21 enero, 2019

En la quietud de los monstruos

de Elaine Vilar Madruga | Inéditos

Rey frijol

no fui animal en la pandemia
ni cicatriz del tejido quemado
tercer eslabón de exposición
nunca fui la foto de una ciudad que cuelga
ahorcada en sí misma

padre
ahorcado en sí mismo
contempla
su calle su avenida su casa

quizás nunca contempló a mi madre
de igual manera

su promesa          vivirás como el rey que eres
rey frijol dentro del adoquín
padre el diamante en bruto de su generación
no pudo escapar de su calle
excepto para visitar otro adoquín
en este caso el de la muerte
padre está detrás de la reja en un calabozo de sí mismo
cabizbajo rey frijol
saborea al mundo a su conquista
ahora lleva una nieta sobre el brazo como una pertenencia
un eslabón hacia otro siglo
un eslabón hacia mí
la carga
y esa niña es su maleta su nuevo adoquín que exhibe
porque piedra en el bolsillo no pesa
pero piedra en el bolsillo pesa

arrastra
hacia abajo

detrás de la reja prisionero
ha matado a un hombre recuerdan algunos
pegó a mi madre recuerdan otros
nunca me llevó en los brazos
yo fui el adoquín que jamás pudo pisar
el adoquín
que le falta

piedra en el bolsillo no pesa
piedra en el bolsillo sí pesa

arrastra
hacia abajo.

 

Las jirafas pueden ser también mariposas

mira                 lo he decidido al final
hay otros cuellos más ilustres que el mío
por ejemplo basta con recordar a Ana Bolena
a algunas novias suicidas de Modigliani
a ciertas muchachas que en accidentes de automóviles
se quebraron una vértebra
cuellos ilustres exhibidos en museos
daba miedo verlos así como en las películas japonesas de terror
los cuellos mirándote sin ojos
no eran necesarias otras señales
desde la lejanía se distingue el olor de los cuellos sudados
que se revuelven en un caldo
cuellos rotos horcas muchachas sonrientes que ignoran las señales de tránsito
temblores bajo una fina capa de sutileza
que aun así no oculta
el polvo debajo de la alfombra
los cuellos debajo de la historia
inclinados y torcidos como los gemelos siameses
que extienden el hilo umbilical del vientre materno hasta la vida
cuellos que relinchan
que susurran aquí estaremos para siempre
colgados en los museos
pruebas de que el arte es plastilina y oro y materia fecal y migraña
aquí estaremos
en la quietud de los monstruos
jirafas complacientes de la otra realidad
cuellos como mariposas de coleccionista
detrás de una vitrina
con alas de tela.

 

Maternidad

mi abuela cuida a la mujer senil
que no es su hermana ni su sangre,
la que le negó hace ya tanto
un trozo de tela veneciana
y escupió el jarro donde mi madre de tres años
tomaba la leche mañanera:

leche que era un poco mugre y exilio,
blanca epidemia, brote de nata, jardín de esporas.

se abren los gritos uno a uno.
quieren hablar de esa otra vida
grabada en los horcones de la casa
mientras abuela enjabona a la mujer extraña,
al regalo vudú,
a la miseria de la peste,
a los girasoles mustios de las llagas.

ya no espera más de la vida.

ni una ni otra esperan otra cosa
que el baño de las seis, la comida a las siete,
el desayuno de pan y muerte,
lo que mi mano debió sacrificar.



Elaine Vilar Madruga / La Habana, Cuba, 1989. Narradora, poeta y dramaturga. Licenciada en Arte Teatral, especialidad Dramaturgia por el Instituto Superior de Arte de Cuba. Ganadora de diversos premios nacionales e internacionales. Ha publicado más de treinta libros en editoriales de Estados Unidos, Canadá, Cuba, República Dominicana, España, Chile e Italia. Cultiva los géneros de novela, cuento, poesía, literatura fantástica y de ciencia ficción, teatro y literatura para niños y jóvenes.