16 agosto, 2021

A la sombra de las palabras en flor

de León Félix Batista | Reseñas

Paul Guillén, Sombras en demolición (Antología personal 2002-2018), Mantra Ediciones, México, 2020.


Voy a tomar el atajo de comenzar desmenuzando el título, para evitar el método de acercamiento a la realidad de los poemas (es decir, circunvalando el mundo y entrando en él por la puerta trasera): en principio no podemos saber si se trata de sombras que demuelen o de sombras que están siendo demolidas. En cualquiera de estos casos, estamos ante el extrañamiento de atestiguar cómo abstracciones, inconcreción, reflejos, sombras, derriban o están siendo derribadas.

Arribamos al subtítulo solo para descubrir que Sombras en demolición es una antología de libros del poeta Paul Guillén (Perú, 1976) escritos entre 2002 y 2018, de modo que enfrentamos como lectores, de entrada, un proceso inferencial de implicatura pragmática.1 ¿Significará que el poeta, en su alquimia lexical, busca borrar regiones que obstaculizan el fluido luminoso? ¿O es que trata de abatir la supuesta solidez de lo que existe, sin que desaparezca su silueta, es decir, su carácter de entidad? No sabremos la respuesta sin haber entrado al libro.

Una vez dentro, encontramos ciertos rastros. Ya que “La mente no lo es todo”,

        Cuando pongo en blanco
                La mente
          No escribo más

nos dice de entrada Guillén. Esto implica que el poeta asume el acto poético desde la lucidez, desde la claridad, la luz de búsqueda (¿entre las sombras?) del hecho poético. No se precisa de una gran agudeza para descubrir que estamos frente a un caso explícito de contraste de entidades, de búsqueda dialógica.

Metalenguaje para poder dar cuenta de una particular metafísica, en sentido estrictamente literal: una cosa más allá de lo concreto. De ahí esas sombras, que no son manchas, que no son máculas ni tampoco opacidad. Sombras como las que en “Llanto de lagartos” deja el poeta en las orillas antes de sumergirse en el mar y que provocan su salida. No hay nada demolido, pero sí su equivalente: brotado, desbordado. Ese abandono de sombras provoca una crecida insólita: un desmadre del mar, una riada de océano. Por lo que uno alcanza a percibir, no es que sus sombras tengan masa, sino que pueden dislocar a lo que sí la tiene. Igual que la poesía, definitivamente, ese artefacto que luxa el léxico, que descompone lo real recomponiéndolo.

Este poema que cito viene dedicado al poeta horazerista Jorge Pimentel, el mismo alguna vez calificado como “sucesor primordial de César Vallejo”.2 Otro importante miembro de Hora Zero al que Guillén se vincula a profundidad es Enrique Verástegui.3 Guillén fue recibido como una especie de benjamín del grupo, pero resulta imposible afirmar que ha desarrollado su escritura a la sombra de estos grandes poetas. De lo que se trata, más bien, es de su inscripción, su afiliación a ese ramal de ruptura en el que se ha posado durante décadas el pájaro de la poesía peruana, en una asombrosa multiplicación de tentativas, acaso como ninguna otra tradición latinoamericana. Curiosamente los peruanos, pese al peso de Vallejo, no se arredran ni amilanan ante el espesor del autor de Trilce: más bien, por el contrario, continúan trazando paralelas infinitas, como el segundo riel por el que se desplaza una locomotora de inventiva. Y el Movimiento Hora Zero es un ejemplo práctico de esto que acabo de afirmar.

Guillén es uno de esos poetas detonadores, caracterizados por la complejidad propia de la cultura peruana, en el tumulto bien digerido de lenguas originarias, vanguardia y neo-vanguardia, lucha de clases, discursos urbanos y políticos, transbarroquismo, manto mítico y canon. El mismo poeta, en su faceta de ensayista agudo y académico dotado, ha procurado dar cuerpo al fenómeno (proporcionar referente material al inasible teatro de sombra que representa el “Perú integral”). Pero también es mucho más.

Nuestro poeta cosmopolita gravita con su fardo original en otros ámbitos. Cita a Ojeda, pero también a Auden, dedica un texto a Pancorvo a la vez que hace referencia al cine de Eisenstein, lee a Vladimir Holan y caza entre guiones un jabalí pintado, cita al poeta beat Michael McClure e inmediatamente después don Martín Adán.

Ahora bien, ¿de qué modo percibimos lo que Paul Guillén intenta sus lectores exógenos, los no contaminados por el conocimiento previo de sus rastros? Para mí, lo que este libro demuele en realidad es el lenguaje, extrañamente reedificándolo, no importa si en bloques de poesía en prosa o en las líneas inconstantes de aquello que llaman “versos”: los poemas de Guillén, maravillosamente condensados en esta antología, brillan y ebullen como un rascacielos construido con palabras y generando una sombra acogedora en derredor.


1 Implicatura: Se entiende por implicatura una información que el emisor de un mensaje trata de hacer manifiesta a su interlocutor sin expresarla explícitamente. Así pues, la implicatura es un tipo de implicación pragmática, en oposición a las implicaciones lógicas o semánticas, como puede ser la presuposición. El término fue acuñado por H. P. Grice, filósofo americano que elaboró un modelo pragmático de la comunicación. En su teoría, se establece una distinción entre lo que se dice y lo que se comunica. Lo que se dice es el contenido literal expresado en el enunciado. Lo que se comunica es toda la información que se transmite con el enunciado más allá de su contenido proposicional. Se trata por tanto de un contenido implícito y recibe el nombre de implicatura. (Centro Virtual Cervantes; implicatura).

2 Rodolfo Ybarra y Zachary de los Dolores en Hora Zero (óperas primas), Amargord ediciones, Madrid, 2016.

3 El más reciente gesto de este vínculo es el libro Ángel con casaca de cuero: lecturas sobre Enrique Verástegui, de la autoría de Carmen Ollé Nava, Paul Guillén, Yaxkin Melchy, Manuel De J. Jiménez, Héctor Hernández Montecinos, Tania Favela, Carlos Lloró, Alba Fede, Reynaldo Jiménez, Freddy Ayala Plazarte, Erick Sarmiento Fernández, Julio Barco, Raúl Silva y León Félix Batista (Sol Negro, Lima, 2019).


León Félix Batista / Santo Domingo, República Dominicana, 1964. Poeta, ensayista y traductor. Es autor, entre otros, de los poemarios Pseudolibro, Música ósea, Delirium semen, El hedor de lo real en la nariz imaginaria y Próximo pasado. Su obra ha merecido diversos premios, entre ellos el Casa de Teatro, el Emilio Prud’Homme y el de la Universidad Central del Este.