8 noviembre, 2021

El misticismo de una involución

de Martín Rodríguez-Gaona | Inéditos

Desdémona

En el juego de espejos del cielo
contra el agua,
¿cómo he de aguardar una respuesta
si aún no logro comprender
la simbiosis entre
fragilidad
y dureza?

Me basta
verte
para perderme
en las callejuelas húmedas
y los pequeños
puentes,
esperando el silencio
tras tus desplazamientos,
la mentira
de tu canción.

“No puedo, aunque te ame. Tengo miedo.
Si algún día
me tuvieras completamente
se acabaría:

dejarías
de
mirar”.

 

Lord Byron

No he tenido una puta en seis meses.
Me he entregado estrictamente
al adulterio.
Todo amor es vanidad, egoísmo en su origen
y en su fin,
salvo cuando surge la locura,
el espíritu que lucha
por fundirse con la frágil
fatuidad
de la belleza,
de la que el ser de la pasión
depende.

Aquellos movimientos, aquellas mejoras
en nuestros cuerpos
que los vuelven ansiosos por abandonar
un foso de arena,
y buscan unirnos a una diosa,
lo que es toda mujer,
en un inicio,
sin lugar a dudas.

¡Qué hermoso es ese instante!

¡Y qué extraña la fiebre que precede
a la derrota
de nuestras sensaciones!

Es muy injusto
que quieras que pague
mis deudas.
No sabes cómo duele.

 

Ezra Pound

El aire eterno sobre las cúpulas de San Marcos.

Tout dit que pas ne dure
la fortune.

¿Quién está muerto y quién
no lo está?

¿Y cuándo el mundo
volverá a girar?

Le Paradis
n´est pas artificiel.

Nada importa
salvo la calidad
del afecto.

Aquello que ha forjado
una marca en la mente.

Dove sta memoria: solo
la emoción perdura.

 

Joseph Brodsky: Marca de agua

Tu voz,
alguna vez medio enamorada
de lo novedoso
pinta ahora un solitario corazón,
y aunque su ánimo
varíe lentamente
sólo el infatigable ojo
podrá ver, ves.

Yace
al igual que ciudades en el agua,
eternas
pero nunca las mismas.

 

Madonna: Like a Virgin

¿Qué pasaría si toda la ciudad, sin que casi te dieses cuenta,
se convirtiera
en el escenario de tus más íntimos
e inadmisibles deseos?
La culpa sería, otra vez, ese aspecto
del placer
que algún desprevenido
no dudará en relacionar con un espectáculo
de cuerpos, vicios y aporías:

El misticismo
de una involución.

 

Francesco Morosini, futuro Dux peloponesíaco, divaga mientras bombardea el Partenón

26  de septiembre  de 1687, tras días
de ataque sistemático a la Acrópolis.

Será una desgracia para tres mil años de historia, pero no puedo
permitir que también lo sea
en mis ambiciones personales. La destrucción de lo que amamos
sucede porque no sabemos
lo que somos: el poder logra siempre obtener
beneficios ante cualquier turbación.

Imagino ahora,
desterrados nuevamente, a los nobles atenienses, su ilusión
al pedirnos combatir contra los turcos.

Cuando la tragedia se aproxima lo sensato es mantenerse
a buen recaudo, salvar lo que se pueda.

Porque muy pocos tesoros quedan bajo el imperio
del miedo, el egoísmo y la ambición.

Así es como somos y, sin embargo, ¿qué es lo que somos?

Sé que este hecho ominoso
no será importante y, por lo tanto, esta lucha es un error:
una pobre estrategia mal planteada.

O quizá no, y el fruto de nuestra destrucción pronto
se torne generoso, pues sólo puede producir
parálisis, desencanto, perversión, por lo que muchos
morirán manchados
después del estruendo y la sangre.

Y ese hedor probablemente sea
difícil de quitar.

Otros, anticipándose a su derrota
–el éxtasis del vacío por sus venas–
buscando una supuesta dignidad, confirmarán ingenuamente
la dominación:

Yo he de volver a un lugar
todavía más grande, desde el cual celebraré fastos
en honor a los vencidos.

Yo, Francesco Morosini, navegante y militar
veneciano, sé lo que es perder
–desde mi niñez ahogada aún pienso en ti, madre–
pero no puedo llorar por la belleza rota,
pues de alguna manera supe que no nací para ella,
y no la busqué nunca de la forma en que se encuentra
en el calor de los lares familiares o en la piel
que se atesora como una estatua.

Yo, Francesco Morosini, comandante en jefe
de la Liga Santa, admirador de Temístocles, marino
por linaje y oficio, al frente de un ejército cosmopolita
y multilingüe,
he ordenado a la artillería cumplir mi misión
más inmediata:

Donde hubo grandeza crear horror y mercancías
–robo de leones
de mármol pentélico, pagos con monedas devaluadas,
peste, frisos derruidos, silencio–
triunfos de muerte y confusión.

* Estos poemas pertenecen a Motivos fuera del tiempo: las ruinas (Pre-Textos, 2020).

 

El autor Martín Rodríguez-Gaona./Leslie Searles


Martín Rodríguez-Gaona / Lima, Perú, 1969. Es poeta, ensayista y traductor. Entre sus poemarios están Pista de baile (1997), Parque infantil (Pre-Textos, 2005), Códex de los poderes y los encantos (Olifante, 2011) y Madrid, línea circular (La Oficina, 2013, Premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad). Sus ensayos Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes (Caballo de Troya, 2010) y La lira de las masas. Internet y la crisis de la ciudad letrada (Páginas de espuma, 2019, X Premio Málaga) son pioneros en el análisis de la poesía desde la cultura digital. Ha traducido libros de John Ashbery, John Giorno, Jack Spicer, Brian Dedora y Alice Notley.