs—
it weeps a filthy amber, the color of overused motor oil.
Between myselves, one soul feels too plastic—
but as long as there is at least a gust of light, there will be some contour, some give, to the others.
The natural world is lobotomized: its hair grows long, turns to gold, falls away,
and when my skull gets critiqued, rightfully, for taking
after centuries-old copper bells,
it cracks under this stress in the atmospheric night.
No matter which shrub I choose to lie in, I tend to find another with binoculars tight to his eyes, fixed on
some window, a body halted in its frame.

 

2.

What is an opulent form without a function: or, what is an adverb?
What is the perfect use of the word needlessly, and what can I use to dowse for paranoia’s nearest underground spring?
I awaken to the possibility of my having no such hydrosphere,
the brighter half of my chiaroscuro egging me to passive reception.
There is no rhyme fit for my scream:
my scream is ever petty, a sword-crossed, double chiaroscuro,
a crosshatching of trusts.
The normative is pedagogical,
but only in high, high relief.

 

3.

I never skimp on the food I shoplift…
but is there a name for slinking away from the inexpensive perimeter, like this, to the decadent aisles?
And if a tree is named alone in a wood, can it be felled and dragged to the town square if no one’s around to drag it there?
There is nothing inconvenient about it, this disappearing,
this falling away of the ground from which an argument gleans its blinding charm.
I am an individual, thus I have no bedtime.

 

4.

To derive my daily intake of sentencing from ought,
my narrative scorn from is,
I first consider illegibility as impossibility, then as joke, subterfuge, and finally, as foil.
In the interim, I consult my imagination—
a vehicle, anyhow, hijacked by others…
Landscapes are without end: nothing can be read, lest
reading become sacrifice.
To rely too heavily on a single language:
to cleave the interval between two.

 

5.

At the heart of the fingertip’s whorl begins a mouth.
From this whorled mouth a cone arises.
At the base of this mouthed cone there wells up a pressure.
Out of this coned pressure eeks a thread.
With this pressurized thread is tied down a purple.
Under this threaded purple a garishness struggles.
Because of this purple garishness there clots a clotting.
In this garish clotting a well is drying up.
And now, dangling in this clotted well:
a bag of urine in sunlight.

 

6.

In an instant, I am going to tell you how I rely on things outside myself.
In an hour, I may have decided to lose myself to the steam instead.
In a day or two… how aberrant
this flipping and flipping…
Light that falls and sweeps my last anxiety out over the water from the cliff’s foot.
The sand fanning out over the plague.
Lapsed, relapsed, prolapsed, eight to nine years away from that insidious basin at the foot of a waterfall,
in the heart of the crease denoting my opulence.

 

7.

If I believe the concept of the ornamental would disappear given a minor adjustment of attention,
it must be because I sense something essentially ornate in my own being here:
a chain that ligatures a fire hydrant’s cap
to its open, bursting mouth,
a flier depicting a face that can no longer be recognized as a face.
Today I read of a name that resisted obliteration—the name as a site of paradise.
And I read of the name as a frill, under a window in a
labyrinth with a hot, soapy bath waiting at its center…
All I ask of life is that it pose me in its question to myself—like this, my personality can only hit me at a glance.


Kit Schluter / Boston, Estados Unidos, 1989. Poeta y traductor afincado en la Ciudad de México. Es autor de 5 Cartoons / 5 Caricaturas (Juan Malasuerte Editores, 2019), The Good in Having a Nuclear Family (Despite Editions, 2019) y Pierrot’s Fingernails (Canarium Books, 2020). Ha traducido al inglés a autores como Julio Torri, Marcel Schwob, Anne Kawala y, en colaboración con Anna Moschovakis, a Pierre Alferi. Junto con Tatiana Lipkes, organiza la serie mensual de lecturas “Salón de Belleza” en la biblioteca comunitaria Aeromoto.


Bruno Darío / Cuernavaca, Morelos, 1993. Es autor de El opuesto de la flor (Taller Ditoria, 2016), Poemas muy tarde (RAZ éditions, 2017; edición bilingüe francés-español) y celebración, espanto (Ediciones Sin Nombre, 2019).