Sin la bendición del agua

Mi padre coloca su pie sobre mi espinilla. Ha aceptado el hecho que ya no se puede amarrar los zapatos. A meses de cumplir cincuenta, amenaza con cambiar a velcro, su panza una cúpula a la edificación de su cuerpo, encubriendo la vastedad de los años.

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Tres poemas

¿Quién ganó? El imperio babilonio
y el mesero de las patillas.

El bigote la sacó en la sexta,
casa llena, puntas en curva;

se enderezó justo a tiempo para lanzar
la bola de tenedor a su base.

El pelo púbico escenificó su retorno cuando
apenas redescubrimos los Playboys ochenteros.

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Por favor, planta este libro

Esta primavera de 1968 es perfecta/ para mirar en nuestro interior y observar/ cómo nuestros corazones buscan claridad/ para abrirse al mundo, así como las flores y vegetales/ buscan al sol cada día en sus corazones/ para mirarse en él como en un gran espejo,/ en donde ven reflejados sus deseos de vivir y/ crecer con belleza.

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Una forma opulenta sin función

Despierto a la posibilidad de mi no tener esa hidrosfera,/ el lado más brillante de mi claroscuro alentándome a la pasiva recepción./ No hay rima que encaje con mi grito:/ mi grito es siempre mezquino, espadas cruzadas, un doble claroscuro,/ un sombreado a rayas de confianzas./ Lo normativo es pedagógico, / pero solamente en alto, alto relieve…

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Nuestra luna era un montón de huesos

Aunque estábamos a punto de sentir que la yerba /
iba a apresarnos los labios para siempre /
enseñábamos los dientes todavía y nos reíamos. /
Logramos aparentar el doble de edad /
y ya nadie va a poder raspar /
esas arrugas de nuestro historial /
cuando vengan a rasurarnos por última vez.

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La ley es una herramienta del amo

Las chingonas saben que la /
Policía ni sirve ni protege a las /
Chingonas. Saben que las chingonas son una /
Amenaza para la ley & el orden. No les /
Gustan lxs Latinxs asimilacionistas /
Pues edulcoran toda esa mierda. Ellas /
Como chingonas saben que “las herramientas /
Del amo nunca destruirán la casa del amo”…

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Palabras como música ambiental

Toma mi mano. Somos dos en esta cueva.
Lo que oyes es agua; la habrás de oír por siempre.
Lo que pisas es roca. Yo ya he estado aquí antes.
La gente viene aquí a nacer, hallar, besar,
soñar, cavar y asesinar. Cuidado con el lodo.

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Y los árboles me siguen enervando

Y despertamos todavía ante un sol decapitado y los árboles/
me siguen enervando. El corazón caritativo/
ofrece su propio conjunto de genomas. Arrastras un enjambre bacteriano/
en la corva detrás de tu rodilla, y en mis tripas/
se retuercen los helmintos. ¿Quién fue alguna vez sólo sí mismo?…

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Cada órbita suya

LUNA [LUNA]: “¿no / fue / golpeada / acaso? / sin / atmósfera, / sin / cojín / de / contexto / que / suavice / los / golpes, / sin / un / hombre / en / la / luna, / pero / sí / una / mujer, / golpeada // y, sin embargo, mírenla cómo brilla / cada órbita suya / un abrazo sangriento / de las mareas internas / que circulan por todas sus / hermanas allá abajo”.

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Esperando el milagro

¿Cómo presentar a Elizabeth Bishop, sobre todo cuando estamos ante un puñado de poemas suyos? La consagración de los escritores, a veces, obra de maneras misteriosas. El caso de Bishop es particularmente misterioso. A pesar de sus premios y galardones, fue poco conocida en vida —John Ashbery llegó a definirla como “una poeta de los poetas de los poetas”—, y, solo después de su muerte, ganó cada vez más popularidad y lecturas.

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