22 junio, 2020

Respiración branquial

de Melinna Guerrero | Inéditos

La evolución inesperada de los peces ciegos

El puerto era una flor cortada en nuestras manos
José Carlos Becerra

1.
Descendemos
hacia esta parte de la casa en la que todo es silencio,
la que nos recuerda
que esta forma en la que sobrevivimos tiene algo de respiración branquial,
que no hace falta levantarnos de la cama,
pedir algo de comer,
salir a la calle,
dejar atrás esta ciudad bajo el agua,
una ciudad cuyos héroes y contrarios ya no están,
en la que tú me hablas de la vida de quienes vienen a las orillas de las playas,
la muchacha en bikini,
los castillos de arena,
la espuma del mar en Puerto Vallarta
Cristina y su enfado,
sus pocas ganas de nadar,
y su poco esfuerzo por quedarse a tu lado.
Yo cierro tu boca
y te digo que tu condición de molusco está sobre la sábana,
que es mejor no escucharte hablar de algo que ya conozco,
de algo que se parece tanto a una huella en la arena.
Nuestra superficie ahora es la del puerto,
una flor cortada en nuestras manos,
el verso que alguien detrás de la historia,
o de nuestro futuro
escribirá.

2.

Los ahogados son bellos y azules
Christian Peña

Esta noche te cuento que los ahogados son bellos y azules,
y juntos aprendemos el nombre del poeta que escribió este verso.
Tú en cambio piensas en aquellos ahogados que provienen de las piscinas, de cualquier alberca,
las bañeras o la corriente de ciertos ríos.
Tú, por ejemplo, entiendes que el mar de los acuarios
no es menos mar que el Pacífico,
que fue allí donde supiste cuánto duele regresar a la ciudad después de ver una ola como esta
y saber que su altura no es menor a la de un edificio,
a la de un puente,
donde también los ahogados son bellos y azules;
el chico que salta a la seis de la mañana y la hora pico
porque su movimiento, te parece,
tiene algo de nado,
de agua
y de pez ciego.

3.

gota a gota el cuerpo caía / en el charco de Dios
José Carlos Becerra

Ningún ahogado es menos bello, dijiste:
la poeta que no regresó a la orilla de la playa,
el rostro de quien ha decidido hundirse en las profundidades
de una estrecha y pequeña piscina,
el involuntario final de quien ha sido arrastrado por la corriente de cualquier río,
el hombre en el barco que borracho cae,
los dos amantes que saltaron ebrios
gota a gota
en el charco de Dios.

Los ahogados pertenecen a esa clase de belleza
que no es posible colgar en los museos.


Melinna Guerrero / Aguascalientes, 1993. Licenciada en Letras Hispánicas por la UAA. Ha participado en diversas revistas como Sin Embargo, donde ha reseñado libros de arte y literatura, así como Tierra Adentro y Círculo de Poesía. Actualmente es jefa de redacción de la editorial Artes de México.