28 enero, 2019

Tres poetas eslovacos

de Ivan Štrpka, Michal Habaj, Katarína Kucbelová | Traducciones

Presentación y versiones de Lucia Duero

 

Eslovaquia renació en 1993 después de haber vivido varias vidas: la Primera República Checoslovaca tras el colapso del Imperio austrohúngaro (1918-1939) y la Segunda República Checoslovaca (1938-1939) como resultado de los acuerdos de Múnich. Entre 1939 y 1945 existió la Primera República Eslovaca como estado cliente de la Alemana Nazi y en 1945 volvió a ser Checoslovaquia, ahora como estado satélite de la Unión Soviética; permaneció así hasta 1993, cuando se separó pacíficamente de la República Checa.

En el 2018 se cumplieron cien años de la creación de Checoslovaquia y mucho se ha pensado sobre el significado de esta convivencia. Hay quienes sostienen que esa relación era ilusoria y que la República Checa siempre tuvo la última palabra; otros, cuando se trata de explicar qué es Checoslovaquia, recurren a una imagen personal o señalan el hecho de que, a pesar de la separación, muchos eslovacos viven todavía en la República Checa. Hay también quienes sienten nostalgia checoslovaca —no sabemos bien de qué, de algo maravilloso en todo caso—, y quienes dicen “nací en un país que ya no existe”.

El poeta Ivan Štrpka (1944) vivió en Checoslovaquia, en la República Eslovaca y bajo el comunismo. Cuando el represivo régimen comunista, como a muchos otros, le prohibió publicar, desarrolló su propio lenguaje para mantener su libertad personal. Así, junto con otros poetas que se encontraban en situación semejante, y “con amigos de la mente y del corazón”, funda el grupo poético “Los Corredores Solitarios” —la soledad es una condición voluntariamente aceptada y al mismo tiempo impuesta por el contexto político del país—. La prohibición dura veinticinco años. Todas las manifestaciones artísticas se ven afectadas; los cineastas, por ejemplo, se ven obligados a crear bajo códigos muy sofisticados para evitar la censura. (Se dice que la época de oro del cine checoslovaco es producto precisamente de esta censura y de la genialidad de los creadores para sortearla.) El país está cerrado, pero la mente siempre busca salidas, como se ve en el caso de Ivan Štrpka. Cuando conversa con Allen Ginsberg en Bratislava, en 1965, ambos cruzan innumerables fronteras para encontrarse en el mismo asombro. “La frontera se abrió calladamente en mi cabeza”, cuenta Ivan.

Michal Habaj (1974) y Katarína Kucbelová (1979) son de los que nacieron en el país que ya no existe, en la Checoslovaquia de los años setenta, y fueron influenciados por la década de los noventa, por el cambio del extenso pasado del aislamiento al incierto presente que nadie entiende aún.

Michal experimenta con la realidad, con el nuevo lenguaje de la globalización y las nuevas tecnologías que aparecen en esta época. Katarína estudia meticulosamente las relaciones en las que nos sumergimos tras estos cambios; la ciudad llega a explicarse a sí misma en una búsqueda de su yo. La autora se interesa por la manera de situarse en la civilización contemporánea, las aspiraciones e impotencias de cada quien para adaptarnos a su marcha, y la influencia que ha tenido la invención arquitectónica de la sociedad postindustrial sobre nosotros.

—Lucia Duero

 

IVAN ŠTRPKA

Nerviosismo en las ciudades

En la fotografía desenfocada por el movimiento
puedes ser cualquiera. La serenidad hueca
sacude nerviosamente el follaje verde de la copa
indefinible en medio del estacionamiento. Y el aire está lleno.
¿Quién busca tus ojos? Una rubia de pelo corto,
por la repentina falla de una doble exposición
se descubre pelilarga, y tienta su indefinible pelo fantasmagórico
y las caras nebulosas de los transeúntes, que pasan con indiferencia.
Casi llegarás a creer que justo ese algo ambiguo y tenso entre
las extremas posibilidades del hacinamiento de una figura que baja
las escaleras (sin una idea clara) podrías ser (la verdadera) tú.
Los frenos en el cruce (hacia la angustia de la realidad) chillan.
¿Qué se nos escapa? Algo mecánico como un retumbo difuminado
sube todas las entradas del metro de la tarde sin salida.
Los movimientos se mueven solos, casi fuera
de cada objeto: solo un dibujo apresurado en el vacío sin la mano.
Algo chispa. Anda en el vacío.
Se corre. Se habla. En tu cabeza haces llamadas telefónicas.
Pero tu teléfono no tiene con quién.

