4 abril, 2022

Un bosque para Vicente Rojo

de Eduardo Vázquez Martín | Visual

 


 
 
“El muchacho que camina en este poema,/ entre San Ildefonso y el Zócalo”1 es Octavio Paz, quien regresa en 2022 a la antigua sede de la Escuela Nacional Preparatoria, donde estudió de 1930 a 1933, gracias a la decisión colegiada de los gobiernos de la República, de la Ciudad de México y de la Universidad Nacional Autónoma de México y El Colegio Nacional—, de depositar las cenizas del poeta en este reciento tras la muerte de su viuda Marie-José Tramini en 2018. Antes, diversos amigos del poeta manifestaron haber escuchado de boca del poeta el disgusto que le causaba la idea de que sus restos fueran conducidos a la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores. El poema “Nocturno de San Ildefonso” fue el mejor argumento a favor de la propuesta, expresada por Christopher Domínguez Michael, biógrafo del poeta y miembro de El Colegio Nacional, de que San Ildefonso fuera el destino último de los restos de Paz y Marie-Jo.

Una vez resuelto el tema del recinto, se invitó al maestro Vicente Rojo a participar en la concepción de un monumento que acogería los restos del poeta y su compañera, lo cual propició un proceso creativo que implicaba desarrollar un elemento artístico contemporáneo en el contexto de un recinto patrimonial de múltiples resonancias históricas: escuela jesuita, emblema educativo de las reformas juaristas, sede de la fundación de la Universidad Nacional, epicentro del proyecto educativo del vasconcelismo, cuna del movimiento muralista, recinto esencial en el movimiento por la autonomía universitaria, principal centro de formación de muchos de los protagonistas del arte y la cultura del México del siglo XX, y escenario fundamental de la revuelta estudiantil de 1968 y de la violencia del diazordacismo contra nuestra universidad.

En principio, se pensó que las cenizas del poeta y su compañera podrían reposar bajo una de las magníficas magnolias del patio principal del Colegio; Rojo, por su parte, contrapropuso una fuente emplazada en el patio de “pasantes”, de menores proporciones que el principal y más íntimo. Finalmente se optó por dos proyectos paralelos: una urna funeraria en un aula del Colegio acondicionada además como biblioteca, a la que se llamó “Memorial”, y una fuente en el patio antes referido y donde el Memorial asoma sus ventanas.

Para desarrollar el proyecto integral en San Ildefonso, las autoridades de la República, la UNAM y la Ciudad decidieron destinar los recursos necesarios para el Memorial, mientras que el Patronato del Colegio de San Ildefonso se comprometió a financiar la fuente. Por la relevancia de estas intervenciones de arte contemporáneo en un recinto patrimonial, ambas obras contaron con el beneplácito, la autorización y el acompañamiento de los Institutos Nacionales de Bellas Artes y Literatura y de Antropología e Historia, así como por la Dirección General de Patrimonio Universitario de la UNAM. En ese marco se desenvolvió la capacidad creativa de Vicente Rojo; en esas coordenadas vemos actuar en San Ildefonso la “precisión e invención, ingeniería sonámbula”2 que caracterizan, según Paz, la obra de Rojo. La inspiración de las dos piezas es “Piedra de sol”.3 De esta obra central del libro La estación violenta, el artista retoma dos elementos esenciales: su circularidad, el eterno retorno que sugieren sus primeros y últimos seis versos, y el agua como el origen vital que los riega, les da vida y enhebra:

un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

En el memorial, frente a la urna resguardada por una estela de parota, una espiral de 32 círculos —elemento geométrico del calendario solar mexica— hechos de la madera maya de tzalam, es expuesta de forma vertical: brota del muro donde reposan los restos de la pareja; gira y se proyecta al encuentro de quien la mira. Su complemento, la fuente, emerge en piedra de granito a partir de 38 triángulos de un espejo de agua para proyectarse hacia el sol y el cielo de México; en su cúspide estalla una nube de agua que, al caer, baña la escalera helicoidal y se reintegra al espejo, memoria de los lagos de la cuenca, donde el reflejo de la fuente parece precipitarse hacia las entrañas de una tierra en la que permanecen sumergidos restos de la gran Tenochtitlan. En “Piedra de sol” el astro “templa los muros de tezontle”, mientras que en el “Nocturno…”, “los muros rojos de San Ildefonso/ son negros y respiran:/ sol hecho tiempo,/ tiempo hecho piedra,/ piedra hecha cuerpo.”4 En “Poema circulatorio” —incluido en Vuelta, libro al que también pertenece el “Nocturno…”— leemos unos versos que podrían describir las dos piezas:

Allá
       sobre el camino espiral
insurgencia hacia
                                resurgencia
sube a convergencia
                                      estalla en divergencia
recomienza en insurgencia
                                                hacia resurgencia
allá
       sigue las pisadas del sol
(…)
sigue los pasos del lucero que sube
                                                                 baja
cada alba y cada anochecer
                                                la escalera caracol
que da vueltas y vueltas
                                           serpientes entretejidas…

Transformada la poesía de Paz en piezas abstractas, en “geometría sonámbula”, el espíritu del poeta se integra de nueva cuenta a la arquitectura del Colegio de San Ildefonso.
 
