21 enero, 2019

El tiempo sabe el precio que se paga

de W. H. Auden | Dossier, Traducciones

Versiones al español de Hernán Bravo Varela.


Auden no era propiamente un lírico, no aislaba momentos de intensidad. Pensaba y hablaba en versos: y sus versos, con su maravillosa y siempre imprevisible regularidad, no eran sino recursos para pensar y hablar mejor, juego y música necesarios para que la inteligencia funcione.

*

Auden es un poeta locuaz, elocuente, difuso, analítico. Como dice él mismo en una larga entrevista […], desde niño, había sido un “charlatán”. Y este poeta charlatán tuvo una actitud inconfundible, con el tiempo cada vez más evidente, que sorprendía e irritaba a sus críticos: hacía serios y hasta severos sus caprichos idiosincrásicos, sus “chusmeríos humanísticos universales”, expresando por otro lado en tono brillante y alegre la profundidad meditativa y la agudeza analítica.

*

El lenguaje poético de Auden no pretende ser un reemplazante, un sustituto fonosimbólico de la realidad. Prefiere ser, de una manera del todo consciente, un comentario de la realidad, más observada a la distancia, desde afuera y desde arriba, que directamente vivida. Auden no es un poeta del ser, es un poeta del pensar.

*

Al poseer una aguda percepción del límite que separa lo que es público de lo que es privado, Auden cuando escribe poesía a veces toma la palabra en público y a veces habla en privado, utilizando en algunos momentos la oratoria y en otras el tono humorístico, tanto el monólogo moral como la acotación confidencial, tanto la denuncia como el aforismo.

Alfonso Berardinelli, “Auden, poeta que habla” (fragmentos)
Traducción del italiano de Luciana Zollo



Epitafio a un tirano

Él andaba detrás de cierta perfección,
inventó una poesía con un lenguaje llano;
conocía la locura como su propia mano,
ejércitos y flotas le espantaban los sueños.
Al reír, los senadores reían sin ton ni son,
y al llorar, en las calles morían los pequeños.


Epitaph on a Tyrant

Perfection, of a kind, was what he was after,
And the poetry he invented was easy to understand;
He knew human folly like the back of his hand,
And was greatly interested in armies and fleets;
When he laughed, respectable senators burst with laughter,
And when he cried the little children died in the streets.


Si lo supiera

El tiempo lo dirá: te lo advertí.
El tiempo sabe el precio que se paga.
Si lo supiera, lo sabrías por mí.

Si el acto del payaso llega al fin
y, llorando, la música se apaga,
el tiempo lo dirá: te lo advertí.

Nada que adivinar, pues entendí
que es muy grande mi amor y que divaga.
Si lo supiera, lo sabrías por mí.

Soplan los vientos desde algún confín;
algo explica, en otoño, la hoja vaga.
El tiempo lo dirá: te lo advertí.

Tal vez quieran las rosas un jardín,
y durar, la visión que satisfaga.
Si lo supiera, lo sabrías por mí.

Supón que no hay arroyos, leones ni
militares; la tierra se los traga.
El tiempo lo dirá: te lo advertí.
Si lo supiera, lo sabrías por mí.



If I Could Tell You

Time will say nothing but I told you so
Time only knows the price we have to pay;
If I could tell you I would let you know.

If we should weep when clowns put on their show,
If we should stumble when musicians play,
Time will say nothing but I told you so.

There are no fortunes to be told, although,
Because I love you more than I can say,
If I could tell you I would let you know.

The winds must come from somewhere when they blow,
There must be reason why the leaves decay;
Time will say nothing but I told you so.

Perhaps the roses really want to grow,
The vision seriously intends to stay;
If I could tell you I would let you know.

Suppose the lions all get up and go,
And the brooks and soldiers run away;
Will Time say nothing but I told you so?
If I could tell you I would let you know.



Ripios de un ciudadano de la tercera edad

(a Robert Lederer)

Ya nuestra Tierra, en el ‘69,
no es el planeta que a mí más me mueve.
La fuerza que me otorga su universo
mantiene a raya el caos, sin esfuerzo.

Los climas de mi Edén, su vista llana:
constructos de la época eduardiana,
de cuando el baño no era de una pieza
y, al merendar, se bendecía la mesa.

Los automóviles, los aeroplanos,
resultan útiles pero profanos.
La ingeniería de mi sueño es por
medios hidráulicos o de vapor.

Me exige la razón que apruebe el foco
de luz eléctrica, pero tampoco.
Para mí, lo mejor (y lo primero)
es la luz que proviene del mechero.

Derroté a mis fantasmas familiares
aunque tengan virtudes ejemplares.
La ética protestante de trabajo
es práctica y protege a los de abajo.

