9 mayo, 2022

Coda

de Sergio Ernesto Ríos | Inéditos

El libro manso.
El libro de la caducidad
atornillada
al plano visible
de lo obvio
de lo más obvio
de lo más
más
obvio.
El libro recostado
en sus condecoraciones.
Eufemismo del mal viaje.
Sinuoso
& turbulento.
Dime si soy cruel o amable
cuando no te digo lo que pienso.
Las vísceras
de los nativos.
Bichos
tétricamente
desmesurados.
Aquí
comió
Perico Ligero.
La derrota
de una ciudad industrial
agazapada
en sus vértebras
mostrencas.
Mentir
en lugar de hacerte daño.
La bancarrota
de la singularidad.
El bambú
es un ente inmortal.
Encontrar como tema
un villano.
Esconderme.
Sobrevuelan
nuestras cabezas
torres de alta tensión
que cruzan la ciudad
como el bosquejo
de un robot
inacabado.
Idas y vueltas
imperativas
fuera del sentido.
Estaba leyendo
la escritura de esa trepadora
que no es hiedra ni parra ni madreselva
en las ventanas.
Un punto de inspiración.
Por el tamaño se podría inferir
qué se lee primero.
No hay posible discusión entre carpincho y capibara.
El libro manso
está astillado
en su nariz chata.
Hablaba de un libro que no existe.
Hablaba de un libro
como de un capibara.
Esas notas en mi remington celeste
que corría y masticaba
algunas bond.
Di algo científico.
En El Precio de la Historia un tipo vendió un meteorito
de Campo del Cielo
por 50 centavos
de dólar el gramo.
Una mala traducción.
Deceso.
Las huellas del narrador
quedan adheridas a la narración
como las del alfarero a la superficie
de su vasija de barro.
Bardos reclutados a lo ancho
de la geografía
de todo
el continente nuevo.
Fue colateral arruinar la fiesta
al circuito cultural
al pesado deber ser del artista
como ente municipal
distintivamente
colorido
con la advertencia
decorativa
de los alebrijes.
El poema abriéndose camino
entre la complacencia
oscura
de los domeñados
escritores
y artistas inofensivos
entre la belleza
de los sitios del poder
entre los coros
lisonjeros
de los festivales
y las ferias
donde la cultura es el abracadabra
de los productos
de moda
de los estables
de los modernos
de los bellos
de los condenados
a la estética
del giro
al mismo lugar
todos los cambios
para que nada
cambie.
El eterno retorno
de las metáforas
de los talentos.
Costales
de qué recostado
mamífero
que se lleva la corriente.
Pero toda vuelta
se torna
trabalenguas.
Leguas irreales.
Haz saber a la mafia
de la infamia
que la poesía
no se confunde
con la geopolítica.
Cuando digo
la lírica tiene escamas
y la piel verde
hablo también
de un hangar
desmantelado.
Inútil
para el servicio
de las armas.
Ser
no académicos.
Ser
provincianos
en Toluca.
Carecer inicialmente de vinculación orgánica al sistema cultural establecido.
Por la escuela rota del final del mundo
me entero de la enumeración
de ___________ alados.
Que tu contraseña es __________.
Esas alarmas revientan
cuando dices que tu corazón
todavía canta
cuando estás conmigo.
Que los gatos
son el nuevo arte infantil.
La escuela como primera fábrica de sustantivos.
Certezas.
Herrajes.
Amigxs & coleópteros en esta onda fría
buitres
hexágonos
como esas canciones
que citan libros de moda
acuario
venus
marte
venus
andrómeda.
Las réplicas de todo lo que a nuestra vista miente.
Ojos postizos
en la tercera guerra.
Ya no escucho más
esa música.
Planetas acuáticos
en la cuarta guerra.
No.
Esta melancolía.
El tercer poeta provinciano que conocí
fui yo mismo.
Lo que escribió Ángel Ortuño
en el Blues de la Pantera Rosa.
Enumerar
farallón
volumen
absoluto
numen
& neblí.
Ser el fantasma
de las distorsiones
futuras.
El recado punzante
el día de la muerte de tu madre.
Post invitado.
Un mal día
por Juan Sala
de La Cometa Pensante.
Extrañamiento
al
nacimiento
hilado de un primate.
Carroña.
Halo de inmersión.
La abeja momificada
en la telaraña a las tantas
de la intemperie.
Extinción de los gatos negros.
Y su cerebro vencido.
Y yo esperando
que el cardamomo se hunda
en el costado amargo.
Y sus ojos fuera del mundo
mientras trata de saber dónde está.
Cómo perdía su mano
estigmatizada
marcada
en los peores días de la muerte.
Tendremos funeral
o será mi funeral
hilado
de un primate.
Azrael.
Luzbel.
Raciel.
Como cuando corría a su abuela con un encargo de nueces
y comía todas las nueces.
Cerebros de chorlitos.
Tuvimos
los ojos fuera del mundo
y esas canciones
en las que el cuerpo estalla.
Sangre.
Órbitas fuera.
Azrael.
Luzbel.
Raciel.
Luz negra.
Halo de inmersión.
Carroña.
Mi orquídea casi muerta.
Las flores cayendo.
Las hojas como amputaciones.
Colas de dinosaurios.
Ninguna verdad.
Aquí había un espejo.
Los peores años de nuestras vidas.
El ficus de ramas secas
con un bisoñé de hojas
de plástico.
Tutorial Plataforma Trilce.
Matrícula Virtual Trilce.
Trilce Intranet.
¿Hay que ponerle grúas?
Son las hijas del Grufeneso y la Grufenesa.
Las grullas son grúas.
En el original son cursivas.
Grúas inmundas.
Pelvis mal hechas.
Después de esterilizarlo.
Con los pulmones puestos
para padecer
el instinto.
Campana de naufragio.
Esto pasa en Dulce María.
Placenta.
Orden sin orden.
Una modulación del lenguaje.
Esto pasa desde 1986.
A favor de la vejiga senil.
Suspensión.
Transformers de Coca-Cola.
Trastorno.
Trauma en el sentido de colisión.
La piedad era un sentimiento ingénito y de orígenes sombríos.
Dia D.
Para el trasiego de la gracia nos volvimos oscuros.
Nos volvimos acaparadores.
Loros egoístas.
La tierra entera no había sido desde el principio sino una inmensa cámara helada.
Grandes tratos.
Un refrigerador de dios.
El empleado del mes.
Donde todos morirían de asfixia y frío.
Paquete de tinta de seguridad explosiva.
Recuperar todo el espacio de mi reino.
Joyas de la mafia.
Rey expulsado, degradado, yo.
El tráfico de la gracia en pleno uso de las facultades parcas de esta ciudad.
Cuncita y máquina de vapor.
Pero no es un exilio.
Negocios de otro planeta.
Rebota para tu ojo sindical de artista la belleza sindicalizada.
Eres de aquí.
Descree.
La promesa de un ojo oculto.
El príncipe empeñador.
La tierra última de tu condición.
Que no se guarde registro.
En el 109.
Casa negra.
Baticinturón de 1966.
Uno y lo mismo.
Ser el energúmeno
que apalea
a los policías ciegos.
Si no te importa.
Entre los anaqueles
del efectismo
para respirar
con una nariz
de cerdo.
Una tupida
locomotora
al paso
de nuestras cabezas.
Salvo la normal cuota de insolvencias.
La memoria es el alma misma.
He aprendido esta cuenta atrás.

