7 febrero, 2022

ocúpate de tu cuerpo mientras puedas

de Valeria Román Marroquín | Inéditos

regina a dieta
(a partir de angélica freitas)

i.

escúchame, bárbara, todo este tiempo
me sentí tan mal: cierto es eso que dicen
célebremente los transeúntes ¿sabes?
ciento setenta y seis es una pésima cifra
en libras para justificar las dimensiones
que se ocupan a existir: se ceden asientos
en los espacios públicos y para eso ya no
se encuentra presupuesto municipal, no
encuentras nada en las arcas del distrito
más que sonrisas piadosas y una gran
grandísima vergüenza. otra forma de decir
“mira, estás gordísima, enorme, regina,
tendrías que hacer algo al respecto”; así,
bárbara, comprendes que las proporciones
en ningún caso son cosa menor. acosada
por la policía de las escalas, grasa y várices
atraviesan el retail de las tallas extra. así,
bárbara, me encontré incómoda y desagradable
en un vestido que en lo absoluto holgaba mi defecto.
“estás gordísima, regina”, me dijo mi madre, y con ella
mis progenitoras en coro me dijeron “estás gordísima,
te ves terrible, las texturas no te sientan bien”, y con ellas
me dije “estás gordísima, te ves terrible, las texturas no
te sientan nada bien, regina, basta de carbohidratos”.
así, llega la sugerencia de tomar el espacio: —mi espacio—
una talla mayor. este retail en silencio, y yo, bárbara,
me sentía mal, muy pero muy mal. además, muy pero
muy moderna: sospecho que es trágico en un sentido
contemporáneo que la tela deje de ceder, ¿conclusiones?
“regina, habría que hacer algo al respecto”. eso me dije.

gordísima, por supuesto, pero jamás cobarde,
hice algo al respecto —¡no más carbohidratos!—,
y ese mismo día, bárbara,
me puse a dieta.

ii.

formarse en el expertise de las ensaladas de col,
las deficiencias calóricas y los desbalances proteicos,
bárbara, es el primer paso cuando se hace algo al respecto.
tiempo atrás me dijeron, y esto es importante, “ocúpate
de tu cuerpo mientras puedas, regina”. entonces me
deshice de los excesos y me dije, orgullosa, “habría
que sancochar los vegetales”. “habría que abandonar
el confort de los azúcares refinados”. ayunar así,
poseer control: no hay mayor satisfacción, bárbara.
intercambié así de las galletas idénticas una tras otra
esta insípida costumbre contable: rollos, lonjas y pescuezos;
metros, centímetros y pulgadas. proporciones, bárbara.
me ocupé de recortar la pulpa del pan. traté de olvidar el arroz.
todo esto es una lista de cosas convenientes, pero olvidarse
del arroz es inhumano: piensas en los arrozales silvestres
—luego en los campos de espárragos, en el cultivo de arándanos
en el ganado para hamburguesas; todo esto se consume, todo
esto es apetito de destrucción—, piensas en la economía
de los países asiáticos menores y las naciones estimuladas
por la deuda, aunque sus campos no te alimenten en lo absoluto;
piensas en los niveles de desnutrición mundial y tanta gente
que no puede comer habiendo muchísima comida, poblaciones
enteras, y tú que tienes tanta hambre —pero mira todo lo que has
tragado en todo este tiempo, enorme tiempo—. te sientes tan mal
porque la culpa es cosa complicada de digerir. porque,
en otras palabras, eres exceso, ocupas demasiado.
me entiendes, ahora quisiera encogerme a la vista
del espacio público y los retails extra extra extra. no más
comentarios sobre el asunto. ahora quisiera roer una galleta
yo sola, quisiera un kleenex, bárbara, un pañuelo ahora.
y es que no es posible olvidar el arroz, el pan así nomás
—no tienes idea de lo que es eso— no se puede, no haces
otra cosa que sentirte tan mal, muy pero muy mal.

iii.

el yogurt griego, divino. versátil y ultra biótico. lo utilizas
en aderezos junto a los granos y los vegetales y las carnes
magras y los frutos de bajo contenido calórico: alto contenido
de fibras y proteínas, aproximadamente dieciséis % de su
composición. esto lo leí en un artículo de la edición junio-agosto
2019 de la revista Cosmopolitan, «¿Por qué incluir yogurt griego
en tu dieta? +3 recetas», sección “salud”, pero también sección
“belleza”, y por qué no sección “amor y sexo”, sección
“actualidad”, sección “política internacional”, sección “hogar”,
sección “astrología”. habría que contar con perspectiva para
dar cuenta que las secciones son idénticas, en el fondo todas
dicen lo mismo: “olvídate de la celulitis”. los artículos en la revista
Cosmopolitan te dicen “olvídate de las estrías”, y el olvido
puede entenderse bien como conciliación con la existencia
física de arrugas y estrías, o bien como su supresión material.
lo primero es un cliché, lo otro es el corazón de la revista
Cosmopolitan —cosa práctica, sensible—: deshaceros de lo incómodo.
deshaceros de los cuerpos: preservemos la figura. en la página
siguiente encuentras siete recetas distintas y mediterráneas
de batidos détox. entonces la respuesta se hace evidente,
bárbara. al menos, tres de estos jugos son verdes, y la mayoría
lleva al menos 100 gr de yogurt griego —alto contenido proteico
en una porción, milagro de los intercambios turcos—. espinacas
diminutivas y beterragas trozadas contra las cuchillas del licuador:
el sabor en el momento suele ser terrible. las promesas de los batidos
détox también suelen ser terribles. ingesta con disgusto, mi apetito
se clausura: a tajos mi espacio se reduce, y esto, me dicen,
es deseable. milagros de los productos descremados e historias
de éxito: en portada bajó 21 kilos y su vida dio una vuelta de 360°
con este sencillo truco no pain all gain. yo bajé 21 kilos,
yo tuve voluntad de ser estricta y deseable. yo preparé
el zumo mágico, yo reemplacé las harinas, yo suprimí
los lípidos, yo corrí 5 km y nadé sin saber nadar en la piscina
municipal día tras día. yo temblé ante la idea del alimento
post-atardecer. yo hice del dolor accesorio de temporada
y crema reductora, 2 en 1. yo hice algo al respecto y en los
corredores todavía me ceden el asiento —sonrisas piadosas
en el aire— y en el retail todavía me dicen “señora, tal vez
quisiera probar una talla mayor”, y mis progenitoras todavía
me dicen “regina, es que eres una chica grande”. y me sentí
tan mal, terrible, pero lo distinto en la ocasión es que no hice nada
al respecto. y esto en la revista Cosmopolitan no te lo cuentan.
ahí, bárbara, tienes la respuesta. es evidente. más claro, imposible.


Valeria Román Marroquín / Arequipa, Perú, 1999. Cursa estudios de Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es parte del Comité Editorial de laperiódica.pe. Ha publicado los poemarios feelback (Poesía Sub25, 2016), Matrioska (APJ, 2018), Triza la luz (Meier-Ramírez, 2020) y ana c. buena (La Balanza, 2021). Ganadora del Premio Nacional de Poesía José Watanabe Varas 2017 y del Premio Luces 2018 con la mención a Mejor Libro de Poesía.