14 junio, 2021

Una canción para entonar en el más allá

de Christian Morgenstern | Traducciones

Presentación y versiones de Daniel Bencomo.

 

Tomé contacto con la obra de Christian Morgenstern (1871-1914) a través de un poema ciertamente llamativo: “El canto nocturno del pez”, pieza extraña en su obra, pues el guiño que tiende a la poesía visual es único en ella. Una vez que pasa el primer asombro ante el objeto gráfico, es posible descubrir lo que la vincula al espíritu global de su trabajo, pues los trazos que proponen una figura a interpretar no son otros que los símbolos gráficos para las sílabas tónicas y átonas en los pies métricos. La poesía de lengua alemana, escrita en buena proporción en combinaciones de yambos y troqueos, no sería capaz de reproducir un patrón acentual —quizá ninguna lengua— como el que “El canto nocturno del pez” propone: de ahí que se trate, como plantea jocosa la anotación que lo acompaña, del “poema alemán más profundo”. Harto fecunda para los pocos años que cubrió su vida, la obra de Morgenstern buscó esa profundidad a través de distintos registros (uno de ellos, su escritura aforística), pero casi siempre en formas poéticas fijas, que predominan en su obra y en las que él demuestra comodidad y dominio. Por ello sus críticos, como apunta Ernst Kretschmer, suelen dividir su trabajo entre los “registros serios” y los “lúdicos”. Aquí presentamos una muestra de los primeros a partir de poemas de su obra temprana. Sucesivamente devoto de Nietzsche, de los místicos alemanes, del budismo y de Rudolf Steiner —teórico del antroposofismo—, al final de su vida retornó al cristianismo. Su faceta lúdica muestra formalmente ese impulso vital que nos llega de su biografía: los poemas de sus Galgenlieder o Canciones de la horca tienen ese halo de lo juguetón que tira hacia el delirio y parecen estar en armonía con la aurora de las vanguardias. Aparecen escenas nocturnas, pasajes extraños ocupados por presencias animales y forasteras, objetos que se animan y hablan, onomatopeyas y gestos celebratorios del absurdo —algunos de ellos sí que parecen buscar los patrones sonoros sugeridos por el canto del pez en la noche profunda—. (Se incluyen aquí algunos poemas de sus Galgenlieder.)

Morgenstern nació en la bávara Múnich y fue hijo de un pintor paisajista que, a su vez, fue hijo otro un pintor paisajista. En su monografía sobre el autor, Kretschmer nos deja saber que, a temprana edad, dejó la casa paterna luego de la muerte de su madre y se fue a vivir a un internado al noroeste. Durante su juventud, la relación siempre tirante con su padre le impone ires y venires. Finalmente se da la ruptura definitiva, luego que éste se divorcie de su segunda mujer. Ya decidido a dedicarse a la literatura se asienta en Berlín (1894), emprende estudios de historia del arte y arqueología, cumple con algunos empleos y comienza a hacerse un nicho en el ámbito literario. Toma la oportunidad que se le ofrece de hacerse cargo de las traducciones de la obra de Henrik Ibsen (1897), labor por la cual recibe elogios y que le concede la oportunidad de hacer una estancia de cerca de año y medio en el país nórdico, donde conoce al autor, pasea por la costa escandinava y visita a Edvard Grieg. Más adelante vuelve a Berlín (1898) y continúa su labor en la ciudad —que eclosiona en el fulgor y las contradicciones sociales de inicios del siglo XX—, cuyo encanto nocturno se plasma en el poema que cierra esta selección y que lleva por nombre el de la actual capital alemana. El amor lo vive con Margareta Gosebuch Freiin von Lichtenstern, a quien conoce en 1907 y quien se convertirá en su esposa en 1911; con ella comparte lecturas, viajes y la devoción por Rudolf Steiner. Margareta le infunde brío durante todos estos años y lo acompañará en el peregrinaje que su debilitada salud le impone por hospitales y balnearios, hasta que acontece la muerte del poeta en 1914.

