17 diciembre, 2018

La mona

de Vladislav Jodasiévich | Traducciones

Versión y nota de Rodrigo García Bonillas.

 

Fuera de Rusia, Vladislav Jodasiévich sigue viajando con un salvoconducto: el que le expidió Vladímir Nabókov al considerarlo en un texto crítico de 1939 “el más grande poeta ruso de nuestro tiempo”; y luego, en los años cincuenta, al declarar: “Este siglo no ha producido ningún poeta ruso que supere a Vladislav Jodasiévich”. Adrian Wanner señala, en correspondencia, que Jodasiévich fue uno de los primeros críticos en apreciar el talento de Nabókov. En 1937, Jodasiévich publicó el ensayo “Sobre Sirin” (O Sirine), donde se ocupó de la obra temprana del escritor petersburgués. Hacia fines de la década de los treinta habían ocurrido los primeros encuentros entre ambos autores. Pero los elogios de Nabókov no eran en vano.

La admiración por el poeta ruso llevó a Nabókov a traducir unos cuantos poemas de Jodasiévich. En la antología Verses and Versions. Three Centuries of Russian Poetry —que reúne varias de las piezas de la poesía rusa que Nabókov vertió en inglés— conocí hace ya varios años esas versiones. En aquel entonces traduje “Balada” (“Баллада”; la traducción puede leerse aquí, en la página 3), un poema de versos anfíbracos, con ritmo hipnótico, que transforma la habitación baladí del yo lírico en un remolino órfico, en un movimiento desde la vida diaria hacia el mito. Con un vector similar, aunque de prosodia muy distinta, “La mona” (“Обезьяна”) también aparecía en la compilación de Nabókov; me encandiló su curso imprevisible; me atrajo su escena casi costumbrista, con claves históricas, impregnada de un tufo místico (natural en un ruso); lo empecé a traducir. 

“La mona” pertenece al poemario Por el camino del grano (Путём зерна), que apareció en 1920, al calor de la debacle que desató la Revolución bolchevique. El título del poemario se glosa en los siguientes versos: “Y así mi alma sigue el camino del grano: / descendiendo a lo oscuro, muere —y resucita. / Y tú, mi país, y tú, su pueblo, / mueres y resucitas, descendiendo a través de este año […]” (este poema está fechado unas semanas después de la Revolución de octubre). “La mona”, por otra parte, nos envía hacia 1914: según Irina Murátova, Jodasiévich pasó ese verano en Tomilino, cerca de Moscú, en una dacha. Entonces azotaba la canícula y los bosques se incendiaban. Ese es el trasfondo para el episodio de “La mona”, uno de los poemas de Jodasiévich en verso blanco donde, según Murátova, ocurre una “colisión de lo momentáneo con lo eterno”.

En 1922 Jodasiévich abandonó Rusia sin saber que no volvería. Se desplazó a Berlín, primera sede de los emigrantes rusos tras la Revolución, y luego se estableció en París. Ahí transcurrió su vida hasta 1939, cuando el cáncer lo extinguió a tiempo para no padecer la Segunda Guerra Mundial. En 1927 reunió su obra poética; la publicó en la editorial reaccionaria Vozrozhdenie e incluyó ahí el ciclo pesimista La noche europea. También se dedicó a la prosa crítica y ocupó un lugar más bien aislado dentro de los círculos del exilio ruso. Dentro de la URSS fue proscrito: sólo hasta 1989 la editorial Soviétski Pisátel’ publicó su producción poética.

Aquí presento una versión en español de “La mona”; tuve a la vista también la propia versión de Nabókov al inglés. En ruso la palabra obeziana (обезьяна) es un sustantivo femenino y epiceno. Decidí traducirlo como “mona” y no como “mono”. Hay una razón para ello: a diferencia del español, en ruso los verbos en pretérito llevan marca de género y número. Así se mantiene el rasgo genérico de la bestia, relevante, a mi ver, para el arrebato del yo lírico.

