17 mayo, 2021

Las armas sobre la mesa

de Fernando Trejo | Inéditos

Charlotte Rampling

Un disparo es un trazo, un recorrido, una línea invisible. Es medio día y Peter se estaciona, a mitad de la azotea con vista a un campo de futbol. Respira, Peter, con sus setenta y tres años encadenándolo a la oscuridad: al blanco y negro de su juventud. Una mano se alarga para alcanzar los hombros de su lejana historia. Golpetea el color y la tarde se nubla. Es una especie de Dios en la mirada. Prepara el trazo, la clase de pintura que Günther usaría. Lienzos y más lienzos suturándole el iris de los ojos. ¿Por qué he de llorar esta tinta? Se limpia la nariz con el torso de sus manos.

El disparo es un trazo que abusa de silencio.

Y aparece Tessa, abuela transparente, que sorbe, quizá, también ese trayecto en su café. Su mirada lo abraza desde lejos. Sabe que es él. Pero Peter tiene ya en el dedo el sino: volverla infinita, delinearla en el marco de la eternidad. Detrás de una ventana, la abuela Tessa corre la cortina para asomar los años que le ofrece, le besa con la mano en el aire. Pero dos tiros fuman en su boca. Y estalla de color su corazón lejano.

 
 
Jessica Chastain

Las armas sobre la mesa. Trípodes y lámparas encendidas que alumbran un punto. Alguien silba. Afuera nieva y se escucha una craquelada oración de grillos: Jolene, Jolene. Se enciende otra luz. Es Peter, que se vuelve de pronto, en la oscuridad que parpadea, un silbido. Elige una de las armas de la mesa.

¡Jolene, Jolene!

Se enciende otra luz: atada de manos, Jessica toma de su vientre la esencia para sostenerse en pie. Peter aparece vestido de Bosco. Peter es ahora un extraño niño aficionado al gore. Peter es ahora el temeroso chico que se enamoró de Ángela en una película de Alejandro Amenábar.

Jessica lo reconoce. Soy Jolene, suplica. Pero Jolene y Bosco no se pertenecen. Sin más, Bosco pregunta: ¿de qué color son mis ojos? El cuarto se llena de grises. Trípodes. Lámparas encendidas que alumbran el punto. Afuera nieva y se escucha una craquelada oración de grillos:

Jolene, Jolene.

 
Léa Seydoux

Quizá es la más cercana a Peter. Quizá ella conoce hasta los árboles rojizos que han echado raíz dentro de sus ojos. Que conoce el aliento de los perros como conoce las palabras que ha cruzado con él a mitad de calle, cuando se topan frente a frente en las mañanas, en Lexington Avenue. Léa cruza las piernas entalladas en un pantalón de mezclilla. Peter configura su herramienta y camina cercenando el diámetro para cuidar la distancia y no atrofiar, absolutamente, cualquier imperfecto descuido que pueda suceder al disparar. Porque un disparo es el aliento de los ángeles. Allí viajan, montados en el lomo de Dios, a velocidad luz: una luz que llena de ámbares el color de la noche. Peter la abraza y suena amarilla su ausencia; a lo lejos un árbol crece, rojizo, dentro de sus ojos.

 
Peter Lindbergh menciona estas palabras mientras prepara sus armas para la eternidad, una mañana en Nueva York.

Yo podría acercármeles diciendo: ¿Sabes? Quiero hacer algo que es como llorar en contra del terror de la perfección y de la juventud.

 
 
* Del libro Las armas que le dejó la guerra, primer premio en los Primeros Juegos Florales de Literatura Comitán 2020.


Fernando Trejo / Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1985. Ha publicado, entre otros libros de poesía, Cuaderno invertebrado (Premio Juegos Florales San Marcos 2006), Solana (mención honorífica del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2014), Ciervos (Premio de Poesía Inédita Enoch Cancino Casahonda 2014) y Base Atenas (Premio Centroamericano de Poesía Rodulfo Figueroa 2015). Ha sido becario del PECDA en 2005 y 2008, y del programa de Jóvenes Creadores del FONCA en 2018. Dirige el Encuentro Nacional de Escritores Carruaje de Pájaros.