3 agosto, 2020

Los ayes del yo

de Eduardo Espina | Inéditos

Algo que andaba por ahí, ahora está aquí
(Uno de los avatares desde todo punto de vista)

La intemperie completa las cartas de Louis XVI,
la lluvia nocturna es a medida del agua en gotas.
A las sílabas les sucedían cosas y pocos, como Él,
monarca para ignorarlas: su tiempo se aposenta,
marcha con ojillos de acullá camino al matadero.
En el de Echevarría rodaba rumbo a una sangre la
visible región del vecindario, en este, nada faltaba.
De ahí no lo sacarían tan quieto, aunque esa vez sí.
A los muertos los sacan de donde dejaron de estar,
y en la escena del adiós una diosa podía tomar sopa.
Por saber decirlas las frases salían a ser como esas,
ante la duda en veremos fueron de menos a nada a
nombrar al alma del amo a un lado de la montaña.
“Franceses, y sobre todo parisinos, volved a
vuestro rey; él será siempre vuestro padre,
vuestro mejor amigo”.1 Fue la Carta su Obra
(yo les hubiera dicho, “cómo poder ayudarlos
si no estoy, cómo hacer que las cosas ocurran”),
su buena forma de poner el desorden a pensar.
Sin querer calmó el cante jondo ante la muerte
cuan gato llegado al degolladero por su cuenta.
A la lengua le devolvió el silencio de los que no
saben cómo seguir a las sílabas a todas partes.
No tan lejos, un aroma a torería, a matador de
reses con su corona por el piso, halló a su rey
rendido. Mañana cuando sean ya mil años en
el mismo meollo, hará la guillotina olvidar al
faisán de la reina muerta en tela de juicio, a la
madame de cuyos labios pudo oírse ¡un grito!
El ayer horroriza a las razas ahora de siempre.
A su cuerpo lo sacaron lívido del frigorífico, la
inocencia salió de la helada cámara para darse 
una ducha, adquirió sin querer una condición
de soledad disimulada por el simple hecho de
“haber estado” a tientas, sin cambiar de tema.
Para la luz en penumbra, ni la nieve al caer de
la libido valió la pena de las palabras añadidas
al año de morir, enamorado, “del vocabulario”.
Rey concebido para ser al alba el vulgar cebo
de la revolución y de un sueño en tiempo real.
Fue a cada noche en la niebla su vida viajando
sonámbula con un bulto involuntario a cuestas.
¿O es que viva huía a donde la vieron viéndose
al espejo con los mismos ojos antes de ver todo?
Con un ruido a cabeza cayendo al piso en picada,
la banda sonora incluyó los ayes del yo al sentir
la timidez del verdugo que no hizo bien a nadie.
De vuelta al lote maldito, sonó en el filo un rey,
arrepentido, de haber perdido el tiempo de pie.

 

Ver a Venus adormecida en una pared
(Un dormitorio en el Museo de Bellas Artes de Amberes) 2

Iguales al ser haciendo caso a lo que es por dejar
a la belleza del cielo acompañada, en “El sueño de
Venus”, de Jacob Jordaens I, están para sí como si
fueran augurios a los que les prestaron la realidad
del visitante a desconocer entre los más naturales.
Son almas, una a modo que debió alguien saberlo,
almas límites actuando bajo efectos, animándose a
mirar porque la mano al abrir la ventana es manca.
Y ellas, bajo sospecha, creyendo a ciencia cierta en
la hora actual de la persona cuya perspectiva será
similar apenas siguiera habiendo una humanidad
a la cual creerle, un ángel de capa caída con quien
conversar mientras por fuera hacía el gran intento,
tocaba el botón donde el tono era la región ajena al
lenguaje, al paso del pensamiento pidiendo perdón.
En su mano tiene Venus un palo llevadero partido
al medio para hacerle cosquillas a la música plana.
La raya del culo al ocultarse le preocupa “cada vez”
menos, nada podría darle de comer, hacerla igual a
la raya del gol donde cruza el balón menos pensado,
pero es una dama, mostrenca en cuyo cráneo creara.
Viene tal nereida desde Flandes a quedarse tranquila,
atraída a las ideas de unas cuantas lápidas separadas.
Por más que haga planes, la muerte es para cada uno.
Con vulva virreinal en miniatura anuncia la peregrina
racha del anisete con una desfachatez de hace mucho,
a su vez, una sombra incondicional continúa estando
cerca, comparada para el acto de saber cómo hacerlo.
A menos velocidad, Venus inicia el safari de la lengua
triste de trotar tanto de un lado a otro con el orto roto,
en síntesis, algo leve le pasa por poner alegre al logos
con ganas de haber logrado un grado de temperatura.
O dirá la Belleza la verdad ¿por mirar virgos erguidos,
le dirá adiós a los deseos de la doncella con diferente
etimología elogiando los días, dueños de su duración?
Sin irse ni ser uno solo, los ojos piensan en panoramas
muertos de antemano al mirar con calma las monedas
amotinadas al alba más bien, después de haber podido.

