24 mayo, 2021

Los vanos mausoleos

de Efe Rosario | Inéditos

I

Cuando apuntas al pecho
y dices cosas
como del te quiero,
solo puedo preocuparme.
Han sido largas las guerras,
las ventanas hechas añicos.
Han sido demasiados los cristales
echados a perdición.

Estoy ahora empleado
en la cristalería de un pueblo destruido,
pero más pueden mis manos torpes
que las vagas condecoraciones.

Así,
bajo amenaza
de costumbre y pesadilla,
cargo mis armas,
preparo la retirada
o me pongo de sortija
el seguro de una granada;
me doy a su abrazo.

Tendrás que perdonarme
la cara de peleador abatido,
de soldado incumplido e incumplidor.
Ya me sé todas las trampas.

Vuelvo al trabajo
y al recuerdo,
al tiempo de pólvora,
al grito infinito,
a mis manos temblorosas.

Rompo, por accidente,
un frasco de mercurio.

Ahora puede la herida del mundo
hacerse una con mi herida.

 

II

Uno despierta un día
y va cayendo.
Avanza por museos de armas,
desciende escaleras,
mira a la mujer de turno
o a la que adora
como para engañarse la vida.
Pero se sigue de galpón en galpón
y de golpe en golpe,
de cardenal en cardenal,
y de canto en canto.
Porque todo es inútil
y respetas la tradición.
Porque te has entregado al extravío
de anunciar tu cara en los mercados
y simplemente saberte obsoleto.
Porque a pesar de que el mundo continúe
en perfeccionamiento de operaciones matemáticas,
estás condenado al cuarto oscuro del revelado,
al residuo de la alegría
y a la maldita melancolía
que traen los recuerdos
de segunda mano.

 

III

Cuando es lunes por la noche.
Cuando nada queda claro.
Cuando estás en ala de tristeza.
Cuando ya, de pronto, los cansancios.
Cuando ya, de prisa, los afectos.
Cuando vuelves a noción de destrucción.
Cuando vuelves a certezas.
Cuando eres el quejido,
y lo odia.
Cuando eres el miedo,
y lo odia.
Cuando todo es odio.
Cuando sabes que no puedes escribir,
porque así no se escribe.
Cuando sabes que no puedes escribir,
porque así no se puede.
Cuando la pasarela de letras es imposible.
Cuando tu amor no cambia.
Cuando su amor se filtra en embudos.
Cuando malentendidos y problemas.
Cuando dice el viento del temblor de la torre
y la fragilidad de sus columnas.
Cuando entras y sales del cuarto tortuoso
y no encuentras cómo colgar el caparazón.
Cuando ignoras dónde poner la curita,
parar el sangrado.
Cuando el cuerpo llora en alarmas.
Cuando el tiempo es solo
una acumulación de arrugas y guerras…

No hay nada como velar a un muerto,
cumplir con la exigencia,
cansarse de mano arriba y apertura.
No hay nada como pensar mascota
a la lombriz,
cavar la tumba,
sembrarse a fuerza y palabra.

 

IV

Siempre me quejaré
de que el canon no alcanzó
para el poema del bleacher y las rodillas.
Tenemos, tristemente,
la versión oficial
que no da para mucho.

A estas alturas,
es de lo único que podemos hablar:
que el punto era esperar
y el punto eran nuestras madres
llevando la sangre hasta el marrón
en el lavado de ropas.

Solo recuerdo las bicicletas,
la boina, el rabo de nube,
coger el ascensor
con todas las malas palabras de los edificios.

El tiempo ha sido terrible con nosotros.
El mundo ha sido terrible en su expansión.

Y aunque caen las cosas
como la baba desde los balcones
o los mismos bleachers,
demolimos el pasado
y no llegamos con la flor
hasta los vanos mausoleos.

 

V

Estuve tanto tiempo
detrás de las ventanas
oyendo cada sábado
cómo gritan los cerdos
a medio degollar,
adivinando viento sobre asesinos.

La noche arropaba
aquellas nubes sin fruto y misterio.

Solo me era permitido
una avalancha de suciedad,
cierta carga sobre el ojo.

No doy fe de la tierra
como no canto los domingos
ni guardo luto por la carne.

 

VI

¿Cómo aplanar el pecho por parque?
¿Cómo aniñar la uña
sin acortar los velos?
¿Cómo decir desde esta cárcel
algo más que mito?

Habrá que morir
para contar del tesoro a los niños
y mentir sobre el trabajo.

Habrá que morir
por no pensar en pozos del cadáver.

Entonces,
en plena obsesión de la llaga,
la cena se enfriará.

Nosotros olvidaremos las preguntas.
Guardaremos silencio.


Efe Rosario / Puerto Rico, 1990. Escritor y editor. Cursó la licenciatura en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Actualmente es estudiante doctoral en la Universidad de Cornell en Nueva York. Autor de El tiempo ha sido terrible con nosotros (2020). Ese mismo año obtuvo el Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez de Coral Gables por También mueren los lugares donde fuimos felices.