1 junio, 2020

Evade

de Víctor Hugo Díaz | Inéditos

 

 

 

 

 

Parques en guerra I

El calor está en retirada
y un sol de Paz abandona el campo de juego

         Los vehículos estacionados
son relojes de sombra
Se rigen por el horario en que excretan los pájaros
               Manecillas
que pueden cambiar de pista detenidas  
a exceso de velocidad

Por las ventanas arrojan envases
con sobras de música

Ahora servirán como cuerpos
dejados en la berma. Accidentes
donde presumir con la distancia  
y el número de adversarios

hasta que la tarde se convierte en un bello
violento paseo por el Parque

Los disparos vienen desde todos los flancos
Son municiones de Agua  
         de bajo calibre
que precipitan sobre los pastos en Guerra

Junglas del Sudeste asiático
        vistas desde un Dron
a la Altitud de estos ojos

Batallas en miniatura
donde las mangueras de riego hacen nudo
         tendiendo emboscadas

dibujando frentes de combate
mientras las gotas impactan en tobillo y muleta
            aluminio y huesos

Selva húmeda en rehabilitación
             a cada paso.

 

Parques en guerra II

Mangueras de regadío Selva húmeda
municiones de Agua de bajo calibre

Sobre los restos de lo que fue un Parque Patronal

entre sus árboles sobrevivientes
que guardaron registro de todas las
iniciales talladas en la corteza:                                  
    Los puños abiertos… festejan negándose

—Decir No, es como identificarse—
maderos jóvenes a merced de las hachas
a rostro cubierto en capuchas de fiesta incendiaria
para detener el tránsito

Hay letras de canciones prisioneras en redes
y un cardumen de Bancas del parque
desde donde presenciar los combates
y el bombardeo del agua

Las reservas fueron hechas con anticipación
Son Bancas ancladas en terreno alto
             lejos de las gotas
donde todo lo que despierta y no se mueve
sirve de estimulante a los francotiradores

Ocupan buena posición frente a la escena
          desplegadas sobre el campo
según las órdenes que dicta el manual

según el mensaje cifrado en voz baja

Siguiendo los planos de construcción
de las últimas defensas, que en cada atardecer
resisten desde el césped
Vehículo estacionado, relojes de sombra
la cara de Los Andes en cartón piedra
            mirando a mi ciudad

Ahí se exhibe la Colección de Armas:
herramientas culpables de falsas torturas

planes de ataque que el enemigo conoce

algunos microgramos de realidad.

 

Sellado al vacío

El otoño alcanzó su mayoría de edad     
y hay un último fruto que se resiste a la caída

Abajo el suelo pesa

El tallo no cumple con su deber
y solo esperar, aguantando la respiración
          actúa como adhesivo

Los juguetes del cosechador
también pesan

Cuando le preguntan Por qué
y responde
          pero bajo un Nombre falso

Pesan
Mientras se digita en secreto la Clave
para el intercambio de rostros y mercancías
…cañerías rotas que anticipan inundación
…corteza, nidos secos y peldaños
hasta llegar a la copa del árbol más viejo

Abajo
la Fecha de Vencimiento pesa

Al limpiarse los pies
frente a la Puerta sin Premio
—por todo lo cometido—
antes de entrar y cerrar por dentro

dejando de este lado quemaduras                 
             en brazo y cara
del que encontró las monedas en el fondo del pozo

Las mismas quemaduras
que ahora desconfían de la luz

De esta Luz que pesa

Esta que nadie sabe, si sigue encendida
cuando cierran la puerta del congelador

Sellado al vacío.

 

Algo se mueve
 
                                                               Tienen llave solo hasta mañana
                                                            …antes del desalojo de ayer.

Cuántas ciudades
demora una puerta en despedirse

Cuánto combustible este disparo de apuestas
Donde todo lo que falta apunta al Blanco del día:
a los rastros de caza que el próximo desaparecido
deja al huir, unos años adelante
en dirección de los dados

Ya se borraron los primeros dibujos de la pared
y la anatomía del ridículo no Evade su edad:
cultivos de fiesta Indoor entre la gente
(No conocen los vientos… solo hablan del verano)

Afuera hay culatas de retroceso y Rayados
hechos con hematomas en el hombro del Tirador
Al centro la estatua es sorda a las miradas:
objetos fríos construidos con agua
que nos invitan junto al fuego por primera vez

Algo se mueve y respira en las Estaciones:
abeja muda que grita
en volumen bajo de néctar
Sí… Fíjate en las manos, algo se mueve

Su lanceta se quedó sin municiones
           y empezó a caminar
llamando por su nombre, a cada Arma

A cada una- para preguntar por la escena más
joven donde se cometió el error; por el Paradero
donde cerradura y llaves tienen cita

para su despedida a ciegas.

 

Bolsillo 501  

El paisaje dentro de una habitación cerrada
o de un Vagón repleto, ocupando el mismo espacio
en algún país

es siempre la misma habitación cerrada.

El cliente frecuente de celdas
asecha en negativos los bolsillos del Levi’s

A corta distancia su tacto puede ver y
medir el precio de la clandestinidad
perpetuando el oficio del tahúr o la mantis:
nadie alcanzó a descifrar el plan invisible
escrito en lo profundo de su cara.

Durante la frenada, la ceguera se hace Flash
capturando foto y pobreza De cuerpo entero
de una presa lenta    
ya madura

—La mano interpreta su papel
y permanece en escena
solo hasta el final del acto.

De vuelta en sus Líneas; en el Paradero
          evidencias de barricada
Ajustes de cuenta y Parques en Guerra

secándose a orillas de las pozas
que dejó anoche el vehículo policial

A casi una pedrada de distancia

Sobre el único cactus florecido
—Ese que lleva su nombre—
hay una larva de insecto que predice el futuro

que llega a la vejez
y muere

el día más largo de su vida.

 

 


Víctor Hugo Díaz / Santiago de Chile, 1965. Ha publicado, entre otros, La comarca de senos caídos (1987), Lugares de uso (2000), No tocar (2003), Antología de baja pureza (1987-2013) (2013), Hechiza, poemas anticipados (2015) y Lo puro puesto (2018). En 1988 obtuvo la primera Beca de Creación Taller Pablo Neruda; en 2002, la Beca de Creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. En 2004 ganó el Premio Pablo Neruda en su Centenario, por trayectoria y obra, otorgado por la fundación del mismo nombre.