Un sastre que es su propia tela

En la poesía de Valerio Magrelli (Roma, 1957), advertimos que las formas más primordiales de ver y estar en el mundo son las que nos aportan la mayor riqueza en términos de sensibilidad y consciencia, sin prescindir de la complejidad natural de todo lo que nos rodea: “Esto no es un trabajo/ sino una confección./ Primero del papel, luego del cuerpo”. Esto es, ante todo, la sorpresa y el asombro ante la vida —y, en ocasiones, de estar vivo—; también es la fascinación ante la correspondencia entre el cerebro humano y una dimensión espacial. Lo grande frente a lo pequeño… combatir o sucumbir.

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La belleza que huye a primera vista

“Regreso cada día a los fuegos de estación./
Y me retuerzo contra el tiempo que me tuerce/
el cuello: hoy se vuelve de pronto ayer/
hoja de diario que se arremolina/
en la alcantarilla, nieve hecha/
del mismo material que los sueños”.

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Como una ráfaga en una estancia cerrada

La niña que camina bajo los árboles/
no tiene más que el peso de su trenza,/
un hilo de canto en la garganta./
Canta sola /
y salta por la calle: porque no sabe /
que nunca tendrá un bien más grande/
que ese poco de oro vivo sobre los hombros,/
que esa alegría en la garganta.

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Aquel juego con el fuego

M’illumino d’immenso. Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español es un concurso pensado con el fin de fomentar la traducción y la difusión tanto de la poesía italiana como de la poesía suizo-italiana en los países de habla hispana. Los concursantes deben traducir un poema de un autor italiano y otro de un autor suizo de lengua italiana; en esta ocasión se trató de los poemas “Gli ireos gialli”, de Luciano Erba (Italia), y “La carta delle arance”, de Pietro De Marchi (Suiza).

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Y el naufragio me es dulce en este mar

Tú duermes, te ha amparado un fácil sueño/
En tus tranquilos cuartos; no te roe/
Ningún afán; no sabes ya ni piensas/
Qué llaga abriste en medio de mi pecho./
Tú duermes: yo a este cielo, que benigno/
Parece al ojo, a saludar me asomo,/
Y a la antigua natura omnipotente/
Que me hizo para el ansia. A ti esperanza/
Niego, me dijo, aun la esperanza; y nunca/
Brille en tus ojos nada más que llanto.

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Las moradas gélidas

A veces me pregunto si mi muerte/ llamará la atención en este mundo/ o acaso correré la misma suerte / de tantos otros que ya están durmiendo/ en cajas que el olvido ha sepultado./ O si alguien en mi casa va a acordarse / del sitio que en la mesa yo ocupaba/ y en el estudio sentirán los libros

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La cólera de los armiños

El armiño se parece a la comadreja, y por lo tanto a un vaso de leche caliente o, según los ingleses, a los tobillos de una muchacha castaña. Detesta las zona agrícolas, pasa los días en el agurejo de un muro, mirando el panorama inmóvil de los ríos que pasan. Junto a las paredes, arquea el lomo mucho más que los gatos. Un campesino, al encontrarse con dos ejemplares, hirió a uno de ellos a pedradas, para ser atacado luego en la nuca por el otro. A su grito, muchos otros salieron de los arbustos, y por poco el tipo no se quedó seco.

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No tengo palabras para hablar del vértigo

No, no es fácil hablar de todo. Y en este caso/ bastan dos milímetros para cortar/ el tiempo como un cuchillo: dos milímetros más,/ dos milímetros menos, y todo cambia,/ luz u oscuridad, flor o sequía/ definitiva…

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