10 junio, 2019

Los grandes entusiasmos

de Hilda Mundy | Rescates

“Hilda Mundy (seudónimo de Laura Villanueva Rocabado) [Bolivia, 1912-1982] solo publicó un libro en vida, Pirotecnia (1936), subtitulado “Ensayo miedoso de literatura ultraísta”. El libro fue olvidado, hasta que en el 2004 una nueva edición rescató esta obra valiosísima (Ediciones La Mariposa Mundial, Bolivia). Sus sesenta textos en prosa tratan de atrapar el ruido de la urbe en el nuevo siglo, producto de transformaciones tecnológicas, y los cambios de sensibilidad y de conducta de una modernidad incipiente en algunas ciudades en el occidente del país, entre los que se cuentan el rechazo al contrato matrimonial y los nuevos roles a los que aspira la mujer…”

—Edmundo Paz Soldán

Pirotecnia (fragmentos)

I

Son —más o menos— simpáticas las realidades superpuestas, “encontradas” y nuevas…

Si uno es fiel a sí mismo, siendo extravagante, no hay razón para cortar el hilo de esa extravagancia, asociándose a una lógica común y vulgarizada de grado extremo.

El mundo de las metáforas es tan vario… tan infinito… que se presta a ser violado en cualquier momento…

Se puede fantasear reciamente… inacabablemente… sobre: el hombre que pasa, la mujer que habla o el gaznápiro que roza tímidamente los baldosines de la calle…

¡Cómo se encuentran los “reductos” insospechados de las cosas”!

¡Con qué gusto de micro-creador se entrecomilla la palabra antojada, o se “suspensiviliza” con puntitos negros la cola-intención de una frase…!

La disconformidad agriada del público flota en el vacío.

Una “cachazudez” insólita impele a desplegar el índice extravagante del lenguaje…

 

VI

He aquí una indagación descubierta y desnuda:

Las fuertes voluntades sobran aún en las sombras de ultratumba.

Los grandes entusiasmos van más allá del fenómeno de la muerte.

¡Sobrenatural!

Aquellos jugadores de golf, aquellos diestrísimos jugadores de golf, que habían “enraizado” su pasión al juego, persistieron en su deporte favorito aún después de su muerte…

Luego de un tiempo prudencial (cuando las míseras fibras de la carne desaparecen para la higienización del esqueleto) organizaron en el simétrico espacio del cementerio, un gran campeonato nocturno…

¡Era de ver, junto a los cipreses recortados, a los jugadores-esqueletos!

¡Admirable el contagio del ímpetu, cuando los demás corrían al adiestramiento especial para aprendices!

Aunque se sentía el despachurramiento de osarios infantiles para provisión de cráneos que hacían de pelotas y tibias de “clubs”.

¡El espectáculo, aunque macabro, era esencialmente deportivo!

 

XXIV

Ya murió la época en que a una mujer se la comparaba metafóricamente con una sirena… una estrella… o una flor…

En la parquedad del tiempo actual ya no se le puede aplicar el adjetivo pasado de moda: “Seductora”.

Los suspiros… los desmayos en pose artística… los brotes románticos en las noches de luna… se fueron junto a los calzados de elástico y lengüeta…

El espectáculo más “abracadabrante” en este siglo del automóvil y del amor en oro americano… sería un suicidio de pasión… con la ridiculez de una carta póstuma.

Hoy es distinto… Hay adelanto… Hay fenómeno…

La mujer fichada en 1936-37 se siente sufragista… chauffeur… aviadora… locomotriz… concertinista… boxeadora…

Tiene el don singularísimo de haber reemplazado al corazón con una máquina portátil de calcular…

Incluso dicen que por cada cuarto de lustro, simplifica su ropero con cinco prendas menos para la felicidad de subir al ómnibus y sentarse en los incómodos bancos públicos…

 

XXIX

¡Nadie puede preconizar de ingenioso!

El enlace más elegante, más sedoso de vocablos, la conexión más firme de frases y conceptos, no es mérito propio del autor.

Todos al escribir, volcamos restos informes de textos que leímos… palabras que se impresionaron en nuestra conciencia… reminiscencias… citaciones ilímites que al llamar inconscientemente nuestra atención, se estratificaron en la memoria.

Dijéramos que las palabras están catalogadas en el estante cerebral, colocadas por los infinitos autores que nos obsequiaron su lenguaje, y que en nosotros reside solamente la labor de ordenación.

Analizados con rigor somos algo así como “ropavejeros” de los demás, que utilizamos íntegramente —como usurpadores vulgares— sus palabras, sus frases, sus cláusulas de uso que recogimos al leer, con cierta modalidad idiomática propia…

¡Chiquillos que entonando o desentonando silbamos ajenas coplas!…

 

 

* Textos tomados de Hilda Mundy, Pirotecnia (ensayo miedoso de literatura ultraísta), pról. de Edmundo Paz Soldán, Los Libros de la Mujer Rota, Santiago de Chile, 2015.


Hilda Mundy / (Oruro, Bolivia, 1912 – La Paz, Bolivia, 1982). Periodista y escritora vanguardista. Publicó un solo libro en vida, Pirotecnia: Ensayo miedoso de literatura ultraísta (La Paz, 1936). En 1989, en La Paz, se publica su libro Cosas de fondo. Impresiones de la Guerra del Chaco y otros escritos.