1 noviembre, 2021

Tú. La cinética. Yo

de Marta Jiménez Serrano | Inéditos

La sed

La sed
parece inmemorial,
pero es mentira.
Se estira hasta nacer cada minuto
―siembra el erial,
dora el luto―
y vuelve a aparecer
sin morir nunca.

El día empieza
cada tres segundos.

Sudas
y es una gota siempre nueva.
Mudas la piel
con cada rayo de aire
y es una boca distinta
la que se abre
siempre para el mismo beso.

Te profeso esta sed
te la regalo
en cada novedad reconfortante,
recreo fundamental.
 
Deseo, sed de sal:
me chupas y te escuezo.
La boca siempre es igual,
varía el rezo.

 

 

Si me vas a decir:
Ángel de amor, ¿no es verdad
que en esta orilla apartada
la luna brilla estrellada
y se respira mejor?
Sabe que soy asmática y alérgica
que en las orillas de los ríos toso
que es famoso
mi pronto repentino, inoportuno
y que prefiero un trino
si sale por las ondas de la radio.

Y si vas a exclamar un socorrido:
Luz de mi vida, fuego de mis entrañas,
pecado mío, alma mía, bo-ni-ta.
Sabe que me apago como una vela
después de un día largo
si me encargo de alguna burocracia
o si estoy muy cansada.
Me pongo insoportable cuando enfermo
y nada me hace gracia de mañana.
Soy muy desagradable algunos lunes.
Jamás hablo
durante el desayuno.

Antes de que profieras:
Yo quiero hacer contigo
lo que en la primavera hacen los conejos,
sabe que no aguanto un festejo por compromiso
ni el pálpito sumiso
a cada rato.
Siempre acato
la máxima vital que inunda el deseo:
que todo lo que veo se vuelva espuma.
Seamos pumas
peleando en la sabana en un cuerpo a cuerpo
sin más conexión astral
que lo que rezuma.

Si vas a contemplarme
y hablarme de mi pupila azul como el cielo,
sabe que es verde clara como la tila
y marrón como el suelo.
Y si vas a decirme
que poesía soy yo
sabe
ángel de amor
corazón de bruma
que poesía soy yo
porque soy la pluma.

 

 

 

lábil
Del lat. labĭlis.
1. adj. Que resbala o se desliza fácilmente.
2. adj. Frágil, caduco, débil.
3. adj. Poco estable, poco firme en sus resoluciones.
4. adj. Quím. Dicho de un compuesto: Inestable, que se transforma fácilmente en otro.

 

Lábil. Húmeda. Fácil.
Como al entrar y salir
tú de mí.
―Tú. Quién eres tú―.
Escurridiza sin ser huidiza.
Sólo flexible
sólo fluida,
como el fluido que chupas tú
de mí.
―Yo. Qué cosa yo―.

Lábil.
Quiero ser lábil.
Frágil, caduca
como el rasgueo
contra mi nuca
de tu temblor
(Dios. Sol. Amor:
todo lo eterno
me da estupor).

Cederme meses,
años enteros
de estar confusa.
Desordenada, trémula
idea sin deducción.
No ser dicción
ni pensamiento.
Lábil. Me siento
una abstracción
inconsistente
de lo que pienso.

Lábil. Química. Grácil.
Como al querer compartir
sin exhibir.
–Dime: qué sabes de mí–
Modificable sin ser mutable.
Solo permeable,
solo extensiva,
así la deriva de tus palabras
en mi atención.
―Tú. La cinética. Yo―.

 

* Estos poemas pertenecen a La edad ligera (Ediciones Rialp, 2021).



Marta Jiménez Serrano / Madrid, España, 1990. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado un máster en Estudios Literarios y otro en Letras Modernas. Durante cuatro años residió en Francia, donde ejerció como profesora de Lengua y Literatura en la Universidad de Lorraine. Actualmente es editora en Turner. Su poemario La edad ligera fue accésit del Premio Adonáis de Poesía 2020. También es autora de la novela Los nombres propios, publicada por Sexto Piso.