22 noviembre, 2021

La oscuridad es mi padre

de Fabricio Gutiérrez | Inéditos

Huellas de lince

Un lince pasa por mi sueño
pero no deja rastro.
Es afuera del sueño donde quedan impresas sus huellas.
La mujer que duerme a mi lado las pisa cuando baja de la cama.
Las pisadas de la mujer y las huellas del lince se confunden.
Las termina de hacer una sola el viento que entra por la ventana
que nunca sabré quién a mitad de la noche abre cuidadosamente.

 
Invisibilidad

La aparición de un tordo
puede ser igual de súbita
que la de un hombre.
La desaparición de un hombre
hace pensar en un hilo de tordos.
La invisibilidad no es para el hombre,
pero un hombre que mira tordos es invisible.

 
Los ojos de los ahogados

Los ojos de los ahogados
que nunca fueron sacados del agua,
ahora nadan en la corriente.
Esa vez que estuvimos toda la tarde arriba del bote,
sentimos cómo nos miraban.
Arrojamos la red y logramos subir un par a la superficie:
eran grandes y miraban tiernamente
hasta el punto de hacernos sentir tristes.
Los devolvimos al agua
y se fueron hasta al fondo.
Estamos seguros que nunca más
volvieron a cerrarse.

 
El hijo más oscuro

Ahora digamos que la oscuridad es mi padre.
Que al llegar a casa da de palmaditas en el hombro a mis hermanos
y besa a mi madre.
Digamos que a mis hermanos les gusta
esa palmadita de oscuridad en los hombros
y a mi madre ese beso de oscuridad en la boca.
Digamos que yo soy su favorito,
que esa oscuridad que es mi padre reconoce en mí ciertos rasgos suyos.
Que soy su hijo más oscuro.
Que de grande seré como él
y sentiré un amor oscuro por los míos.
Por eso estamos todos sentados a su alrededor.
Porque lo queremos.
Amamos esa oscuridad que es mi padre.
No nos vemos las manos
pero nos sujetamos fuerte.

 
Excursión

1
En un bosque puedes ver por primera vez
un oso o un ciervo.
O desaparecer.
Es más posible esto último.
Los ciervos corren tan rápido
que no es posible contemplarlos.
En cambio, desaparecer es algo que puede pasar
con solo recostarse en la hierba.
Desaparecer debería ser llamado como otra forma de hacer excursión.
Y debería hacerse por lo mismo,
otro tipo de equipo para internarse entre la espesura:
suministros y bolsa de dormir adecuados
para la circunstancia de desaparecer.
Otra forma de hacer una fogata.
Es claro que alguien que está desaparecido
mira de otro modo el fuego.
Alguien debería poner letreros a mitad del bosque que indiquen
que se está próximo a desaparecer
y por consiguiente, advirtiendo que durante las siguientes semanas
la foto más luminosa de los desaparecidos
será pegada en las cercanías.

 
2
Lo más posible es que después de un tiempo
yo desaparezca.
Es lo más posible.
Y a los dos o tres días empiecen a buscarme los amigos
y la mujer que amo.
Alguien de seguro dirá: “la última vez que lo vi
tenía los ojos muy pequeños”.
Y alguien más buscará rastros en la hierba que tal vez indiquen
el último lugar donde estuve.
Lo más seguro es que una foto mía se pegada en los muros blancos;
lo más seguro es que sea esa que fue tomada
el día que salí al jardín y hacía fresco.
Lo más seguro es que con el paso del tiempo
la foto se despegue y vaya a dar al suelo
y alguien la pise por accidente quedando la huella de su zapato
sobre la imagen de mi rostro.
Es posible que los amigos y la mujer que amo se cansen de buscarme
y decidan mejor ya no salir a pegar fotos,
en el fondo lo sabían: tarde o temprano iba a desaparecer.

 
 
* Estos poemas pertenecen a Rastrillar la zona, libro ganador de la cuarta edición del Premio de Poesía Centrifugados Pueblo de San Gil.

 
 


Fabricio Gutiérrez  / Ciudad de México, 1985. Estudió Filosofía y Letras en la UNAM. Es autor de Escuela de levitación (2020) y Las cartas de amor que no alcanzaron a escribir mis muertos (2021).