No es fácil traducir la poesía de Morgenstern, como constato a partir del diálogo con que me obsequian sus traductores latinoamericanos. El poeta y traductor mexicano José Molina (1975-2019) menciona en su tesis doctoral las transcreaciones que hizo Haroldo de Campos a partir de algunos poemas de Morgenstern y, refiriéndose a sus registros lúdicos, describe al poeta como una suerte de Lewis Carroll de la poesía en lengua alemana por el uso del aparente sinsentido; luego delinea su poesía como “based on experimenting with word deformation, sonorous and visual materiality, and humor generated by absurdity and paradox” [“basada en la experimentación con la deformación de la palabra, la materialidad sonora y visual, y el humor generado por el absurdo y la paradoja”]. Por su parte, el argentino Jaime Rest (1927-1979) se refiere en un ensayo a nuestro autor como “el efectivamente casi intraducible autor de los Galgenlieder”; en torno al asunto de la traducción, cita a Morgenstern cuando este afirma que “no existe cosa semejante a una buena o mejor traducción de poesía de otra lengua; solo hay pobres o malas interpretaciones”. Probablemente las versiones que aquí presento estén mucho más cercanas al fracaso que otea nuestro autor que a alguna sólida transcreación; lo que sí tuve claro al emprenderlas fue que me impulsaba un motivo que aparece como final de uno de sus poemas famosos —y cuya traducción o su intento reservaré para otra ocasión—: “Das raffinier- /te Tier/ tats um des Reimen willen”. El refinado animal, para el caso una comadreja, lo ha hecho “por el puro placer de la rima”. En ese ánimo he procurado combinaciones de endecasílabos, octosílabos y heptasílabos en nuestro idioma; para la selección atendí sobre todo presencias que conforman, en buena medida, mi actual circunstancia: los árboles de los bosques y la fauna que los puebla, las gaviotas que medran en los cauces de los ríos Rhin y Néckar.1

—Daniel Bencomo

 

Noche de verano en el bosque alto (1897)

El alto bosque por el sol bendito
hace tiempo de lluvia no está ahíto.

Los árboles se animan todavía
para soñar con agua y armonía.

El álamo, el aliso:
pululan y gotean sin dar aviso.

Un halo cunde y cunde un palpitar
cual si hubiera de gotas un millar.

El olmo y el alerce:
¡comienzan al instante a complacerse!

Las píceas junto al pino:
¡comienzan a vibrar algo divino!

El viento sopla silencioso y frío.
Un círculo de estrellas arde en brío.

El álamo, el aliso:
mil gotas se abren a compás preciso…

 

Sommernacht im Hochwald

Im Hochwald sonngesegnet
hat’s lange nicht geregnet.

Doch schaffen sich die Bäume
dort ihre Regenträume.

Die Espen und die Erlen
sie prickeln und sie perlen.

Das ist ein Sprühn und Klopfen
als wie von tausend Tropfen.

Die Lärchen und die Birken
sie fühlen flugs es wirken.

Die Fichten und die Föhren
sie lassen sich betören!

Der Wind weht kühl und leise.
Die Sterne stehn im Kreise.

Die Espen und die Erlen:
sie schaudern tausend Perlen …

 

Yo (1909)

Me pongo a ver cómo ese viejo mundo
en mí se eleva y todavía combate
mientras el nuevo accede y en mí late,
turbio a veces, a veces muy fecundo.

Me pongo a ver: ¿será el fin de la guerra?
Se habrá de disipar el humo oscuro
y regirá del alba el claro puro.
Veo: quizá ya el triunfo toca tierra.

 

Ich

Ich schaue zu, wie sich die alte Welt
in mir erhebt und immer wieder streitet,
und wie die neue sanft darübergleitet,
so wechselweis verdüstert und erhellt.

Ich schaue zu. Wie endigt wohl der Krieg?
Wird sich der trübe Rauch zu Boden schlagen
und morgendliche Klarheit drüber tagen?
Ich schau mir zu. Vielleicht ruft dies dem Sieg.

 

No resulta gran arte
—si la vida te guarda bien consigo,
si la deidad te comparte
un espacio en su abrigo—
ser un dichoso maestro de ti.

De otro modo es en cambio
cuando ella te descuida y tú lo mismo,
y en su lugar el vacío
de la sien a tu pie hiende un abismo;
cuando también el hastío

te mantiene en el fondo
como una piedra inerte, y energía
de riña y de reproche nubla tu ánimo:
de esa tierra es la flor
de la vera alegría.

 

Keine Kunst,
wenn das Leben dich füllt,
wenn der Gottheit Gunst
dich in ihrem Mantel hüllt,
deiner Meister, fromm und heiter sein.

Aber wenn,
du von dir und Ihr verlassen bist,
wenn dich Leere
schmerzt vom Scheitel bis zum Rist,
wenn dich Schwere

niederhält
wie einen toten Stein, Gemüte,
dann sonder Widerstreit und Vorwurf sein–
das ist wahrer Frömmigkeit
Blüte.

 

Nieve primera (1895)

Emerge entre la tierra gris, plateada
un corzo más que enjuto
en la fronda invernal, en su espesura
y prueba con sigilo en su patada
la nieve fresca como un limpio fruto.

Y más grácil te pienso en tu figura.

