30 agosto, 2021

Ese corazón en donde nada brilla. Tres poemas franceses

de Fernando Pessoa | Traducciones

Presentación y versiones de Fabián Espejel.

 
Un heterónimo es la traducción de un yo ficticio a la escritura. En febrero de 1845, Edgar Allan Poe publicó su famoso poema “The Raven” bajo el pseudónimo Quarles. Fernando Pessoa lo tradujo en 1924 bajo el título de “O corvo”, considerada una de las mejores traducciones del texto. ¿Podríamos pensar esta versión al portugués como la obra de un autor distinto, nostálgico del romanticismo oscuro? ¿Traducir no es de alguna manera descubrir heterónimos ajenos y propios?

Pienso en los estudios sobre cómo cambia la personalidad al momento de hablar otro idioma. Pessoa nació en Lisboa y creció en Sudáfrica —donde además aprendió francés—. Escribió sus primeros textos en inglés, y fue tal su familiaridad con ese idioma que su ensayo sobre las supersticiones comunes ganó el Queen Victoria Memorial Prize en 1903. Cobra sentido, entonces, que Pessoa, o poeta fingidor, tuviera la asombrosa facilidad de crear más de cien heterónimos.

De vuelta en Portugal, solo publicó cinco libros en vida; cuatro de ellos escritos en inglés. Sin embargo, antes que Camus con el francés, declaró —por boca de Bernardo Soares— que su patria era la língua portuguesa. Quizá por eso los heterónimos menos leídos sean los que escribieron en otros idiomas. Baste mencionar a los más famosos: el Chevalier de Pas —el primero que inventó siendo niño—, Alexander Search y Jean Seul de Méluret, cuya autoría de varios poemas en francés sigue siendo objeto de debate, pues no aparecen firmados.

Sí se sabe, en cambio, que el Pessoa ortónimo escribió literalmente hasta poco antes de morir, el 30 de noviembre de 1935. Su último poema está fechado días antes. Evidentemente, los heterónimos también siguieron escribiendo; Pessoa escribió unos cuantos poemas en inglés y francés el 22 de noviembre. Fue hasta 1960 que la poeta e investigadora portuguesa Maria Aliete Galhoz dio a conocer la poesía francesa de Pessoa en su clásica edición de la Obra poética, con los tres poemas que a continuación se traducen.

De ellos, solo uno —“Trois chansons mortes”— fue publicado en vida del autor y firmado por él. Apareció en la revista Contemporânea el 7 de enero de 1923. Galhoz señala la reminiscencia simbolista e impresionista de estos textos y la influencia de Baudelaire y Mallarmé, que lo aleja del clásico Reis, el apasionado Campos o el pagano Caeiro, y lo acerca al Pessoa ele-mesmo. Tal vez pensó en firmar estos poemas como Ferdinand Personne, el heterónimo que inventó para él su novia Ofélia Queiroz.

Ángel Crespo (Revista de Occidente, 1989) y Valeria Joubert (Diario de Poesía, 1994) tradujeron estos poemas al español. El trabajo de Joubert fue de gran utilidad para encontrar mis propias soluciones. Prescindí de la métrica y las imperturbables rimas que emplea el autor por las dificultades que implicaba conservalas. Estas versiones no hubieran sucedido sin Eduardo Langagne, pessoano de coração, quien generosamente me compartió el trabajo de Galhoz y sugirió una traducción de los poemas franceses de Pessoa. Muito obrigado.

—Fabián Espejel

 
 
Tres canciones muertas

                                    I

Eres bella: y te quieren.
Eres joven: te sonríen.
Si algún amor pudiera abrirse
en ese corazón en donde nada brilla.

Esta sonrisa de mi tristeza
se volvería, reflejo lejano,
hacia el oro cenizo de tu trenza,
hacia el pálido mástil de tu mano.

Mas solo hago esta sonrisa
que duerme al fondo de mis ojos —
lago frío que, cuando te veo reír,
olvido en un destello alegre.

                                    II

Tuve un sueño. El alba
no pudo levantar
de su vestido fresco
mi dormir ligero.

En vano toda sombra
arrojó su negrura.
Mi corazón es más sombrío.
Ocurría en mi corazón.