 

Y del ruido nacional, ¿qué me pueden decir?
(Las palabras aprenden del pelo largo)

Vino el cacareo de carambola y alguien preguntó,
¿a quién pertenece? El gallo seglar, cada gallina en
agua de otras borrajas dijo borrón y cuenta nueva.
Para el desvarío debió ser desempate, tal como los
objetivos son del rijoso con paramento de amante,
aunque la foto tendría más gente joven en la vejez.
Frailes y hermafroditas, garzos y enanos fraternos,
iban al montón tomados de la mano, iban, además,
al baño para añadir un pelo al jopo en la polvareda.
A ese paso, el silbido de las sibilas serviría a todos,
tanto les daba una vaca acalorada como el cangrejo
agradecido pues el sonido de su río seguía de largo.
Era una buena calenda para no dejar de morir hace
poco, era en parte una época pingüe para apurar la
velocidad del sabor cuando los huevos salen poché.
Vaya gallinácea por huir del sartén, la tal cisplatina
de las llamadas ponedoras, porque ponen uno aun
incluido en algún desayuno incapaz de pensar mal.
Entre cálamos aglomerados más que animal moral,
tuvo el momento que ver con el silencio desoído en
castellano llamando al habla para decirle “ven ya” a
las palabras que por algo, siguen sin tener nombre.

 

Qué fácil se hace pensar cuanto antes
(Un poema escrito a la misma velocidad)

La hilacha convertida en cuanto antes, fue la ropa del chofer desnudo.
Así lo encontraron dentro del ataúd con la bombilla metida en la boca.
Afuera había una bici que por poco en una época de carnaval fue suya.
En esa ochava según algunos dijeron, habrían pasado cosas que acaso
no, o más bien, callar hasta encontrar un trébol tras la arboleda donde
la suerte siente pasión, algo cuando más bien ocurre al quedar abierto
el libro a partir del cual, la curiosidad cuenta cómo hizo para quererlo
con ese olor. La cantidad de quietud hasta aquí se mantuvo a tono con
la quincena que llevaría leer la Ilíada en lituano, claro está, en caso de
ser posible porque, si no sería una de las ilusiones nacidas sacando de
apuros al escenario asumido antes de tiempo al cual palpan con mano
lógica, andrógina por haber venido a dar vuelta la página en cada hoja.
Al imaginar las navajas celebraban el asesinato de la persona correcta.
Una entre varias, acostumbrada al colmo de terminar la noche a solas.
Primero lo hacen, luego seguían de largo hasta encontrar al personaje.
En una de las tantas, la interpretación se olvida si el drama tiene final
y las formas a salir del significado eran las del nombre libre, o difunto.

 

De una voz por todas
(Homenaje al mensaje que viene en camino)

Indómito es el motivo de lo mínimo una vez, del as a la par del azar
a cuya vida dieran los sentimientos cabida porque si no, quién sabe.
La perplejidad es una cosa, y la causa acerca de la cual en el cuerpo
otra, algo que por amor al orden habrán los seres conocido al decir
“solo sé que no sé nada”, aunque sabía, hasta cuándo la antigüedad
con el paso de los meses sería sombra en la arena viajando de atrás
hacia las horas hasta hoy, total, nada de cuanto acontece podrá ser
para siempre como fue de otra forma, pero eso, a nadie le importa.

 
 
* Los poemas que aquí se incluyen pertenecen al libro inédito Mañana la mente puede.


1 Louis XVI (1754-1793) fue el último rey de Francia antes de la caída de la monarquía durante la Revolución Francesa. Por consiguiente, su última carta es la última carta monárquica escrita en ese país. En la posdata de su reinado pasó de ser “Rey de Francia y de Navarra”, a convertirse en “Rey de los franceses”, denominación que le duró poco, apenas entre el 4 de septiembre de 1791 y el 21 de septiembre de 1792, fecha en que fue abolida la monarquía. Lo guillotinaron el 21 de enero de 1793, pasadas las 10 de la mañana. Su última carta, en la que dice adiós a muchas cosas, tiene una extensión de 16 páginas tamaño cuartilla y está firmada “Louis”. La eliminación del “XVI” de nada le sirvió para salvar su vida.

2 Donde dice (Un dormitorio en el Museo de Bellas Artes de Amberes), debería decir (Un dormitorio en el Museo de Bellas Artes de Amberes donde nunca estuve).


Eduardo Espina / Montevideo, Uruguay, 1954. Sus más recientes libros son La imaginación invisible. Antología 1982-2015 (poesía, Seix Barral, 2015) y Tsurnamis. Vol. 1. (ensayos, Mansalva, 2017). Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, alemán, holandés, albanés, chino y croata. Está incluido en más de 40 antologías de poesía. Sobre su obra poética y ensayística se han escrito tesis doctorales y artículos académicos. En 1980 fue el primer escritor uruguayo invitado al prestigioso International Writing Program de la Universidad de Iowa. Desde entonces radica en Estados Unidos. En 2011 obtuvo la beca Guggenheim.