2 marzo, 2020

Las ciudades arman sus propias lenguas

de Diego L. García | Inéditos

hay una fotografía en el reverso de los actos
que todavía se representan como nuestros.
la escena de una película americana.
siempre de posguerra. es decir. latente
entre las decisiones de sujetos y gobiernos
entidades que regulan los matrimonios
las salidas de sábados regulares para mirar
las estrellas desde el capó de un auto turquesa
las vallas blancas de las casas. madera por
todos lados. y las postales de todos esos mundos
que compramos acá. es como un supermercado
de grandes sueños. una serie de soldados
desertores mirando televisión en las madrugadas
y levantándose a las 6 para construir pirámides
con botellas de coca-cola. esas medallas son
las nuestras. nos quedamos dormidos en los
pantanos de una telenovela sin fin. la
cena está servida! los niños corren escaleras abajo.
una navidad interminable. la nieve en los deseos
aunque haga 40 grados y nuestras baldosas
se resquebrajen. nuestras baldosas mentales
por donde desfilan los impulsos y las apuestas
que hacemos en el último casino de la frontera

 

si pudiéramos con una máquina copiar los pensamientos
qué cantidad de acopio soportaríamos?
siempre estamos en el blanco. sonríe elmyr de hory.
será invencible el viejo de mierda? cómo distinguir
las primeras ideas de aquellas que transcriben
nuestro movimiento.
ni siquiera nuestros cuerpos están en condiciones
de actuar según su albedrío. uno nuestro. menos condimentado
por los cuadernillos del curso. por las ventas en la capital.
esos sí que leen! puros cachorros de fake news en contingentes
listos para fotografiarlo todo (de un lado o del otro del souvenir).
es la cuestión de moda. o la de siempre.
ya transcribirlos sería otro asunto. un ensayo
que devendría en puntos ciegos. fuera del campus
y las reglas de la hermandad. nacer con chaqueta
es un estilo de muerte a muerte.
lo nuevo es un mismo cuento del tío elmyr.
no se llevó nada decís?
creo que hay demasiado olor a meo
entre las especies de tu asombro

 

calles resbaladizas como grafitis.
qué dice? preguntás.

a lo mejor son una traducción de esas escaleras oxidadas.
o esos contenedores de basura
donde las infecciones duermen
el sueño de lo que está bien.

vuelvo y copio
[werld]
[mdl]
[fazt]

las ciudades arman sus propias lenguas.

hace demasiado frío para seguir
patinando en estas tumbas.

que los faraónicos autos abandonados descansen en sus ruinas!

el sentido es mucho más burgués
y miserable. esto es otra cosa

 

un libro en el fondo es la base de una lata
llena de palabras espumosas como

ha sido una mañana muy difícil. tenemos
muchos asuntos que resolver. te diré
una cosa imbécil. está en la línea.
lamento mucho molestarlo. pues yo
diría que sí. esto no ha terminado amigo.

un libro blanco en perspectiva con el bigote y la bandera.
el teléfono. la conducta de un tipo blanco en el fondo blanco.
una biblioteca llena de condecoraciones

 

 

*Estos poemas forman parte del libro Las calles nevadas, publicado este año por la editorial Barnacle.


Diego L. García / Buenos Aires, Argentina, 1983. Es profesor en Letras y escribe crítica y poesía. Entre sus últimos libros figuran Esa trampa de ver (Añosluz, 2016), Una voz hervida (Jámpster e-books, 2017, Chile), Una cuestión de diseño (Barnacle, 2018) y (Fotografías) (Zindo & Gafuri, 2018).