Cantaban duetos todas las parejas;
era inmoral tener deudas y quejas.
Yo seguiré, mientras me encuentre vivo,
pagando lo que compro en efectivo.

El Libro de Oración Común, que mete
ruido, viene del siglo XVII.
Los sermones podrán tener su encanto;
las reformas litúrgicas, no tanto.

El sexo fue —y será, si somos serios—
el más provocador de los misterios.
El vendedor de diarios no surtía
de la muy maniquea pornografía.

El Discurso era un Arte y no un remedo,
como el de no eructar o echarte un pedo.
Ya no sé qué es peor (o si es lo mismo):
la antinovela o el versolibrismo.

Jamás sería afín al erudito
que hurga en los símbolos y escarba el mito.
Soy un hombre de letras. Los lectores
sabrán que he escrito para mis mayores.

¿Alguien de veras cree en lo permisivo
como un enorme triunfo educativo?
Eran mejores aulas, desde luego,
en las que a fuerza había latín y griego.

Aunque juzgo ese término fatal,
hay una brecha generacional.
¿A quién echar la culpa? No es externa:
la tiene quien no habló lengua materna.

El Amor no es, al menos, un estado
en boga o que se haya superado.
Tengo amigos del alma sin mejora
posible, a los que veo aquí y ahora.

¿Yo alienado? ¡Patrañas! Es mi raza
la de aquel ciudadano que rechaza
el sentimiento de comodidad
con la más pura y simple Realidad.



Doggerel by a Senior Citizen

(for Robert Lederer)

Our earth in 1969
Is not the planet I call mine,
The world, I mean, that gives me strength
To hold off chaos at arm’s length.

My Eden landscapes and their climes
Are constructs from Edwardian times,
When bath-rooms took up lots of space,
And, before eating, one said Grace.

The automobile, the aeroplane,
Are useful gadgets, but profane:
The enginry of which I dream
Is moved by water or by steam.

Reason requires that I approve
The light-bulb which I cannot love:
To me more reverence-commanding
A fish-tail burner on the landing.

My family ghosts I fought and routed,
Their values, though, I never doubted:
I thought the Protestant Work-Ethic
Both practical and sympathetic.

When couples played or sang duets,
It was immoral to have debts:
I shall continue till I die
To pay in cash for what I buy.

The Book of Common Prayer we knew
Was that of 1662:
Though with-it sermons may be well,
Liturgical reforms are hell.

Sex was of course —it always is—
The most enticing of mysteries,
But news-stands did not then supply
Manichean pornography.

Then Speech was mannerly, an Art,
Like learning not to belch or fart:
I cannot settle which is worse,
The Anti-Novel or Free Verse.

Nor are those Ph.D’s my kith,
Who dig the symbol and the myth:
I count myself a man of letters
Who writes, or hopes to, for his betters.

Dare any call Permissiveness
An educational success?
Saner those class-rooms which I sat in,
Compelled to study Greek and Latin.

Though I suspect the term is crap,
There is a Generation Gap,
Who is to blame? Those, old or young,
Who will not learn their Mother-Tongue.

But Love, at least, is not a state
Either en vogue or out-of-date,
And I’ve true friends, I will allow,
To talk and eat with here and now.

Me alienated? Bosh! It’s just
As a sworn citizen who must
Skirmish with it that I feel
Most at home with what is Real.



Quien ame más

Cuando miro hacia arriba los astros, sé de cierto
que les daría igual si me fuera al infierno.
Pero no deberíamos temer la indiferencia
por encima de otros hombres u otras bestias.

¿Nos gustaría, acaso, ser la estrella que ardía
con pasión por nosotros jamás correspondida?
Si aquel afecto no ha de ser igual,
que sea siempre yo quien ame más.

Siendo un admirador —así lo creo—
de astros que todo les importa un bledo,
jamás lamentaré, ahora que asoman,
el no haber visto alguno ayer y ahora.

Si los astros llegaran a esfumarse, perdidos,
aprendería a ver un cielo ya vacío
y a percibir sublime su oscuridad total,
aunque esto me tome más tiempo, un poco más.


The More Loving One

Looking up at the stars, I know quite well
That, for all they care, I can go to hell,
But on earth indifference is the least
We have to dread from man or beast.

How should we like it were stars to burn
With a passion for us we could not return?
If equal affection cannot be,
Let the more loving one be me.

Admirer as I think I am
Of stars that do not give a damn,
I cannot, now I see them, say
I missed one terribly all day.

Were all stars to disappear or die,
I should learn to look at an empty sky
And feel its total dark sublime,
Though this might take me a little time.