 

La bandera invisible / niños en fuga

Los nudos de las agujetas están desatados. Los niños están en fuga.
Sus ojos azorados iluminan los fragmentos del mundo en la premura de la gente,
los cuales emergen de vez en cuando y resplandecen en las fisuras
entre los días que fluyen deprisa. Todos son
como uno mismo, la ciudad silba su adelante. La máquina teje llanamente,
no se detiene. Nadie nos busca. Somos náufragos aquí.
Los nudos de las agujetas están desatados —
muelles de piedras — ¡terminaremos con ustedes! La ola
se está levantando. Y el aire chapotea. Tras cada paso
arrastramos la nave ebria.

 

Mantengan el pánico

“Morir es solo no ser visto”, sostiene
el eterno alcohólico local, guardián del jardín cubierto de maleza.
El tiempo aquí, en lugares lúgubres, carece de tiempo.
Ahora está nublado, pero quieto. Nadie
duerme. Bajo mis ventanas rechina el antediluviano
tranvía amarillo núm. 25. “Pax tecum”, el mensajero veloz
de todos los lugares ocupados y desocupados.
Todo sucede. Y espero que yo también. Parece
que el tiempo dura y la miseria se acumula. Encuentro
muchas huellas vivas. Desde el teclado me trepa
una pequeña hormiga terriblemente movediza —
casi invisible. Y en cualquier momento puede
desaparecer o explotar.

Del libro Mantengan el pánico (Argonáutica, 2018)

 

MICHAL HABAJ

Las palabras desde la oscuridad

Se reúnen dos poetas eslovacos.
El primero es el mejor poeta de Eslovaquia, lo mismo que el segundo, y el tercero también.

 

Destino: la persistencia

ese tren se atascó en nosotros para siempre: atado y roto:
abandonado en rieles de recuerdos se oxidaba:
los cristales rotos de los ojos las sentencias amorosas rotas: ese tren se aherrumbró
para siempre: en campos de batalla olvidados hace tiempo: en los llanos
del alma y los lagos del corazón: donde hoy hacen diabluras únicamente
hologramas de los primeros robots afectuosos: que lucharon
por nuestros deseos soñados: por nuestras agendas de amor: por nuestros
arroyos de sangre: ofrecieron sus vidas de cromo:
el disparo profundo en nosotros: los tomó desprevenidos los tomó
desprevenidos: el disparo tras la caída del crepúsculo en el paisaje:
la noche tranquila caía sobre las colinas: sobre los campos grises: en el ojo del robot
en la distancia ardía: la plantación del abuelo: donde nosotros y nuestras
muchachas: apuntábamos al Sol: el Sol se ocultaba profundamente
en nosotros: donde solo tú y yo: dos en el Universo: nos quitábamos
la ropa: y caminábamos por el más bello de los jardines: inconscientes:
de que este tren: el tren del amor y de la esperanza: quedaría solo en mitad
de la llanura: oxidado y vacío: sólo los hologramas de los robots
muertos hace tiempo: pasan efímeros por la ventana de vez en cuando: braceando
sin dirigirse a nadie: braceando con la mano muerta de la vida en vano.

 

Mária de Petrogrado

El ala de la eternidad relumbra sobre la noche callada
y por un instante viste la iglesia como el cuerpo al alma.

Los álamos nievan,
Mária gira la cara hacia los recuerdos,
Mária se acomoda el peinado,
refinada, hermosa Mária de Petrogrado.

“Estemos juntos para siempre al menos por un instante”,
digo, pero Mária camina por el siglo XIX. 