Murió. Yo existo
por lo que me ocurrió.
¿Qué? Por eso estoy más triste…
Ah, un sueño apagado

hacía el tiempo breve
y a mi corazón menos cansado…
¿Qué sueño era este?
No lo sé.

                                    III

¿Y si me amas un poco? No por amor,
sino por sueño…
Una pizca apenas… El amor que se logra
es pesado.

Haz conmigo alguien que te ame,
no este que soy.
Cuando el sueño es bello, incluso el día
sonríe.

Que sea infeliz o feo —es sombra…
Para que sientas
fresco el día, te hago esta oscura
estancia.

 
Trois chansons mortes

                                   I

Vous êtes belle: on vous adore.
Vous êtes jeune: on vous sourit.
Si un amour pourrait éclore
Dans ce cœur où rien ne luit.

Ce sourire de ma tristesse
Se tournerait, reflet lointain,
Vers l’or cendré de votre tresse,
Vers le blanc mat de votre main.

Mais je n’en fais que ce sourire
Qui sommeille au fond de mes yeux —
Lac froid qui, en vous voyant rire,
S’oublie en un reflet joyeux.

                                   II

J’eus un rêve. L’aube
N’a pu soulever
Du frais de sa robe
Mon sommeil léger.

En vain toute l’ombre
Jettait sa noirceur.
Mon cœur est plus sombre.
C’était dans mon coeur.

Il est mort. J’existe
Par ce qui m’en vint.
Quoi? J’en suis plus triste…
Ah, ce rêve éteint

Faisait l’heure brève
Et mon cœur moins las…
Quel était ce rêve?
Je ne le sais pas.

                                   III

Si vous m’aimiez un peu? Par rêve,
Non par amour…
Un rien… L’amour que l’on achève

Est lourd.

Faites de moi un qui vous aime,
Pas qui je suis…
Quand le rêve est beau, le jour même
Sourit.

Que je sois triste ou laid — c’est l’ombre…
Pour que le jour
Vous soit frais, je vous fais ce sombre

Séjour.

 

En el postigo cerrado de tu sueño feliz
deja mi alma su lamento hacia las noches

El crepúsculo es tibio en las entrañas de un lamento,
ocioso, como un chorro de agua que se inclina en el viento,
en mi corazón se crea una tarde ficticia y lenta
hecha con la concesión arqueada sobre los más negros reflejos.

Tu voz ocupa, poco a poco, somnolencias,
espacios ignorados entre los átomos del tiempo,
y sin averiguar de qué lado se llora
el follaje adormilado rumia demencias.

Toda criatura se cierra como un cofrecillo de marfil,
cualquier instante cae como hoja muerta,
pronto no tendré más ríos en que beber
la ebriedad cuya idea como una brisa me lleva.

Y sacudiéndose un aliento tibio pone
bajorrelieves de ensueño en la espera del tiempo.
Pronto habremos llorado nuestro llanto. Mis lamentos
como un sonido agotándose en el aire extinto mueren.

Hermana, ya es muy tarde. Siempre es demasiado tarde.
El aire ha levantado el trigo entre mis sueños.
Pon tus manos sobre mi corazón cansado. Late y el arte
de dolerse se vuelve débil en mi breve espera.

Sonríe por tus pies desnudos un claro momento puestos
sobre las rocas del muelle. Será el epíteto
que Dios habrá encontrado para tu cuerpo ácido
en el palacio de nuestra hora enamorada del fracaso.

Me acuerdo. Fue a la orilla del río negro.
Los cisnes habían huido hacia los ojos de otros.
Esta fue nuestra actitud de apóstol, triste,
que extravió su fe en los sueños de la tarde.

Estabas toda bajo la sombra. Un órgano cansado
lloraba atrás de este paisaje interrumpido.
Nos mirábamos en la sombra donde Dios calló.
Y del ruido solo quedaba la fuga de unos pasos

hacia la muerte, y en la sombra sonando todo el tiempo más bajo.

18-6-1915

 
Aux volets clos de votre rêve épanoui
Laisse mon âme avoir son regret vers les nuits

Le crépuscule est tiède au cœur de nos regrets,
Oisif, comme un jet d’eau incliné dans le vent,
Il se fait dans mon cœur un soir fictif et lent
Fait de l’octroi courbé sur les plus noirs reflets.