 

 
 
Es pertinente decir que la fuente permitió develar algunos misterios del Colegio: donde se emplazó la fuente de Rojo, en el centro del patio de pasantes, —rescate arqueológico del INAH, encabezado por Raúl Barrera—, descubrió justamente los restos de un espejo de agua de principios del siglo pasado, mientras que en el costado sur del patio reapareció, bajo los cimientos del Colegio, un muro de más de un metro de espesor con pintura decorativa de color rojo en buen estado de conservación, la cual muy probablemente formó parte de las primeras estructuras del siglo XVI del Colegio jesuita. Todo este complejo proceso se dio bajo la observación rigurosa de los arquitectos Ildefonso Galicia Morales y Jorge Pérez Nájera, de Sitios y Monumentos del INAH y Patrimonio Universitario de la UNAM, respectivamente, y bajo la coordinación general del también arquitecto Ernesto Bejarano, coordinador del área de museografía del Colegio, así como con el concurso de más de cien ingenieros, calculistas, topógrafos, maestros de obra, canteros, herreros, albañiles, trabajadores y profesionales de muy diversas disciplinas,5 de donde destaco las soluciones técnicas propuestas por el artista visual Alberto Pérez para ambos ornamentos.

En medio de este proceso, donde las dificultades de todo tipo se multiplicaron por la irrupción de la pandemia, el 17 de marzo de 2021 fallece Vicente Rojo, quien visitó la obra por última vez un día de noviembre del 2020, acompañado, como en todas las ocasiones anteriores, por la escritora Bárbara Jacobs, su compañera. Al momento de su muerte, Rojo había compartido ya todas las especificaciones técnicas del proyecto, de manera que correspondió al área de museografía de San Ildefonso y a los equipos técnicos de las empresas contratadas la solución de los problemas que se presentaron, así como la ejecución final de lo que resultó ser la última obra del artista nacido en Barcelona en 1932.

En San Ildefonso, el memorial de Octavio Paz y las esculturas de Vicente Rojo dan continuidad a un diálogo entre el poeta y el arte, entre el artista y la poesía, o aún más entre arte, poesía y tiempo. Entre las muchas consideraciones que este encuentro trae a la conversación, vale destacar la relevancia que ocupó en el pensamiento de Octavo Paz la reflexión sobre el muralismo:

Mi relación con el arte moderno de México fue íntima y diaria. Todos los días, mientras estudié en San Ildefonso, veía los murales de Orozco. Al principio con extrañeza e incredulidad, después con más y más comprensión y entusiasmo.

El interés de Paz en el muralismo se convirtió en pasión crítica ante la aparación de los artistas de la generación de Vicente Rojo, llamados “de la ruptura”: artistas que dan vuelta a la página a las “dos supersticiones”, que según Paz habían aprisionado el arte tras la institucionalización de la revolución: “la ideología y el nacionalismo”.6 Para el poeta, Rojo y su generación “no solo cambiaron y renovaron el arte mexicano, sino que a ellos les debemos algunas de sus obras mejores”,7 por lo que el ingreso a San Ildefonso de las cenizas de Paz y Marie José bajo el amparo de la imaginación de Rojo y a un siglo de la irrupción del muralismo en este Colegio (1922), a setenta de la aparición de “la ruptura” (1952) y a treinta de la transformación de la Escuela Nacional Preparatoria en el Museo que hoy nos recibe (1992) es un hecho de profundas resonancias poéticas y plásticas pero también históricas.
 
 

 
 
El depósito de las cenizas en una biblioteca del Colegio —no hay que olvidar que Borges nos sugieres que quizás eso es el paraíso, una biblioteca— viene acompañada además de la reactivación de la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz, de manera que las cenizas, que son, como sabemos, polvo solamente, “más polvo enamorado”, convocan al espíritu poético para que continúe viva en este Colegio su fuerza creadora.
 
“En San Ildefonso —escribió Octavio Paz— no cambié de piel ni de alma: esos años fueron no un cambio sino el comienzo de algo que todavía no termina, una búsqueda circular y que ha sido un perpetuo recomienzo…” El acto de reunir hoy aquí las cenizas de Paz y Marie José nos recuerdan el poder del amor y la riqueza que caracteriza a la cultura mexicana; se trata de un regreso, de una vuelta, pero también, quiero pensar, anuncia un nuevo comienzo.

—Eduardo Vázquez Martín
Coordinador Ejecutivo del Colegio de San Ildefonso

 

1 “Nocturno de San Ildefonso”, en Vuelta (1969-1975).
2 “El precio y la significación”, en Los privilegios de la vista (1987).
3 La estación violenta (1948-1957).
4 Vuelta (1969-1975)
5 Topografía, S.A. de C.V., Grupo Colinas de Buen; Técnica Kukutschka; Studio Spazio; DYPRO–Calefacción y ventilación; Global Incom; Remodelación de espacios mexicanos, REMEX; Calefacción y ventilación S.A. de C.V.; Global Incom; TAX Restauración; Timberlac, Carpintería y diseños.
6 “El precio y la significación”, en Op. cit.
7 Ídem.

 
 
 

 


Eduardo Vázquez Martín / Ciudad de México, 1962. Poeta, ensayista y editor. Es autor de varios libros de poesía, entre los que se encuentran Comer sirena (1992), Minuta (1995), Nauraleza y hecho (1999) y Lluvias y secas (2008). Fue editor y director de Periódico de Poesía, y miembro fundador de las revistas Viceversa y Laberinto Urbano. Becario del INBA en 1987 y del FONCA en 1991 y 1995.