 


Sergio Ernesto Ríos / Toluca, Estado de México, 1981. Es poeta, traductor y director de Grafógrafxs, revista de literatura de la Universidad Autónoma del Estado de México, y secretario del Centro Toluqueño de Escritores. Publicó Larga oda a la salvación de Osvaldo (2019), en coautoría con Minerva Reynosa; El ganador del primer premio del centro de estudios interplanetarios (2019); máquina portadora de cabezas (2018); Quienquiera que seas (2015); Brazuca (2015); Obras cumbres (2014); La czarigüeya escribe (2014), en coautoría con Diana Garza Islas; Muerte del dandysmo a quemarropa (2012), y Mi nombre de guerra es Albión (2010). Tradujo del portugués  copia_de_seguridad_3.1 (2021), de Érica Zíngano, Una confesión en la boca de la noche, de Danilo Bueno (2021); Boa sorte, 7 poetas brasileñas (2020) para la revista Grafógrafxs, así como Bruno Brum a ritmo de aventura, de Bruno Brum (2017); Droguería de éter y de sombra, de Luís Aranha (2014); Oda a Fernando Pessoa (2017), Paranoia (2013) y Voy a moler tu cerebro (2010), de Roberto Piva; y una antología de poetas brasileños nacidos en los ochentas: Escuela Brasileña de Antropofagia (2011). Tradujo del inglés, con Diana Garza Islas, Una noche, senté a Donald J. Trump en mis rodillas / Y otras teorías estéticas del siglo XXI (2017), a partir de un ejercicio de Chris Rodley.