17 agosto, 2020

Una voz sin tretas. Antología personal

de Rafael Cadenas | Dossier, Rescates

A continuación presentamos una breve y sustanciosa antología personal de Rafael Cadenas, especialmente preparada por él para este dossier en homenaje suyo.

Agradecemos al poeta venezolano y a su colega, Arturo Gutiérrez Plaza, la generosidad de esta muestra poética.

—La redacción

 

You

Tú apareces,
tú te desnudas,
tú entras en la luz,
tú despiertas los colores,
tú coronas las aguas,
tú comienzas a recorrer el tiempo como un licor,
tú rematas la más cegadora de las orillas,
tú predicas si el mundo seguirá o va a caer,
tú conjuras la tierra para que acompase tu ritmo a tu lentitud de lava,
tú reinas en el centro de esta conflagración
y del primero
al séptimo día
tu cuerpo es un arrogante
                                       palacio
donde vive
                   el
                       temblor.

(de Una isla)

 

 

Mi pequeño gimnasio

Consta de una almohadilla que golpeo con acompañamiento musical.
   Un saco de arena donde descargo todo el peso de la calle.
   Una esterilla para hacer contorsiones que producen olvido.
   Un hueco en triángulo donde me oculto para no ver.
   Una cuerda donde me castigo por toda la prudencia del día.
   Un artefacto en forma de O en el que me doblo para evitar los reclamos de mi conciencia.
   Una barra horizontal sobre la cual me río de mis intenciones.
   Una tabla donde doy golpes innecesarios que podrían estar mejor dirigidos.
   Un pequeño extensor de idiota que me estira por todos los frutos que no tomé, los actos que no hice, las palabras que no me atreví a decir.
   Una soga donde extorsiono mi brazo derecho por todas mis indecisiones, olvidos, cambios.
   El resto lo compone el ajuar ordinario de todo deportista. Los ejercicios son efectuados en la oscuridad. Por vergüenza no admito espectadores. (El descontento sordo, por otra parte, ahogaría al que osara entrar.)
   Soy de todas maneras un aprendiz. No he podido alcanzar mis rodillas con la frente, todavía me es imposible arquearme hacia atrás hasta tocar el suelo, tampoco logro pararme sobre las manos.
   Algunas veces el exceso de pesadez me vuelve ridículo. (Me recuerdo en lamentables posiciones y siento dolor.) A pesar de mis esfuerzos sigo siendo carnal, rudo, indisciplinado.
   En el fondo los ejercicios están enderezados a hacer de mí un hombre racional, que viva con precisión y burle los laberintos. En clave, persiguen mi transformación en Hombre Número Tal. Llanamente y en mi intimidad, espero con ellos dejar de ser absurdo.

 

Fracaso

Cuanto he tomado por victoria es sólo humo.

Fracaso, lenguaje del fondo, pista de otro espacio más exigente, difícil de entreleer es tu letra

Cuando ponías tu marca en mi frente, jamás pensé en el mensaje que traías, más precioso que todos los      triunfos.
Tu llameante rostro me ha perseguido y yo no supe que era para salvarme.
Por mi bien me has relegado a los rincones, me negaste fáciles éxitos, me has quitado salidas.
Era a mí a quien querías defender no otorgándome brillo.
De puro amor por mí has manejado el vacío que tantas noches me ha hecho hablar afiebrado a una ausente.
Por protegerme cediste el paso a otros, has hecho que una mujer prefiera a alguien más resuelto, me      desplazaste de oficios suicidas.

Tú siempre has venido al quite.

Sí, tu cuerpo llagado, escupido, odioso, me ha recibido en mi más pura forma para entregarme a la nitidez del      desierto.
Por locura te maldije, te he maltratado, blasfemé contra ti.

Tú no existes.
Has sido inventado por la delirante soberbia.

¡Cuánto te debo!
Me levantaste a un nuevo rango limpiándome con una esponja áspera, lanzándome a mi verdadero campo de      batalla, cediéndome las armas que el triunfo abandona.
Me has conducido de la mano a la única mano que me refleja.
Por ti yo no conozco la angustia de representar un papel, mantenerme a la fuerza en un escalón, trepar con      esfuerzos propios, reñir por jerarquías, inflarme hasta reventar.
Me has hecho humilde, silencioso y rebelde.
Yo no te canto por lo que eres, sino por lo que no me has dejado ser. Por no darme otra vida. Por haberme      ceñido.

Me has brindado sólo desnudez.

Cierto que me enseñaste con dureza ¡y tú mismo traías el cauterio!, pero también me diste la alegría de no      temerte.

Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa.
Gracias a ti que me has privado de hinchazones.
Gracias por la riqueza a que me has obligado.
Gracias por construir con barro mi morada.
Gracias por apartarme.
Gracias.

(de Falsas maniobras)

 

 

Realidad

Tuve que disentir,
ocultarme,
desaparecer.

Tuve
que ser una disonancia.

Tuve que dejarme ir
a la deriva
sin explicar.