Ta voix occupe, peu à peu, les somnolences,
Espaces inconnus entre les atomes de l’heure,
Et sans que nous sachions de quel côté l’on pleure
Le feuillage en torpeur rumine des démences.

Tout être est clos ainsi qu’un coffret de ivoire,
Tout moment tombe comme feuille morte,
Bientôt je n’aurai plus de rivières où boire
L’ivresse dont l’idée comme une brise m’emporte.

Par saccades un souffle attiédi met
Des bas-reliefs de rêve aux attentes de l’heure.
Nous aurons bientôt fait de nos pleurs. Mes regrets
Comme un son finissant dans l’air éteint meurent.

Ma sœur, il est trop tard. Il est toujours trop tard.
Le vent a soulevé les blés parmi mes rêves.
Portez vos mains sur mon cœur las. Il bat et l’art
De se plaindre s’affaiblit à mon attente brève.

Souriez de vos pieds nus posés un moment lucide
Sur les pierres du quai. Ce sera l’épithète
Que Dieu aura trouvé pour votre corps acide
Au palais de notre heure éprise de défaite.

Je me souviens. C’était au bord du fleuve noir.
Les cygnes avaient fui vers des regards des autres.
Notre attitude était celle, triste, d’apôtres
Qui ont perdu leur foi dans les rêves du soir.

Vous étiez tout(e) mise à l’ombre. Un orgue las
Pleurait derrière le paysage interrompu.
Nous nous regardions dans l’ombre où Dieu s’est tu.
Et il n’y avait de bruit qu’une fuite de pas


Vers la mort, et dans l’ombre sonnant toujours plus bas.

18-6-1915

 

La sonrisa de tus ojos azules,
güera mía.

Sueño, ausente de ese beso
donde empieza
mi pecho, una esperanza leve
que nada se atreve a esperar,
güera mía.

Pudiera ser que en otro turno
o vuelta
tú me ames, y un solo día
un solo beso, hará todo el amor,
güera mía.

No me interesan estos cielos
del mundo
sino porque estos cielos son azules
y me hacen soñar tus bellos ojos,
güera mía.

La luz, en la que el oro riente
me inunda,
no sirve más que para hacerme fiel
al oro de tu pelo brillante,
güera mía.

Ah, sé muy bien que cualquier destino
me gruñe.
Mas, ¿qué hacer? Te amo tanto
con mi amor siempre lejano.
Déjame decírtelo en vano,
güera mía.

22-11-1935

 
Le sourire de tes yeux bleus,
Ma blonde.

Je rêve, absent de ce baiser
Où fonde
Mon cœur, un espoir si léger
Qu’il n’ose rien espérer,
Ma blonde.

Peut-être dans un autre tour
Ou ronde
Tu m’aimeras, et rien qu’un jour,
Qu’un baiser, fera tout l’amour,
Ma blonde.

Je n’ai que faire de ces cieux
Du monde
Que parce que les cieux sont bleus
Et font rêver de tes beaux yeux,
Ma blonde.

La lumière, dont l’or riant
M’innonde,
Ne sert qu’à me faire constant
À l’or de tes cheveux brillants,
Ma blonde.

Oh, je sais bien que tout destin
Me gronde.
Mais qu’y faire? Je t’aime bien
De mon amour toujours lointain.
Laisse-moi te le dire en vain,
Ma blonde.

22-11-1935

Fernando Pessoa / Lisboa, Portugal, 1888 – 1935. Poeta, narrador y traductor. Fue uno de los grandes poetas del siglo XX, autor de una vasta y diversa obra, que incluye cuento, ensayo, teatro y aforismo. Firmó poemas con más de setenta heterónimos distintos. Entre sus obras principales se cuentan El guardador de rebaños, Mensaje y El libro del desasosiego.


Fabián Espejel / Ciudad de México, 1995. Poeta, traductor y ensayista. Estudió Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Fue becario de verano de la FLM-UV en 2017. Es colaborador permanente de la revista electrónica Página Salmón. Sus textos han sido publicados en revistas mexicanas y latinoamericanas.