Aquel juego con el fuego

M’illumino d’immenso. Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español es un concurso pensado con el fin de fomentar la traducción y la difusión tanto de la poesía italiana como de la poesía suizo-italiana en los países de habla hispana. Los concursantes deben traducir un poema de un autor italiano y otro de un autor suizo de lengua italiana; en esta ocasión se trató de los poemas “Gli ireos gialli”, de Luciano Erba (Italia), y “La carta delle arance”, de Pietro De Marchi (Suiza).

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Y el naufragio me es dulce en este mar

Tú duermes, te ha amparado un fácil sueño/
En tus tranquilos cuartos; no te roe/
Ningún afán; no sabes ya ni piensas/
Qué llaga abriste en medio de mi pecho./
Tú duermes: yo a este cielo, que benigno/
Parece al ojo, a saludar me asomo,/
Y a la antigua natura omnipotente/
Que me hizo para el ansia. A ti esperanza/
Niego, me dijo, aun la esperanza; y nunca/
Brille en tus ojos nada más que llanto.

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Las moradas gélidas

A veces me pregunto si mi muerte/ llamará la atención en este mundo/ o acaso correré la misma suerte / de tantos otros que ya están durmiendo/ en cajas que el olvido ha sepultado./ O si alguien en mi casa va a acordarse / del sitio que en la mesa yo ocupaba/ y en el estudio sentirán los libros

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La cólera de los armiños

El armiño se parece a la comadreja, y por lo tanto a un vaso de leche caliente o, según los ingleses, a los tobillos de una muchacha castaña. Detesta las zona agrícolas, pasa los días en el agurejo de un muro, mirando el panorama inmóvil de los ríos que pasan. Junto a las paredes, arquea el lomo mucho más que los gatos. Un campesino, al encontrarse con dos ejemplares, hirió a uno de ellos a pedradas, para ser atacado luego en la nuca por el otro. A su grito, muchos otros salieron de los arbustos, y por poco el tipo no se quedó seco.

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No tengo palabras para hablar del vértigo

No, no es fácil hablar de todo. Y en este caso/ bastan dos milímetros para cortar/ el tiempo como un cuchillo: dos milímetros más,/ dos milímetros menos, y todo cambia,/ luz u oscuridad, flor o sequía/ definitiva…

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El conductor de tranvías metafísico

Se creía en Milán que el ver
un hombre en el umbral de casa
yendo a misa el primero de enero
era señal de próspero futuro.
Eran figuras negras de abrigos
inciertos en la niebla matutina
echarpes blancos, sombreros, lánguidos y duros
repiques de bastón, pasos lejanos.

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Eso que era nosotros

Los viste que se intercambiaban los sonidos,
el mar que entra en silencio, las tablas
de las lanchas, frutos en la sombra.

El silencio era negro y perfecto:
en el borde del mar, uno se asoma,
el otro lo retiene en tierra.

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El músculo del traductor: una conversación con Fabio Morábito

La traducción es un músculo que hay que ejercitar. Después de dos clases con mis alumnos ya sé la calificación que va a tener cada uno de ellos. Con dos clases me doy cuenta quién es muy bueno, quién no es tan bueno, quién es malo. Eso no va a cambiar en un semestre, pero quizá sí en un año. Es una cosa muy lenta, como escribir. Nadie puede escribir mejor en dos meses.

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