 

Erster Schnee

Aus silbergrauen Gründen tritt
ein schlankes Reh
im winterlichen Wald
und prüft vorsichtig Schritt für Schritt,
den reinen, kühlen, frischgefallenen Schnee.

Und deiner denk ich, zierlichste Gestalt.

 

 

De Canciones de la horca (Galgenlieder, 1905)

Los embudos

Dos embudos atraviesan la noche.
A través de su cuerpo, en derroche
se vierte un claro fulgor de luna,
alegre y silente,
en su sendero
de bosque
e. t.
c.

Die Trichter

 

Zwei Trichter wandeln durch die Nacht.
Durch ihres Rumpfs verengten Schacht
fließt weißes Mondlicht
still und heiter
auf ihren
Waldweg
u.s.
w.

 

Oración y ascenso del hermano de horca
(Una canción para entonar en el más allá)

Marcaba el reloj-luna diez y media
yo grité “¡Dios me ayuda, Dios remedia!”
¡Y cómo cantaba el sapo insensato
desde el verdor del cañar inmediato!

—uh-uh, uh-uh, uh-uh, uh-uh—
¡Y él sigue así, hasta abismarte tú!
Que no puedo pensar de tanta angustia
sino horror del batracio y su voz mustia.

¡O callas, por dios, tu inmensa bocaza
o mi potro plateado va a tu caza!
Que te quiere comer cual basta avena
calla por eso, o bueno, vaya pena…

– – – – – – – – – – –
– – – – – – – – – – –
– – – – – – – – – – –
– – – – – – – – – – –

Cuarto a las once marcaba la luna
y en Dios se disipaba mi fortuna.
Ya en el verdor del cañar inmediato
gozaba mi caballo un muy buen rato.

 

Des Galgenbruders Gebet und Erhörung

(Ein Nachtlied, im Jenseits vorzusingen)

Die Mond-Uhr wies auf halber ilf,
da rief ich laut: Gott hilf, Gott hilf!
Wie singt im nahen Röhricht
die Unke gar so töricht!

U u, u u, u u , u u –
So geht es immer und immerzu!
Ich kann solch lautes Grübeln
der Kröte nur verübeln.

So schweig doch still, verruchtes Maul!
Sonst freß dich gleich der Silbergaul!
Er frißt dich auf wie Hafer –
drum werde stiller, braver! …

– – – – – – – – – – –
– – – – – – – – – – –
– – – – – – – – – – –
– – – – – – – – – – –

Die Mond-Uhr wies auf dreiviertel ilf,
verweht war mein: Gott hilf, Gott hilf! –
Im nahen Röhricht aber
erschien der Silbertraber.

 

Km. 21

Posado entre los rieles aquel cuervo muy bruno
por lo alto graznaba su “ka-e-me-veintiuno”.

Circuló un hombre-lobo con un toque perruno:
el cuervo más graznaba su “ka-e-me-veintiuno”.

Se acercó el jabalí, tal greñudo oportuno
¡y aquel loco insistía con “ka-e-me-veintiuno”!

Y cundió por doquier: “¡Está poseído!”
¡Habríamos de echarle al forajido!

Lo llevaron dos liebres hasta una enramada,
su cerebro maltrecho parecía cera aguada.

Y aunque ya moribundo, no lo dude ninguno
su ka-é-me graznaba, su ka-é-me-veintiuno.

 

Km 21

Ein Rabe saß auf einem Meilenstein
und rief Ka-em-zwei-ein, Ka-em-zwei-ein…

Der Werhund lief vorbei, im Maul ein Bein,
Der Rabe rief Ka-em-zwei-ein, zwei-ein.

Vorüber zottelte das Zapfenschwein,
der Rabe rief und rief Ka-em-zwei-ein.

"Er ist besessen!" – kam man überein.
"Man führe ihn hinweg von diesem Stein!"

Zwei Hasen brachten ihn zum Kräuterdachs.
Sein Hirn war ganz verstört und weich wie Wachs.

Noch sterbend rief er (denn er starb dort) sein
Ka-em-zwei-ein, Ka-em-Ka-em-zwei-ein…

 

Las raíces de abeto.

Dos raíces vetustas de un abeto
conversan en el bosque, lento y neto.

Si allá arriba en la copa se murmura,
acá a nivel de tierra se asegura.

La ardilla más anciana les visita
y teje a su corteza una chambrita.

Craj, dice una. Cruj, la otra decía.
Es mucho para ellas en un día.

 

Die zwei Wurzeln

Zwei Tannenwurzeln groß und alt
unterhalten sich im Wald.

Was droben in den Wipfeln rauscht,
das wird hier unten ausgetauscht.

Ein altes Eichhorn sitzt dabei
und strickt wohl Strümpfe für die zwei.

