16 mayo, 2022

En una historia que creía cerrada

de Maria Luisa Spaziani | Traducciones

 

El Vía Crucis

La bronquitis esta noche me transforma
en una encina cubierta de nieve.
Crucificada en la tierra con raíces
de debilidad y estremecimientos,
siento las ramas cargadas que se doblan
bajo el peso de mil cristales.

Conocí un día a un chiquillo, mucho
más enfermo que yo.
Respiraba con dificultad, y en su cama
se parecía a un velero encallado,
pero su pensamiento en lo alto era la oropéndola
en la cima del olmo fulminado.

Esta noche pienso en él, yo que sé de sobra
que pronto sanaré.
Y me siento igual que aquel fiel
que vi en Brujas con su capa de nutria.
Miraba un vía crucis e intentaba
imaginar la hiel y cualquier tormento.

Y quizás oscuramente también sentía
que no solo el Cristo de los iconos
cruza en nuestro nombre
el paso inmenso de las tinieblas.

 

La Vía Crucis

La bronchite stanotte mi trasforma
in una quercia carica di neve.
Crocifissa alla terra con radici
di debolezza e brividi,
sento i rami che grevi si curvano
sotto il peso di mille cristalli.

Conobbi un giorno un ragazzetto, molto
più malato di me.
Respirava a fatica, ed un veliero
insabbiato pareva nel suo letto,
ma il pensiero in alto era il rigogolo
sulla cima dell’olmo fulminato.

Questa notte lo penso, io che so bene
che presto guarirò.
E simile mi sento a quel fedele
che vidi a Bruges nel suo manto di lontra.
Guardava una via Crucis e si sforzava
d’immaginare il fiele e ogni tormento.

E forse oscuramente anche sentiva
che non soltanto il Cristo delle icone
il passo sterminato delle tenebre
lo varca in nostro nome.

 

 

Dicen los marineros

Dicen los marineros, los ya viejos
lobos de mar que en los umbrales fuman
pipas puertorriqueñas, que entre todos
los recuerdos tremendos de los tifones
y el aullido de muerte de los naufragios,
nada aterra más que aquella calma
que durante horas se crea en el centro mismo
del aquelarre: el ojo de la tormenta.
El mar es un aceite, brillan siniestras
luces que parecen de bonanza, y el atún
tranquilo aflora para respirar. Sin embargo
aquella es una jaula, es una trampa,
allí la muerte está al acecho: porque más lejos,
a cien metros o quizá menos, arrecia
el huracán más negro. Así nos pasa,
¿verdad? a todos muy a menudo,
arañas entre los grumetes de las ruedas. Y le pasó
también a Fabricio cuando conversando
con la graciosa vivandera, supo
‒más tarde, y con qué trágica humillación‒
que Waterloo, la más grande aventura,
se había desarrollado en los alrededores.

 

Dicono i marinai

Dicono i marinai, quegli ormai vecchi
lupi di mare che sugli usci fumano
pipe portoricane, che fra tutti
i ricordi tremendi dei tifoni
e l’ululo di morte dei naufragi,
nulla atterrisce più di quella calma
che per ore si crea al centro stesso
della tregenda: l’occhio del ciclone.
Il mare è un olio, brillano sinistre
luci che paion di bonaccia, e affiora
tranquillo il tonno a respirare.  Eppure 
quella è una gabbia, quello è un trabocchetto,
lì la morte è in agguato: ché più lungi,
a cento metri o forse meno, infuria
l’uragano più nero. Così avviene, 
vero? troppo sovente per noi tutti,
ragni fra i mozzi delle ruote. E avvenne
anche a Fabrizio quando conversando
con la graziosa vivandiera, seppe
più tardi, e con che tragico suo scorno 
che Waterloo, la massima avventura,
si era svolta lì intorno.

 

 

Fluía un viento cálido

Fluía un viento cálido por los abetos
tenebrosos desde hacía siglos, y traía
de los fondos africanos un grito largo
como un cuerno de caza. Sólo el ruido
de los conos del pino ritmaba su rugido
lejano, casi música, y rasante
el disco de la luna, raros pájaros
nocturnos golpeados en el confín
de sombra y de luz llegaban hasta ti
trayendo mensajes que ahora el tiempo
me exalta y me confunde. Fue una noche
de espera, y lento San Lorenzo
se anunciaba con llantos de cometas,
lirios que en la oscuridad se deshojaban
sin manos que los recogieran. Pasaban
por la cañada los perros de los pastores,
negros dentro de la tiniebla de los pinos,
los perros, ojos previsores del día
y ahora almas extraviadas, inquietos lémures
del verano que excavan en zonas
cerradas su grito de rebelión,
y desde hace milenios lo confían al canto
de los manantiales fluyendo hacia el mar.

