24 mayo, 2021

Todo se vuelve un gran archivo

de Mario Arteca | Inéditos

Destino final: San Michele

Veniva nel mondo la luce vera, quella che illumina ogni uomo.
Del Evangelio según san Juan

Tomarse un vaporetto desde Fondamenta Nuove
y llegar, en pocos minutos, a la Isla de los Muertos.
Las líneas 41 y 42 también alcanzan a la Isla
de Murano. “En invierno y en verano, / y cerca
y lejos, / mientras viva y más allá”, reza la frase
tallada en piedra caliza, o bien cualquier versión
más pulida hasta encontrarle sentido al relieve.
Y porque la educación “no es llenar un balde,
sino encender un fuego”, donde nunca tuvo
problemas que no haya aliviado una hora
de lectura. “Los peores esperpentos se vuelven
pálidos y sonrosados”, diría Isabelle, mientras
juraba que “si es bueno ser pareja, cuando quieras”;
esa moneda maleable en un mundo sin alternativas,
pero activo, como la infección que lo corroe.
Siempre podemos negar lo que está vivo,
basta con esperar algunos siglos para tener razón,
¿no? Y si bien ella afirma: “Sabes cómo vivir solo;
es tan triste como puedas imaginar”, no advierte
la existencia de culpa si el sentido de la salud
te obliga a ver. Pero los cuatro prismas de única
entidad volumétrica de David Chipperfield,
insisten: “¿cuánto tiempo llevan viviendo solos?”
De todos modos, estás mirando y yo también,
así que tenemos que conocernos, ¿qué dices?
Ahora que están muy amables conmigo,
se han disipado todas las prevenciones
contra mí. El tiempo pasa. Dejemos trabajar
a nuestro amigo y al tiempo. Nada más delicado
y peligroso que la defensa de un inocente,
cuando somos inválidos absolutos del intestino
para abajo. Hablemos de otros órganos, entonces.
Y si solo queda cerca tuyo una mujer que se reconoce
como pájaro, o un amigo que enloquece, ninguna
cosa más te será permitida. Ni siquiera Dios —dice
Mirabeau— consigue hacer justa una ley retroactiva.



Los fantasmas

Entonces ahí, las imágenes llegan, es la huelga del fantasma.
Gilles Deleuze, en diálogo con Raymond Bellour

Empezaría por el final para contarlo
después, por orden de llegada.
No es sencillo, porque eso queda ahí,
como un regalo envenenado. El problema
es borrar la foto y que se abra el libro,
el que nunca quisiste leer y, sin embargo,
se contó solo y lejos de la asistencia real
de otras manos. La imagen de un niño
que roba el reloj de su padre para convertirlo
de nuevo en sus mismas partes inútiles,
más allá de cualquier reconstrucción,
y para que nadie le eche incienso
a un secreto con comentarios plagados
de tarjetas vírgenes y mudas. ¿Desde
cuándo creés en ese tipo de palabras,
si lo que ocurre es lo que no se puede
anticipar? La existencia de una recámara,
como en las armas de fuego, o de las otras,
que vence al cambio. Parece sencillo,
de una manera poco elegante, aunque no.
“Caminá en el aire, contra tu mejor juicio”,
decías en piedra, en tu lugar de descanso.
El más extraño de los invitados es un parásito
que está fuera de la puerta, pero aún mira
por dentro. Todo se vuelve un gran archivo,
la idea de que aquello sabe cómo vivir
sin mí cuando en verdad pertenece
a la experiencia de la acumulación,
y porque necesito cada vez más cosas
que no me necesitan, amontonadas
y destruyéndose, hasta hacerse cenizas.

 

Siberia

a Mariano Vicente, dueño de las trasnoches platenses

Hace unos cuántos años, durante una estación
indefinida del año, me encontraba en plena
conversación con una ex corresponsal asignada
a ninguna parte, en la vieja terraza de una radio,
también antigua, menos visible que mis huesos.
Anochecía. El encuentro giraba alrededor
de cosas sin importancia; algo así como
un intercambio de experiencias sobre cómo
deshacerse por fin de un auditorio improvisado,
a punto de desaparecer por falta de atención,
y todo para que nuestro poco prestigio
acumulado se viniera abajo sin elegancia.
El aire se volvía un genuino plan de evacuación.
Y en eso, cayó del cielo una estela de fuego.
El Lucero había emergido como insólito
monóculo para un ojo de vidrio, semejante
al trazo gaseoso de un avión a chorro
sobre Plaza Rocha, para luego deshacerse
en el desenlace del horizonte, y así estallar
y abrir su fogonazo de luz, e iluminar
por completo la terraza desierta. Quedamos
detenidos, lo mismo que maniquíes cristalizados
por la mano de De Chirico, o bien en suspensión,
si se tratase de cuadros de Edward Hopper:
apenas espectadores de una noche en veremos.
De esa manera, se hizo de repente pleno día
lo que debiera mostrarse como noche cerrada,
una espontánea homilía a cielo abierto.
Algunas criaturas aún andaban en busca
de refugio para sus sombras, despiertos
por la luz encendida de quienes siempre
necesitan auxilio porque sí, en favor
de la tolerancia nocturna. “Dijiste dos veces
noche”, apuntó ella. “Sí”, reconocí, y después
rematé: “pero a la palabra noche, le agregué
cerrada”. “Bueno, ahora son cuatro noches:
tres tuyas, y una mía”, añadió, habiéndolo
podido evitar, pero sin embargo lo dijo.
Al otro día supimos que ese fenómeno
no fue otra cosa que la caída de un meteorito,
cuyos fragmentos dejaron un gran hoyo
en un punto no preciso de Siberia, un bólido
venido desde las entrañas del universo
dispuesto a terminar con un mundo de diálogos
inconclusos entre sujetos que no dan cuenta
de sus propias pérdidas, mientras las transitan.
Ninguno sabía que el meteoro es un accidente
que solo aparece en el resplandor de una luz.
Y fue en eso donde pronunciaste la palabra
que no esperaba escuchar de vos. Pero no
la dijiste, nunca salió de tu boca; aunque,
de haberla dicho, tampoco cambiaba nada.

                                                                       23 de enero de 2021, madrugada

Mario Arteca / La Plata, Argentina, 1960. Periodista, poeta y escritor. Algunos de sus libros son Guatambú, Cinco por uno, Géminis, Circular, Piazza Navona, Hotel Babel, El pronóstico de oscuridad y Deje un mensaje después del tono. Ha sido incluido en diversas antologías como Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos (1950-1965) (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2007; sel. y prol., Eduardo Milán). Parte de su obra ha sido traducida al inglés, portugués, francés y alemán.