Die eine sagt: knig, die andere sagt: knag.
Das ist genug für einen Tag.

 

La canción de las gaviotas

De tal manera las gaviotas lucen
cual si el nombre de Emma fuera el suyo.
Cubiertas de un plumaje que relucen,
sosiega una pedrada su barullo.

Mas no tiro a matar a la gaviota,
prefiero mucho más verla con vida.
Con migas de centeno no se agota
su hambre, ni con pasas sin medida.

Y nunca lograrás, querido humano
de las gaviotas emular el vuelo.
Si acaso Emma es tu nombre, anda ufano
de dicha semejanza y pierde celo.

 

Versos 1 y 2: Esta impresión se le impone a uno justo después de observar a una gaviota.
Versos 9 y 10: Aquí no se objeta —¡por dios santo!— el vuelo del dirigible. A lo sumo: el de los ángeles.
(Nota del autor)

 

Möwenlied

Die Möwen sehen alle aus
als ob sie Emma hiessen.
Sie tragen einen weissen Flaus
und sind mit Schrot zu schiessen.

Ich schiesse keine Möwe tot,
ich lass sie lieber leben –
und füttre sie mit Roggenbrot
und rötlichen Zibeben.

O Mensch, du wirst nie nebenbei
der Möwe Flug erreichen.
Wofern du Emma heissest, sei
zufrieden, ihr zu gleichen.

Zeile 1 und 2: Eine Erfahrung, die sich jedem aufdrängt, sobald er eine Möwe daraufhin betrachtet.
Zeile 9 und 10: Man wende hier um Himmels willen nicht das Luftschiff ein. Höchstens den –Engel.

 

El canto nocturno del pez

El canto nocturno del pez: el poema alemán más profundo.
(Nota del autor)

 

Otros poemas:

Berlín (1906)

Te amo, sea en la noche o en la niebla
cuando tus líneas entre sí se funden
si de noche tus vidrios luz infunden
y gente enciende el oro en tu tiniebla.

Vano en la luz, misterio de lo oscuro,
un místico bastión de almas bulle
en calles que arden con reflejo puro;
quien ve lo múltiple, lo uno intuye.

Ya cesa en los cristales el fulgor;
en guardas finas ya reposa el juego:
quien sueña doma frenesí y fragor
y torna santo en su destino al fuego.

 

Berlin

Ich liebe dich bei Nebel und bei Nacht,
wenn deine Linien ineinander schwimmen, –
zumal bei Nacht, wenn deine Fenster glimmen
und Menschheit dein Gestein lebendig macht.

Was wüst am Tag, wird rätselvoll im Dunkel;
wie Seelenburgen stehn sie mystisch da,
die Häuserreihn, mit ihrem Lichtgefunkel;
und Einheit ahnt, wer sonst nur Vielheit sah.

Der letzte Glanz erlischt in blinden Scheiben;
in seine Schachteln liegt ein Spiel geräumt;
gebändigt ruht ein ungestümes Treiben,
und heilig wird, was so voll Schicksal träumt.


1 Fuentes:
Kretschmer, Ernst. Christian Morgenstern. Metzler Verlag: Stuttgart, 1985.
Morgenstern, Christian. Gesammelte Werke. Piper Verlag: München, 1965.
Molina, José. Poetics in translation: “make it new” by Ezra Pound and ”transcreation” by Haroldo de Campos. Tesis doctoral de la Universidad de Perpignan, 2017. Disponible en: https://tel.archives-ouvertes.fr/tel-01534053
Rest, Jaime. “Reflexiones de un traductor”, en: László Scholz (ed.), El reverso del tapiz. Antología de textos teóricos latinoamericanos sobre la traducción literaria. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcvx0n9
Felsner K./ Helbig, H., Manz, T. Arbeitsbuch Lyrik. Akademie Verlag: Berlin, 2012.



Christian Morgenstern / Múnich, 1871 – Merano, 1914. Poeta y escritor, vivió aquejado de tuberculosis durante años. Trabajó como lector en la editorial de Bruno Cassirer, tradujo a autores como Henrik Ibsen y Knut Hamsun y escribió libros como Canciones de la horca, que le valieron un gran reconocimiento póstumo.


Daniel Bencomo

/ San Luis Potosí, 1980. Sus libros de poesía más recientes son La mutación de lo en lo (Cuadrivio, 2018) y Espuma de bulldog (Luzzeta, 2016). Del alemán ha traducido libros de poesía de Tom Schulz, Ron Winkler y Björn Kuhligk, así como poemas de diversos autores y autoras, que se pueden consultar en su blog (bencomodaniel.wordpress.com), o en la web Lyrikline (www.lyrikline.org) de la Haus für Poesie de Berlín.