17 junio, 2019

Algo hermoso y, según dicen, irrepetible

de Christian Peña | Inéditos

Tullahoma

Desviaron la carretera
porque alguien atropelló un venado.
El cadáver estaba en el piso.
Los autos avanzaban poco a poco
para contemplar la escena.
Las luces de la policía
interrumpían intermitentemente la noche.

La carretera: una vertical interminable,
una línea que inicia de los polos hacia el centro.
El centro siempre se atraviesa
en el camino,
como un venado que salta de entre los árboles.

Más tarde me golpeó un recuerdo:
tus corvas sobre mis hombros
creciendo
como cuernos de venado en mi cabeza.

¿Qué sucedió esa noche?
¿Qué vendrá con la noche?
¿La vertical oscura en los huesos de tu espalda?
¿Sabes qué se atravesó?
¿Sabes qué nos golpeó?
¿Qué es eso
que apenas iluminan a lo lejos
los faros del auto en medio de la lluvia?


El tránsito de Venus

Terminé de hacer las maletas
cuando me llamaste
para que miráramos el tránsito de Venus.

Subí a la azotea.
Me diste un cristal oscuro
que compraste en la tlapalería
para mirar directo al sol.

Sucedió,
pasamos uno frente a otro lo que dura un instante,
lo que dura a los ojos de los hombres
un planeta que pasa frente al sol.

Fuimos por un momento el sol y el planeta.
El sol: una manzana de oro disputada
junto a los libros, los muebles y otros bienes.
El planeta: Venus del mar al cielo,
de la espuma a la luz y a la sombra
quemándonos los ojos.

El otro planeta, el que hicimos para nosotros,
decía adiós frente al sol del desierto.

Inevitable.

Fue algo hermoso y, según dicen, irrepetible.
No sé cuándo va a ocurrir el próximo,
pero tiene que ocurrir.

Ahí estábamos,
mirando a Venus pasar frente a nosotros:
tú sin perder un detalle,
yo el boleto del autobús en el bolsillo,
apretándolo con la mano,
las maletas esperando iniciar su tránsito
en la puerta de la casa.


Vals

Mi hijo despierta llorando en madrugada.
Tiene tres años
y el llanto más terrible que conozco.

Lo tomo entre mis brazos y lo meso de pie,
yendo de un lado a otro en el cuarto a oscuras.

De pronto, me doy cuenta,
nunca bailaré con él cuando cumpla xv años
o el día de su boda, sino sólo como ahora
con su cabeza en mi hombro
y la pijama húmeda de lágrimas.

Mi hijo y yo bailamos una música
que viene de ninguna parte y luego
ya sólo suena dentro de mi cabeza;
su madre no está cerca y yo
no puedo consolarlo con leche de mi pecho,
ni contarle cómo lo incubé en el vientre;
sólo me queda el baile,
un vals entre dos hombres
que apenas se conocen.

Se calma poco a poco
y solloza por algo que no logra decirme,
mientras el mundo duerme
y sólo yo sé lo que se siente
un dolor que, aunque no siento, es mío
y que también me quita el sueño.


Sala de juntas

Pensamos que pensamos en lo mismo,
atentos a lo que se dice
hasta que de pronto
a la vista de todo el grupo
alguien saca de su portafolios
un huevo cocido
y comienza a pelarlo.

El crujir de la cáscara
débil
rompe el silencio de la sala.

El hombre termina de descascarar el huevo
y se lo come.
Sin sal. Sin pimienta.
Son las 9 de la mañana.

Seguimos hablando,
siguen hablando,
pero todos sólo podemos pensar,
ya todos sólo pensamos a un tiempo
pensamientos profundos que reparan
en el huevo,
en los fragmentos
de la cáscara.


Memorándum

The exceeding brightness of this early sun
Makes me conceive how dark I have become

Wallace Stevens

El sol me atenebra.
Un rayo de sol como un rayo
sin sonido en medio de la noche.

El invierno es lo mío,
pero el sol de la mañana de verano
reluce sobre viejas heridas.
La bilis negra es tornasol.

Oh, viejo Wally,
no pretendo una vida atemperada,
carezco del pudor necesario
para guardar silencio.

La luz de junio
rompe el cristal de mi oficina,
golpea el escritorio
y me hace pensar
cuán oscuro me he vuelto.

¿También tu mujer
espera en casa con los niños?

Oh, viejo Wally,
he roto relaciones
con la vida práctica, dime,
¿en qué momento
esta empresa
empezó a brillar
con otra luz?

¿En qué momento
el sol
nos distrajo
y olvidamos leer

el memorándum?


* Estos poemas forman parte del libro Short Stories que recibió el Premio Nacional de Literatura «Juan Eulogio Guerra Aguiluz» (Poesía 2019), convocado por la Universidad Autónoma de Sinaloa.


Christian Peña / Ciudad de México, 1985. Ha merecido el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2016 por Expediente X.V.; el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014 por Me llamo Hokusai y el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2013 por Veladora, entre muchos otros. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas durante los periodos 2005-2006 y 2006-2007 y del Fonca en el programa Jóvenes Creadores, períodos 2010-2011 y 2012-2013. En colaboración con Antonio Deltoro publicó, en 2010, la antología El gallo y la perla: México en la poesía mexicana.