31 agosto, 2020

Tu propia fecha de caducidad

de Julio Trujillo | Inéditos

Querías un horizonte circular
   para el mareo de los sentidos
para dar vueltas sobre el mundo como peonza
   ¿hasta el delirio?
hasta el desequilibrio de la mente
   voraz
con tanta sed de tanto
   si a todos basta una fracción de cielo
unos puños de arena
    una cerveza bajo el sol
¿por qué deseabas todo el mar
    todo el azul de un solo trago?
abre los brazos
    cuánto paisaje cabe en ese arco
que trazas con los ojos
    pero querías un horizonte circular
ver hacia atrás
    no perderte de nada como un dios
como un tirano
    ansioso al ignorar
lo que pasaba a tus espaldas
    como si el cosmos te debiera algo
niño
    de su juguete despojado
pero era un mundo entero
    un orbe arrebatado de tus manos
y lo sabías
    te habías diagnosticado de insaciable
eras capaz de examinarte
    debajo de tu propio microscopio
de ver cómo flotabas
    en una gota de agua
pataleando
    apenas un microbio en el espacio
¿qué se sentía que un trago
    te diera sed de un trago
que tu hambre se quitara con más hambre
    que un beso te incitara a poseer
a toda la mujer?
    ¿de qué tamaño fue tu frustración
cuando perdiste al apostarlo todo?
    porque nunca aprendiste a retirarte a tiempo
y optabas
    mejor por reventar
por inmolarte en medio de una plaza
    ya vacía
ya desolada en el amanecer
    después recomenzabas
juntabas tus pedazos desde el pasmo
    de una resaca colosal
y lentamente ibas fraguando
    el próximo estallido
¿tal vez gozando en el festín de añicos?
    creías que sí
que había un momento extático
    en la disolución
pero no estabas entendiendo y no aprendías
    carajo
no aprendías a morir
    a despojarte de tu propia servidumbre
terrorista de ti
    otro lugar
ese era el nombre verdadero de tu playa
    mental
nunca el aquí que se regala como el aire
    sino la angustia de un allá
por siempre inaprensible
    como el instante
buscabas
    con entrañable patetismo
tu propia fecha de caducidad
    que algún demiurgo
había escondido entre los pliegues
    de tus venas y arterias
y así te hurgabas como un hombre
    que ha entrado en la locura
que desespera al no encontrar la comezón
    original
desde el momento de nacer
    huías
y ya te perseguías
    como quien busca entre los puños aferrar
su sombra
    y cada día nacías
amnésico y creyéndote inocente
    a manotear detrás de ti
siempre detrás
    como un cuerpo cosido a una mirada
como un perro que entrara de repente
    en el espacio de su olfato
todos aquellos días
    fueron un solo día
como una cinta de Moebius dividida
    en veinticuatro partes
sobre la cual te desplazabas como un santo
    o un idiota
alucinando que avanzabas
    que acumulabas experiencia
mosca topando sin cesar contra el cristal
    del día
¿no hubo un residuo
    un sedimento
una madre que te hablara?
    sabes que sí
podías sentir la gravedad
    de todas esas horas transcurridas
tus labios
    reconocían las sales gruesas de la vida
depósitos y magmas
    sazón de estar y ser
y toda la elocuencia de crecer
    pero seguiste desplazándote con prisa
¿qué te urgía?
    como si la quietud y la asimilación
fueran la muerte de verdad
    como si no quisieras
poner la mano sobre tu hombro
    y alcanzarte
verte a los ojos
    dar un largo respiro y perdonarte

* Inicio del libro Jueves, publicado por Trilce Ediciones en 2020.


Julio Trujillo / Ciudad de México, 1969. Es poeta. Cursó la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. Se ha dedicado a la edición de suplementos y revistas culturales, como la Revista de la Universidad de México, la Revista Mexicana de Cultura, El Huevo y Letras Libres. Es autor de los libros Una sangre (Trilce, 1998), Proa (Marsias, 2000), El perro de Koudelka (Trilce, 2003), Sobrenoche (Taller Ditoria, 2005), Bipolar (Pre-Textos, 2008), Pitecántropo (Almadía, 2009), Ex profeso (Taller Ditoria, 2010), La burbuja (Almadía, 2013), El acelerador de partículas (Almadía, 2017) y Jueves (Trilce, 2020).