Los álamos nievan,
Mária acaricia el alma con sus devaneos,
pero el alma es un ave migratoria
y Mária vuelve a caminar por Petrogrado.

“… basta estar quieto en lo quieto,
y miles de aves que levantan el vuelo
volarán en tu mirada”,
digo, y la mano de Mária concilia el sueño en la palma de mi mano.

 

En el nombre del higo

En la sombra de la higuera
Olvidé el nombre del higo

Así podría empezar un libro o una vida

Con el nombre que olvidé

Me ofreces el higo y me lo como
Pero tu nombre, amor, lo olvidé.

De la antología Nostalgia o Invierno en Bratislava (Argonáutica, 2018)

 

KATARÍNA KUCBELOVÁ

III.
tantos son los días
que no logro registrar
el tejido de los sucesos
con una precisión exenta de conflictos
exenta de edad
exenta de padres y exenta de hijos

IV.
pretendí
acordarme
pero aquellos nombres luego
cambiaban desaparecían los cambiaban
las aglomeraciones de gente que
constantemente

atravesaba y cada instante atraviesa la ciudad
con el impecable sentido de la presencia
dejan la impresión de una ciudad perenne
(la capacidad de una aglomeración
de concebir personas
idénticas gracias al único fin:
destacar)
no quiero terminar
de nombrar nuevamente con la ayuda de mi
memoria
pero otra vez y una vez más me vacía el talento
de orientarme en los días
que atraviesan la ciudad
y
todos parecen uno solo
(según las estadísticas, los visitantes se quedan
en esta
ciudad aproximadamente un día)

V.
¿hacia dónde quieren llevarme
con su comunicación dirigida a
las asociaciones y las instituciones
mediante la gente,
en esta ciudad?
¿la gente en esta ciudad,
mediante asociaciones e instituciones?
A pesar de ello, yo aprecio
su laboriosidad creatividad incluso el estilo
y gusto
el sentido del humor y el buen manjar
mi labor la ejerzo escrupulosamente,
siempre consumo el ingreso entero
ellos
nunca terminan de comunicar

VI.
cuando atravieso otras ciudades
es como si atravesase esta ciudad
si quiero llegar a alguna parte
tengo que cruzar de una calle a otra
en los aeropuertos aprendí a moverme
en la dirección de las flechas
la desconfianza inicial se derritió
en la inexistente alternativa de las calles
una inmensa
resignación
una infinita
tolerancia

Fragmento de Una pequeña gran ciudad (Olifante Ediciones de Poesía, 2018)


Ivan Štrpka, Michal Habaj, Katarína Kucbelová

Ivan Štrpka / 1944, Hlohovec, Eslovaquia. Es autor de numerosas colecciones de poesía, narrativa y ensayo. Además de su poesía, escribió letras de canciones para Dežo Ursíny, considerado una de las personalidades más importantes de la música rock eslovaca y uno de los compositores de música popular más talentosos y originales. Su obra ha sido traducida a numerosas lenguas y ha sido galardonada con múltiples premios.

Michal Habaj / 1974, Bratislava, Eslovaquia. Es poeta y teórico de la literatura, autor de ocho libros de poesía (uno de ellos publicado bajo el seudónimo de Anna Snegina). Sus investigaciones literarias se centran en la poesía y prosa eslovaca del período del modernismo y la vanguardia. Es considerado uno de los poetas eslovacos contemporáneos más atrevidos, experimentales e innovadores.

Katarína Kucbelová / 1979, Banská Bystrica, Eslovaquia. Es una las poetas contemporáneas más relevantes de Eslovaquia. Estudió dramaturgia y guion en la Academia de Artes Escénicas en Bratislava. Es autora de cuatro colecciones de poesía: Duales (2003), Deporte (2006), Una pequeña gran ciudad (2008) y Sabe lo que hará (2013). Su poesía ha sido traducida al inglés, alemán, checo, polaco y esloveno.


Lucia Duero / Eslovaquia, 1988. Es escritora y traductora literaria.