Fractal
Esperan el piquetero y el payaso
a que acierte la última estocada,
mientras tiembla mi pulso tras la espada
y el público a partir por el retraso
se apresta, sin mirar que en el ocaso
un hombre está en el ruedo de la nada,
tratando de domar su denodada
existencia a pesar del aire escaso,
del margen diminuto que da el día.
Entumecido el hombro, ahora intento
evitar otro fallo en la porfía
de darle nueva voz al pensamiento.
Solapados al fondo de la vía,
esperan a que inicie el movimiento.
Apunte
Debajo del cristal,
o más bien
bajo la capa de polvo
que el vidrio exhibe,
tal vez,
a la sombra del mueble
otrora cuidadosamente bruñido,
en el cuarto de viaje
de un apartamento sin ventanas para despedirnos,
queda escrito este poema,
en el que empiezo a descubrir
la extraña permanencia de las cosas.
Frontón
Con cada golpe
se mapean trinquetes,
laterales,
rebotes.
La furia muscular que los impulsa
traduce para sí
antiguas conmociones,
como si en la vaguedad de tanta adrenalina
se hablara de infidencias.
Se pudiera resarcir,
con mano urgente,
la sensación de la gloria arrebatada,
el claudicar sin propias certidumbres,
cuando rival e inercia se equiparan,
y quedas a merced de un acierto pendular.
Viene hacia ti la esfera,
la arcana flecha/el plomo que lesiona
con la urgencia
y el hambre de las que nada sabes.
Al menos,
no consigues entender.
Pero aun así golpeas.
Vacías tu rabia,
haces que nuevamente impacten
las falanges,
el carpo,
las texturas.
Y más allá,
en las evoluciones de este juego,
pareciera que todo es resoluto
entre dos contendientes
y el límite de ciertos coliseos.
Poética del paso
Amansar
verso o pensamiento,
hasta que en grumos mínimos
parezcan accesibles
a los que nada buscan.
Ese oficio bien pudiera
ponernos a resguardo,
mas resultan ingratos los aciertos
y sin dudar uno escribe,
se desgarra con tintas,
romos lapiceros,
teclas que imprecan
nuestra segura condición de ascetas.
Así entramos a buscar,
nombramos a las piedras.
A los donceles ofrecemos el titubeo,
la insegura certeza del que avanza
hasta llagar sus pies,
sin anhelar otro premio
que el camino.
Soliloquio
En el refectorio de Santa María delle Grazie,
indiferente al tropeloso discursar
de los que pasan cámara en ristre,
por apenas segundos
entre mutilaciones y pigmentos,
hago de tu obsesión otra palabra,
mi lágrima inconsciente,
los extraños beneficios
de no haberte encontrado
sino siglos después de esta inmanencia.
Resulta milagroso,
dicen al escuchar que hubo corceles
a los pies del profeta,
que ni las bombas pudieron someter
lo que moho y estiércol
nos dejaron,
sobre las cuatro decenas de metros enyesados,
donde tu mano
sigue dándole rostro a la ignominia.
Procura un poco más,
le pide a Ludovico que aguarde,
que reconstruya,
si fuese necesario,
los góticos ascensos,
mientras el tiempo y los fantasmas
se amanceban.

Autor
Karel Alexei Leyva Ferrer
/ Santiago de Cuba, 1975. Escritor y promotor cultural. Coordinador del Festival Internacional de Poesía de La Habana. Su obra literaria le ha valido múltiples premios y reconocimientos como el Premio Nacional de Poesía Erótica Farraluque en 2001 y 2006, y el Premio Internacional de Poesía Nosside Caribe, entre otros. Es autor de los libros de poesía Cambio de mareas, Retrato, Apuntes y El caimán barbudo.