—Rodrigo García Bonillas

 

La mona

Calor. Ardían bosques. Y con tedio
el tiempo se alargaba. Cantó un gallo
en la dacha vecina. Abrí el postigo.
Allá, junto a la cerca, en una banca
dormía un vago —un serbio ruin, moreno.
Colgaba una pesada cruz de plata
en su pecho desnudo. Por la cruz
resbalaba el sudor. Sobre la cerca
se había sentado, en falda roja, una
mona que devoraba hojas de lilas
con polvo. Un collar de piel, tirado
con una gran cadena por detrás,
le apretaba el pescuezo. Él me oyó.
Se espabiló, secó el sudor, me dijo:
“dame agua”. Sorbió para advertir
que no estuviera fría y puso un plato
en la banca; la mona, que mojaba
los dedos en el agua, al instante
asió con ambas manos el platillo.
Se puso en cuatro patas y bebió,
apoyando los codos en la banca.
Con la barba rozaba los tablones,
y sobre el calvo parietal, más alto,
su espalda se encorvó. Así, seguro,
Darío estaba entonces, al caer
en un charco ese día que escapaba
de las briosas falanges de Alejandro.
Arrojó de la banca aquel platillo
tras beber toda el agua, se paró
—¿olvidaré algún día ese momento?—
y me dio su callosa mano negra,
que aún estaba fresca de humedad…
Había estrechado manos de poetas,
de bellezas, de jefes —¡no estreché
jamás ninguna que tuviese aspecto
tan noble! ¡Ni jamás toqué una mano
que fuera tan fraterna! Sabe Dios
que nunca nadie había contemplado
mis ojos tan profunda y sabiamente.
En verdad, hasta el fondo de mi alma.
Leyendas de una antigüedad profunda
revivió aquella bestia miserable
y, de pronto, la vida se hizo plena,
me pareció. Un coro alumbró mundos,
vientos, olas, con música de órganos
estalló y penetró, brusco, en mi oído
como antes, en días inmemoriales.

Golpeteando el pandero, se fue el serbio.
Sentada de cuclillas en su hombro,
se mecía la mona con cadencia,
como un maharajá en un elefante.
Un sol color frambuesa, colosal,
que no tenía rayos,
pendía del opalino humo. Intenso,
un bochorno quemaba el trigo débil.

Se declaró la guerra en ese día.

 

7 de junio de 1918, 20 de febrero de 1919

 

Обезьяна

Была жара. Леса горели. Нудно
Тянулось время. На соседней даче
Кричал петух. Я вышел за калитку.
Там, прислонясь к забору, на скамейке
Дремал бродячий серб, худой и черный.
Серебряный тяжелый крест висел
На груди полуголой. Капли пота
По ней катились. Выше, на заборе,
Сидела обезьяна в красной юбке
И пыльные листы сирени
Жевала жадно. Кожаный ошейник,
Оттянутый назад тяжелой цепью,
Давил ей горло. Серб, меня заслышав,
Очнулся, вытер пот и попросил, чтоб дал я
Воды ему. Но, чуть ее пригубив,—
Не холодна ли,— блюдце на скамейку
Поставил он, и тотчас обезьяна,
Макая пальцы в воду, ухватила
Двумя руками блюдце.
Она пила, на четвереньках стоя,
Локтями опираясь на скамью.
Досок почти касался подбородок,
Над теменем лысеющим спина
Высоко выгибалась. Так, должно быть,
Стоял когда-то Дарий, припадая
К дорожной луже, в день, когда бежал он
Пред мощною фалангой Александра.
Всю воду выпив, обезьяна блюдце
Долой смахнула со скамьи, привстала
И — этот миг забуду ли когда? —
Мне черную, мозолистую руку,
Еще прохладную от влаги, протянула…
Я руки жал красавицам, поэтам,
Вождям народа — ни одна рука
Такого благородства очертаний
Не заключала! Ни одна рука
Моей руки так братски не коснулась!
И, видит Бог, никто в мои глаза
Не заглянул так мудро и глубоко,
Воистину — до дна души моей.
Глубокой древности сладчайшие преданья
Тот нищий зверь мне в сердце оживил,
И в этот миг мне жизнь явилась полной,
И мнилось — хор светил и волн морских,
Ветров и сфер мне музыкой органной
Ворвался в уши, загремел, как прежде,
В иные, незапамятные дни.