Blues del refugiado

Supón que hay diez millones viviendo en la ciudad.
Unos tienen mansiones; otros, un muladar.
Pero para nosotros no hay lugar, amor mío, no hay lugar.

Alguna vez tuvimos —y era hermoso— un país.
Busca en el mapamundi: lo encontrarás allí.
Ahora ya no iremos, amor mío, ahora ya no iremos.

En la iglesia del barrio crece un antiguo tejo
y cada primavera florece como nuevo.
No así los pasaportes, amor mío, no así los pasaportes.

Golpeó la mesa el cónsul y dijo: “Si no tienen
pasaporte, los dos han muerto oficialmente”.
Aún estamos vivos, amor mío, aún estamos vivos.

Asistí a un comité. Me ofrecieron sentarme.
“Regrese el próximo año”, me dijeron, amables.
Pero hoy, ¿a dónde vamos?, amor mío, pero hoy, ¿a dónde vamos?

Vine a una junta pública. Dijo el vocero: “Ah,
pero si los dejamos se roban nuestro pan”.
Hablaba de nosotros, amor mío, hablaba de nosotros.

Creí escuchar el trueno que retumbaba, ahora.
“Deben morir”, decía Hitler por toda Europa.
Él pensaba en nosotros, amor mío, él pensaba en nosotros.

Vi a un perrito faldero dentro de una chamarra
y vi una puerta abrirse, una gata que entraba.
Pero no eran judíos, amor mío, pero no eran judíos.

Fui al puerto y me quedé de pie sobre algún muelle.
Como si fueran libres, vi nadar a los peces.
Estaban a unos metros, amor mío, estaban a unos metros.

Caminé por un bosque, vi aves en los árboles.
No tenían políticos; cantaban a su aire.
Ellos no eran humanos, amor mío, ellos no eran humanos.

Yo soñé un edificio con millares de plantas,
con millares de puertas y, también, de ventanas.
No seremos sus dueños, amor mío, no seremos sus dueños.

Sobre una gran planicie nevada y con ventisca,
los soldados —diez mil— marcharon todo el día.
Nos buscaban a ambos, amor mío, nos buscaban a ambos.



Refugee Blues

Say this city has ten million souls,
Some are living in mansions, some are living in holes:
Yet there’s no place for us, my dear, yet there’s no place for us.

Once we had a country and we thought it fair,
Look in the atlas and you’ll find it there:
We cannot go there now, my dear, we cannot go there now.

In the village churchyard there grows an old yew,
Every spring it blossoms anew:
Old passports can’t do that, my dear, old passports can’t do that.

The consul banged the table and said,
“!If you’ve got no passport you’re officially dead”:
But we are still alive, my dear, but we are still alive.

Went to a committee; they offered me a chair;
Asked me politely to return next year:
But where shall we go to-day, my dear, but where shall we go to-day?

Came to a public meeting; the speaker got up and said;
“If we let them in, they will steal our daily bread”:
He was talking of you and me, my dear, he was talking of you and me.

Thought I heard the thunder rumbling in the sky;
It was Hitler over Europe, saying, “They must die”:
O we were in his mind, my dear, O we were in his mind.

Saw a poodle in a jacket fastened with a pin,
Saw a door opened and a cat let in:
But they weren’t German Jews, my dear, but they weren’t German Jews.

Went down the harbour and stood upon the quay,
Saw the fish swimming as if they were free:
Only ten feet away, my dear, only ten feet away.

Walked through a wood, saw the birds in the trees;
They had no politicians and sang at their ease:
They weren’t the human race, my dear, they weren’t the human race.

Dreamed I saw a building with a thousand floors,
A thousand windows and a thousand doors:
Not one of them was ours, my dear, not one of them was ours.

Stood on a great plain in the falling snow;
Ten thousand soldiers marched to and fro:
Looking for you and me, my dear, looking for you and me.


W. H. Auden / York, Inglaterra, 1907 – Viena, Austria, 1973. Nacionalizado estadounidense poco después de la Segunda Guerra Mundial, Auden fue el prolífico autor de una obra que abarca la poesía, el ensayo, el teatro, el libreto operístico y la literatura de viajes. Junto con W. B. Yeats y T. S. Eliot, es considerado uno de los poetas más influyentes del siglo XX en el Reino Unido.


Hernán Bravo Varela / Ciudad de México, 1979. Es autor de cinco libros de poemas y dos de ensayo literario. Ha publicado, en versión suya al español, diversas obras de Emily Dickinson, Gerard Manley Hopkins, T.S. Eliot y Seamus Heaney, entre otros autores. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y editor del Periódico de Poesía de la UNAM.