2 marzo, 2020

Cada cosa que no termino de alcanzar

de Karen Villeda | Inéditos

A veces, la rabia es elemental. No. Hay una ira sofisticada. Una elaboración de las emociones que no puede deslindarse de lo maniobrado, lo pensado por ella. Ella quiere ser primitiva, pero piensa demasiado en sí misma. ¿Quién era entonces? No. Este libro no te dará vida. Este libro no podrá devolvernos a ese sitio de ráfagas y descontentos. Este libro no remojará tu nombre. Este libro no te levantará de la tumba. Este libro no te sedimentará más. Este libro no te recreará. Este libro no te hará escapar de la angustia. Este libro no es para ti. Este libro no es. Este libro no. No. ¿Cuánto nos cuesta llevar a término una idea? ¿Cuánto nos cuesta terminar? “No dejes las cosas a medias”, me dijeron. Una resonancia en mi cabeza. Una exasperación. La estás interrumpiendo. “La melancolía es la dicha de estar triste”. Es una melancolía para los buenos. “Para los ángeles como ella que te están viendo desde el cielo”. Y tú y, y una tristeza sin causa. ¿La tristeza debe tener una lágrima? No hay lágrimas más desperdiciadas que las tuyas. No. “Escribirlo es derrotarla”. Reviso sus diarios. Una serie de anotaciones llaman mi atención. Están fechados en octubre. Es un recuento de lágrimas. O de lo que quisieran llamar así. De esa manera para justificarse entre todos. No.

¿Cómo materializar una muerte?

¿Cómo decirle que no a una muerta? Pero sí.

 

  1. El goce de la vida o el sufrimiento inaccesible de la muerte. ¿En qué sentido se desmontan en un texto como éste, que es sobre ella?
  2. Ella tiene que escribir acerca de romantización del suicido en tres poetas mujeres y la amenaza latente en ella misma.
  3. Dame tantita luz.
  4. Ella siente desconfianza del trabajo. Reticencia. Vacilación. Sugerencia.
  5. Dame tantita luz cristalina.
  6. Lee entonces en una onceava página que “more naked and brutal frontal attacks of her mature work”.
  7. Pero no le hace falta precisión y oído. ¿Hay una serie de fuerzas oscuras? Ella, la anterior, intentó suicidarse a los diecinueve años. ¿Fue una ineficiencia? “Es una verdadera obscenidad lo que hizo”.
  8. Dame tantita luz cristalina y de rara elegancia.
  9. De acuerdo a ciertas estadísticas (obviamente no son todas), somos demasiado mortales. Pero ella era más que demasiado mortal. Ella es más. Porque sigue aquí colgada de mí.
  10. Heredé su nombre.
  11. También heredé su sitio y los sitios. El asiento en una cocina, policromada, en una cocina, en los mosaicos blancos, en una cocina, unos callos, en una cocina, papaya con azúcar, en una cocina, ojos echados para atrás.
  12. Me pregunto quién habrá limpiado la sangre que yo me imaginaba cruzar y si fue un trazo limpio o un destajo.
  13. Dame tantita luz cristalina y de rara elegancia y, y, y la sangre de ella.
  14. Escribe y no se entiende. “Escribe el libro negro de ti. El libro negro de tu individualidad.”
  15. Dame tantita luz cristalina y de rara elegancia y, y, y la sangre de ella que está en lo críptico.
  16. Ni siquiera las dolencias se expresan de una manera asertiva. ¿Existirá una asertividad del dolor? ¿Un enfoque del duelo que sea novedoso? Un sentido clínico. Pero es que estás hablando de autohomicidio.
  17. Dame tantita luz cristalina y de rara elegancia y, y, y la sangre de ella que está en lo críptico y, y, y una pluralidad de dolores.
  18. Dame tantita luz cristalina y de rara elegancia y, y, y la sangre de ella que está en lo críptico y, y, y una pluralidad de dolores. Dame un solo nombre, el suyo.
  19. Dame.

 

 

Algo o una serie de preguntas sobre algo o lo que es meritorio decir o desdecir porque es algo. Porque es algo y nos sobreviene o se mantiene como una promesa: algo, algo, algo. De algo, de alguien. Algo o una historia de apego. O de exclusión. Algo colectivo: una relación con la madre y el padre. Algos, álguienes.

Algo o su distancia o no,
más bien
algo la fastidia, aprieta, iguala, combate, falsea.

La intenta.

Algo o alguien o una mera existencia.

Algo o una consistencia acuosa, hablada, desenterrada, permuta, memoria. Ahí donde esto confluye. Y se detiene, cuesta abajo. Algo que no es algo sino una dadiva, acuosa de nuevo, apabullante, merecedora de todos los ánimos. Algo y alguien en su memoria de puntuación fluctuante.

Aprieta la cuerda, apriétala más

Algo o una demostración que no puede demorarse o renunciarse y entonces se nombra, o reforma. Es un instante, el sometimiento. Un gato, la cola de ese gato, su mirada, disensión. La barba de él. Una amoralidad.

Algo o su prealgo. Algo o su preciso instante. Eso ya está manido. Algo o lo que puede ser algo. O una apariencia. Sin lugar. Locuaz. Mentiría o materia.

Algo que revienta. Una verbalidad ojerosa o generosa. Una sin manera de hacerse a otras maneras. Alguien lo está diciendo, trata de explicarlo y le dicen que se detenga. Que no hace falta. Que pare. “Ella ya está muertita”.

 

 

19 de agosto de 1980. El último recuerdo es que siempre recuerdo haber tenido miedo. Miedo a la oscuridad. Miedo al mismo personaje siniestro de una misma pesadilla que tuve durante años. Miedo a una figura maligna dentro de mí y también dentro de mi armario. Miedo a no poder leer en público. Miedo a quedarme sin mamá. Miedo de sentir tanto odio por mi padre. Miedo de que mi hermanito muera. Miedo de besar a una niña. Miedo de mostrar un escrito mío por primera vez. Miedo de amar tanto a alguien que me convierta en piedra. Es la constante: el miedo en sus diversas variables que toma otras formas abandonando las que ya superé. Es por eso. Sí. Es por eso que he estado sintiéndome así durante gran parte de mi vida. El miedo a fallar, a no ser suficiente. El miedo al mismo miedo me impide vivir el miedo en sí. No siempre he sido esto. Hay destellos: este libro, las manzanas rojas, algo debajo de ti (tus ojos, sus ojeras). Y así no quiero sentirlo, pero a veces es inevitable. Desde pequeña me han perseguido para: ser alguien en esta vida, alguien reconocido, alguien innovador, alguien diferente y por eso me denominé a mi misma “diferente” y me aliené del mundo común. Si hay otro recuerdo es que siempre sabía lo que quería, lo que iba a pasar, lo que lograría. Es sólo que, a veces, ese recuerdo sigue siendo sólo eso, una simple memoria que no veo convertida en realidad.

Tal vez estoy exagerando. Tal vez hay vida, sí, pero no me parece la suficiente. Siempre ha estado ahí “eso”. “Eso” que me hace sentirme mal, alienada, otra vez, y frustrada. Al final, como si todavía hubiera algo, algo en cada cosa que no termino de alcanzar.

 

*  Estos poemas pertenecen al libro inédito Teoría de cuerdas, ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2018.


Karen Villeda / Tlaxcala, 1985. Es escritora. En 2017 obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario “José Revueltas” y, en 2018, el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen”. Participó en el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa en 2015. Dialoga con poesía y multimedia en POETronicA (www.poetronica.net). Su libro más reciente es Agua de Lourdes: ser mujer en México (2019).