Julio Trujillo

/ Ciudad de México, 1969. Es poeta. Cursó la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. Se ha dedicado a la edición de suplementos y revistas culturales, como la Revista de la Universidad de México, la Revista Mexicana de Cultura, El Huevo y Letras Libres. Es autor de los libros Una sangre (Trilce, 1998), Proa (Marsias, 2000), El perro de Koudelka (Trilce, 2003), Sobrenoche (Taller Ditoria, 2005), Bipolar (Pre-Textos, 2008), Pitecántropo (Almadía, 2009), Ex profeso (Taller Ditoria, 2010), La burbuja (Almadía, 2013), El acelerador de partículas (Almadía, 2017) y Jueves (Trilce, 2020).


Basta correr

Hay dos tipos de corredores, los que se desplazan en contra de algo o los que lo hacen a favor de algo. Los primeros compiten, ya sea contra otros corredores o contra un cronómetro, y esas metas específicas acotan el ámbito de su carrera como un trazo finito y perfecto, una línea, un circuito, un rastro prefijado entre dos puntos. Los segundos corren para y por el movimiento mismo, procurando un ritmo, una velocidad-crucero en la cual desaparecer: los dos puntos del principio y final de su carrera importan mucho menos que su propia articulación, y la figura que mejor podría describir su dinámica es la espiral.

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Tu propia fecha de caducidad

Querías un horizonte circular    para el mareo de los sentidos para dar vueltas sobre el mundo como peonza    ¿hasta el delirio? hasta el desequilibrio de la mente    voraz con tanta sed de tanto    si a todos basta una fracción de cielo unos puños de arena     una cerveza bajo el sol ¿por qué deseabas todo el mar     todo el azul de un solo trago?

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Un poema de nueve entradas

Imaginemos una pradera, en forma de diamante, en la que unos pastores cuidan un pequeño, huidizo meteoro blanco. Y lo hacen en un tiempo fuera del tiempo, reacio al reloj, que dura lo que dura. ¿Hablamos de poesía o de beisbol? De ambos. Poesía lírica, muy probablemente, e incluso bucólica: en beisbol no se dice estadio sino parque, y quienes patrullan los senderos son obviamente jardineros.

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El tenis o la vida

Deporte mudo y generalmente blanco, épica individual en que la fuerza física no es nada si no hay fuerza mental, metáfora perfecta de la vida y sus perseverancias, mezcla de ritmo, belleza y potencia, velocísimo y vivo ajedrez, el tenis se presta o debería prestarse como una eficaz herramienta literaria. No obstante, no abunda la bibliografía.

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Nadar es escribir y viceversa

A la poesía y a la natación se les relaciona desde que en el mundo hay agua y humanos, tal vez porque comparten un mismo objetivo: ser un ritmo, educar a la respiración y fluir.

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