16 noviembre, 2020

Humanos después de todo

de Sebastián Urli | Inéditos

Popham Beach

Dibujo formas sobre la arena
como quien pide urgente un deseo: darle
algo que hacer
al mar.

Dibujo rostros, dibujo islas,
también un perro con su cadencia:
la economía de los roces me desgasta.

Son cosas claras, quietas
pero es intenso el olor de la arena.

Si pudiese,

me acostaría sobre las rocas,
encadenado o no,
para ofrecerme en sacrificio a mis labores.

Ni a las leyendas
ni a los dioses marinos.

A mis labores
a mis modestos placeres

a la fatiga del perro en la playa.

 
 
Musgo

                                   

una piedra
es difícil de imitar

                                     Mario Montalbetti

 
Hay que escribir primero
un poema sobre los hongos: “el sol,
es sabido, no tiene sombra”

Por eso en noviembre del 59
Plath escribió un poema
con pausas y piedras
indefinidas. Un poema
un árbol partido al medio algo
menos sutil que una piedra
o su pausa: “el sol, es sabido,
no tiene sombra”
y una piedra
es difícil de imitar.

Pero volvamos al hongo
a la cadencia traicionada:

“¡Somos muchos!
“Somos muchos los hongos
para sobrevivir” En realidad

Plath nunca dice así en su poema
pero me gusta pensar que sugiere
realidades como estas:

“cada hongo posee una raíz
una textura diferente, formas
que no se parecen a nada
ni a nadie. Lo mismo podría decirse
de cada cosa: de las raíces
de las plantas, de las estrías
de los ojos, o los versos
que empiezan siempre en genitivos:
ojos rima con hongos
y Sylvia no rima con Plath
ni planta. Pero una piedra
es difícil de imitar
y el sol, es sabido,
no tiene sombra.

¿Puede un poema vivir en el centro
de un árbol partido al medio?”

Ted se acerca sigiloso, Ted interrumpe
y Sylvia que sonríe distraída.

Es evidente: en cada mano
descubre un hongo
la textura milenaria de una piedra.

Es evidente, sí, pero es sabido
no tiene sombra el sol.

 
 
Un poeta en un zoológico de Vietnam

La humanidad sería,

          dice el poeta,
          la imagen
          un espectáculo curioso:

                    un pato atado a los pies del miedo
                    y una serpiente morelia.

El reptil, se ha visto, no come
si su comida está muerta; en eso,

          dice el poeta,
          nos descubrimos:

                    ni pato ni serpiente. Pasión.
                    Somos humanos después de todo.

 
 
Ta’m-e gīlās

A María Auxiliadora Balladares

 
Espanta,
          tu pájaro te deja
          Vives atada al idilio del viento
          y a nuestra buena fe: tu piel

es la forma de mi deseo.

 
Espanta,
          y el cerezo en raíces viciadas
          como jardín japonés: un cuadro
          y dentro del cuadro, niebla,
          la simetría de un pie sobre el otro

hasta salir. Del cuadro. Del tiempo.

 
Espanta,
          y el azul te sucede en el rostro
          y en tu queja. Te seguiría.

 
Pero mi piel tiene el aroma de los cerezos.


Sebastián Urli / Argentina, 1987. Actualmente reside en Maine, Estados Unidos, donde da clases de literatura latinoamericana a nivel universitario. Ha publicado los poemarios Diagnóstico (zindo&gafuri, 2018) y, junto a María Auxiliadora Balladares, Urux. Una correspondencia (Pirata Cartonera, 2018).