 

Scorreva un vento caldo

Scorreva un vento caldo sugli abeti
tenebrosi da secoli, e portava
da fondali africani un grido lungo
come un corno da caccia. Solo il tonfo
delle pigne ritmava il suo ruggito
lontano, quasi musica, e rasente
il disco della luna, rari uccelli
notturni sciabolati sul confine
d’ombra e di luce qui da te giungevano
a portare messaggi che ora il tempo
mi esalta e mi confonde. Fu una notte
di aspettazione, e lento San Lorenzo
si annunciava con pianti di comete,
gigli che si sfogliavano nel buio
senza mani a raccoglierli. Passavano
lungo il tratturo i cani dei pastori,
neri dentro la tenebra dei pini,
i cani, occhi provvidi del giorno
e ora anime perse, inquieti lemuri
dell’estate che scavano entro zone
precluse il loro grido di rivolta,
e da millenni lo affidano al canto
delle sorgenti in corsa verso il mare.

 

 

Testamento

Dejadme sola con mi muerte.
Ha de decirme palabras en re menor
que no conocen vuestros diccionarios.
Palabras de amor que incluso Petrarca no conocía,
donde el amor es un oro superfino
no apto para pulseras en muñecas humanas.

Mi muerte y yo hablamos como viejas amigas
pues la tuve cercana desde mi nacimiento.
Fuimos compañeras de juegos y lecturas
y acariciamos a los mismos hombres.
Como un águila ebria desde lo alto de los cielos,
sólo ella me revelaba medidas humanas.

Ahora me enseñará otras medidas
que, encerrada en la jaula de los seis sentidos,
en vano interrogaba golpeando la cabeza contra los barrotes.
Es triste dejar a mi hija y el libro inconcluso,
pero ella me consuela y riendo me jura
que lo que hay que salvar se salvará.

 

Testamento

Lasciatemi sola con la mia morte.
Deve dirmi parole in re minore
che non conoscono i vostri dizionari.
Parole d’amore ignote anche a Petrarca,
dove l’amore è un oro sopraffino
inadatto a bracciali per polsi umani.

Io e la mia morte parliamo da vecchie amiche
perché dalla nascita l’ho avuta vicina.
Siamo state compagne di giochi e di letture
e abbiamo accarezzato gli stessi uomini.
Come un’aquila ebbra dall’alto dei cieli,
solo lei mi svelava misure umane.

Ora m’insegnerà altre misure
che stretta nella gabbia dei sei sensi
invano interrogavo sbattendo la testa alle sbarre.
È triste lasciare mia figlia e il libro da finire,
ma lei mi consola e ridendo mi giura
che quanto è da salvare si salverà.  

 

 

He venido a París para olvidarte

He venido a París para olvidarte
pero tú obstinado me impregnas todo espacio.
Eres la quimera horrorosa de los aleros de Notre-Dame,
eres el ángel que invencible sonríe.

Hagamos un pacto (el campesino y el diablo):
déjame el día para mirar, leer,
perder el tiempo, divertirme, excluirte.
Noches y sueños, de acuerdo, serán tuyos.

 

Sono venuta a Parigi per dimenticarti

Sono venuta a Parigi per dimenticarti
ma tu ostinato me ne intridi ogni spazio.
Sei la chimera orrida delle gronde di Notre-Dame,
sei l’angelo che invincibile sorride.

Veniamo a patti (il contadino e il diavolo):
lasciami il giorno per guardare, leggere,
sprecare il tempo, divertirmi, escluderti.
Notti e sogni, d’accordo, sono tuoi.

 

 

Acojo la mañana entre los brazos

Acojo la mañana entre los brazos
como la madre a su recién nacido.
Tu voz por teléfono, aleluya,
doy gracias a Dios que me ha creado.

Un puente de palabras es luz pura.
Hacia una nueva vida me encamino
como Él sobre las aguas. Resplandecen
las células de la sangre.