Tuve que esconder
el rostro,
volverme
huidizo,
callar, acallar
(cuando acaso era útil
una simple aclaración).

Se me juzgaba con ley de hombre
pero nunca fui interrogado.

Todo
fue por ti,
y no te he visto.

 

Ars poética

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aunque sean aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa. Te lo      agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

(de Intemperie)
 

 

Historia

Abro la ventana y veo un ejército que recoge sus víctimas. Espectros que llevan en sus brazos espectros, y adonde camino descubro sus bocas. La penuria de sus trajes no es nada frente a la de sus ojos, y al pus del heroísmo, ¿qué decir de todo eso? Cuerpos transparentes al sol, con tejido de fantasmas. Si olvido, aún sé que siguen recogiendo víctimas —apenas comienzan— y no hay fin, durará hasta la noche y todas las noches y mañana y pasado mañana y después y siempre. Dentro, cinco, nueve, cincuenta, doscientos años abriré nuevamente la ventana y la escena no habrá variado. Los espectros serán los mismos otros, pero ella no se alterará no habrá modificación, una corrección de última hora.

 

(De Memorial)




Lo guiaste
fuera del país
donde vegetaba,
el país de la pureza,
el país de la detención,
pero después tenía que seguir solo,
                                                                 tanteando.
No había otra manera de volverte a encontrar.

 

 

Al que apenas
vive
le está vedado
tomar la palabra
en esta reunión.
Es carne de urbe,
de historia,
de fin.
Le toca la parte recia
del trabajo.
Desde un apartamento
de suburbio
ve pasar los días
como cortinas que se abren
sobre tierras devastadas.
No puede sentarse
junto a los otros.
Su vino es pobre,
pero también agradece,
también acata,
también entreoye,
y no espera,
le basta
este sorbo
de existencia
que manos inalcanzables
llevan a su boca.
El misterio es suficiente;
lo hechiza,
y humilde ante él
balbuce a diario
las palabras que otro realza
en honor de ella
y del amante.

Solo quiere
una voz
sin tretas.

 

No sé quién es
el que ama
o el que escribe
o el que observa.
A veces
entre ellos
se establece, al borde,
un comercio extraño
que los hace indistinguibles.
Conversación
de sombras
que se intercambian.
Cuchichean,
riñen,
se reconcilian,
y cuando cesa el murmullo
se juntan
se vacían,
se apagan.
Entonces toda afirmación
termina.
Tal vez
al más pobre
le esté destinado
el don excelente: permitir.

(de Amante)

 

 

Las paces

Lleguemos a un acuerdo, poema.
Ya no te forzaré a decir lo que no quieres
ni tú te resistirás tanto a lo que deseo.
Hemos forcejeado mucho.
¿Para qué este empeño en hacerte a mi imagen
cuando sabes cosas que no sospecho?
Líbrate ya de mí.
Huye sin mirar atrás.
Sálvate antes de que sea tarde.
Pues siempre me rebasas,
sabes decir lo que te impulsa
y yo no,
porque eres más que tú mismo,
y yo sólo soy el que trata de reconocerse en ti.
Tengo la extensión de mi deseo
y tú no tienes ninguno,
sólo avanzas hacia donde te diriges
sin mirar la mano que mueves
y cree poseerte cuando te siente brotar de ella
como una sustancia que se erige.
Imponle tu curso al que escribe, él
sólo sabe ocultarse,
cubrir la novedad, empobrecerse.
Lo que muestra es una reiteración
cansada.

Poema,
apártame de ti.

 

 

Ella

Me mira mientras divago
entre vacilantes manuscritos
que no se apagan,
ruinas de frases,
malqueridos vocablos,
palabras rehuidas,
aforismos
            poemas
                        notas,
vestigios, un parvo
silo de letras,
anhelantes residuos
de una andanza
en descampado
a los que visito
en busca de hospedaje.

 

De todas maneras

Memoria apoderada del instante,
memoria que tiñes lo naciente,
memoria que te enseñoreas del vivir,
memoria alimentada con la eternidad
                                                                    que no era para ti,
tú me has creado,
no podré sostenerme sin tu peso,
pero me secuestras, tus rejas se extienden
                                                                    por mi cuerpo, no me dejas salir,
eres mi límite.

Necesito una cara para andar
entre la gente y es tuya.

Contigo no hay nada.

Sin ti no soy nada.

 

 

Epitalamio

                A una pareja

Tú y ella unísonos, y a la escucha,
tú y ella radicados en el instante,
tú y ella realizados por el misterio,
tú y ella llevando una antigüedad repentina,
tú y ella de vuelta al lugar que los aúna,
suplican al tiempo que no entre donde viven.
 

 

(de Sobre abierto)


Rafael Cadenas / Barquismeto, Venezuela, 1930. Es uno de los más grandes poetas de la actualidad en lengua española. Autor de más de una veintena de libros, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Venezuela (1985), la Beca Guggenheim (1986), el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2009) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2018), entre otros.