И серб ушел, постукивая в бубен.
Присев ему на левое плечо,
Покачивалась мерно обезьяна,
Как на слоне индийский магараджа.
Огромное малиновое солнце,
Лишенное лучей,
В опаловом дыму висело. Изливался
Безгромный зной на чахлую пшеницу.

В тот день была объявлена война.

 

7 июня 1918, 20 февраля 1919


 

Fuentes

Para el ensayo de Jodasiévich sobre Nabókov: V. Jodasiévich, “O Sirine”, Litieratúrnie stati i vospominania [Artículos literarios y memorias], Nueva York, Izdátel’stvo Ímieni Chéjova, 1954.

Para la traducción al alemán y el epílogo sobre Jodasiévich que realizó Adrian Wanner, así como varios datos biográficos: V. Jodasiévich, Europäische Nacht. Ausgewählte Gedichte 1907-1927, Adrian Wanner (trad.), Wuppertal, Arco Verlag, 2014.

Para las traducciones de Jodasiévich al inglés que hizo Nabókov: V. Nabókov, Verses and Versions. Three Centuries of Russian Poetry, Brian Boyd (intr. y ed.), Stanislav Shvabrin (ed.). Orlando, Hartcourt, 2008.

Para la biografía del autor: I. Murávieva, Zhizn’ Vladislava Jodasiévicha [Vida de Vladislav Jodasiévich], San Petersburgo, Kriga, 2013.

Para la primera edición soviética (en 1989) de la poesía de Jodasiévich: V. Jodasiévich, Stijotvorénia [Poesía], Leningrado, Sovietski Pisátiel’, 1989.


Vladislav Jodasiévich / Moscú, 1886 – París, 1939. Poeta ruso del Siglo de Plata, continuador de la tradición neoclásica (en la “línea de sucesión” de Pushkin y Tiutchev, según Vladímir Nabókov). Abandonó la URSS en 1922. Proscrito de la Unión Soviética, ejerció sus habilidades poéticas y críticas en el exilio de París, donde murió. Es autor de los libros de poesía En el camino del grano (1920), La lira pesada (1922) y La noche europea (publicado junto con sus obras previas en Poemas reunidos [1927]). Escribió también copiosos textos críticos sobre literatura rusa, en particular sobre poesía. Dedicó una biografía al poeta ruso Gavrila Derzhavin (Derzhavin, 1931) y un estudio a Pushkin (Sobre Pushkin, 1937); compuso hacia el final de su vida un libro de memorias sobre los escritores rusos de su tiempo, que publicó bajo el título Necrópolis (1939).


Rodrigo García Bonillas / Veracruz, 1987. Autor de Gótica del Búho. Sobre el “Insomnio tercero” de José Gorostiza (2018), libro ganador del XV Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI, que convocan la editorial Siglo XXI, la UAS y el Colegio de Sinaloa. Ha recibido las becas de la Fundación para las Letras Mexicanas (2010-2012) y de Jóvenes Creadores del Fonca (2013), ambas en el área de ensayo. Ha publicado traducciones de Mijaíl Lérmontov, Svetlana Aleksiévich, Róbert Rozhdéstvenski, Vladislav Jodasiévich; también tradujo el libro Llegarán suaves lluvias de Sara Teasdale (México, Secretaría de Cultura, 2017). Actualmente realiza un doctorado en Filología Románica en la Universidad de Potsdam, Alemania; se dedica a estudiar literatura de viaje a Rusia.