 

Accolgo la mattina fra le braccia

Accolgo la mattina fra le braccia
come la madre il figlio appena nato.
La tua voce al telefono, alleluja,
ringrazio Dio di avermi creata.

Un ponte di parole è pura luce.
Verso una nuova vita m’incammino
come Lui sulle acque. Scintillano
le cellule del sangue.

 

 

Soy esclava del tiempo, las horas y los días

Soy esclava del tiempo, las horas y los días
son cilicios con sus agudas puntas.
Quisiera ser el rayo que serpea
en un instante por los cuartos todos,

un lazo incandescente que condense
el discurso esencial, sin mediaciones,
palabras, ritmos, músicas semánticas,
sólo labios de fuego.

 

Sono schiava del tempo, le ore e i giorni

Sono schiava del tempo, le ore e i giorni
sono cilizi dalle punte aguzze.
Vorrei essere il fulmine che serpeggia
in un attimo fra tutte le stanze

un laccio incandescente che condensi
il discorso essenziale, non più tramiti,
parole ritmi musiche semantiche,
solo labbra di fuoco.

 

 

En una historia que creía cerrada

En una historia que creía cerrada,
se abre de improviso una ventana.
Irrumpe aire de alturas, alegría,
copos de nieve de felices pascuas.

Entonces es vileza resignarse
si puede calentar una palabra al mundo.
Quien padezca, recuerde: el tiempo cambia
sus ritmos como el mar en el otoño.

 

In una stria che credevo chiusa

In una storia che credevo chiusa
di colpo, ecco, s’apre una finestra.
Irrompe l’aria d’alta quota, gioia,
fiocchi di neve di felici pasque.

È dunque vile la rassegnazione
se una parola può scaldare il mondo.
Chi soffre lo ricordi: il tempo varia
i suoi ritmi come il mare d’autunno.

 

* Poemas pertenecientes a Las grandes voces de la poesía italiana del siglo XX (prólogo, selección y traducción de Emilio Coco), antología que será publicada a fines de 2022 por la Universidad Autónoma de Nuevo León.

 


Maria Luisa Spaziani / Turín, Italia, 1924-2014. Fue incluida por Giuseppe Ungaretti en una antología de poesía italiana publicada en 1949. Tradujo a Sully Prudhome, Charles d’Orléans, Jean Racine, Marguerite Yourcenar y André Gide, entre otros escritores de lengua francesa. Fue autora de importantes ensayos sobre Ronsard y el teatro francés. Obtuvo diversos e importantes premios nacionales e internacionales. Entre sus libros más destacados se encuentran: Le acque del sabato (1954), Utilità della memoria (1966), L’occhio del ciclone (1970), Transito con catene (1977), Geometria del disordine (1981), La stella del libero arbitrio (1986), Giovanna d’Arco (1990), I fasti dell’ortica (1996), Poesie 1954-1996 (2000), La traversata dell’oasi (2002), Poesie dalla mano sinistra (2002), La luna è già alta (2006) y L’incrocio delle mediane (2009). Su obra completa fue publicada bajo el título Tutte le poesie en la colección “I Meridiani” de Mondadori.


Emilio Coco / Foggia, Italia, 1940. Poeta, hispanista, traductor y editor. Ha traducido, entre otras, la obra de  diversos poetas hispano e iberoamericanos: María Victoria Atencia, Marco Antonio Campos, Ramón López Velarde, Jaime Sabines, Alí Chumacero y santa Teresa de Ávila. Entre sus libros de poesía se cuentan Profanazioni (1990), La memoria del vuelo (2002), Contra desilusiones y tormentas (2007), Il tardo amore (2008, traducido al español, al gallego y al portugués, Premio Caput Gauri, 2008), Il dono della notte (2009, Premio Alessandro Ricci-Città di Garessio, Premio Città di Adelfia, Premio Metauro, Premio della Giuria “Alda Merini”), El don de la noche y otros poemas (2011), Mi chiamo Emilio Coco (2014), Las palabras que me escriben (2015), Del dolor y la alegría (2020) y Ya sé que no será como era antes (2020). En 2003 le fue concedida la encomienda con placa de la orden civil de Alfonso X el Sabio. En 2015 recibió el Premio Catullo por su labor de difusión de la poesía italiana al extranjero, y en 2016 le fue otorgado el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde.